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7 dilemas tan divertidos como inquietantes que cuestionarán toda tu ética

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¿Te acuerdas del dilema del tranvía? Pues estas variantes todavía lo complican más

eudald espluga

21 Julio 2017 12:36

El plantemiento es sencillo. Una vagoneta avanza descontrolada por una vía en la que alguien ha atado a cinco personas. Afortunadamente para ellos, su destino no está sentenciado: en tus manos está accionar una palanca que desviará la vagoneta hacia otro carril, en el que solamente hay una persona atada.

Son cinco contra una, pero la muerte de esta una dependerá directamente de tu decisión. ¿Accionarías la palanca?

Este experimento mental se conoce como "el dilema del tranvía", y fue formulado originalmente por Philippa Foot en 1967 para discutir los problemas éticos en torno a la cuestión del aborto.

Desde entonces, se han elaborado una cantidad ingente de versiones, ya que la mayor virtud de este ejercicio es que nos obliga a pensar qué tipo de razonamientos morales utilizamos en nuestro día a día y, especialmente, al hecho de que aplicamos criterios contradictorios para casos prácticamente calcados.



Algunas de las variantes se han hecho casi tan célebres como el original. Es el caso del libro de David Edmonds, Would you kill the fat man?, en el que se plantea la siguiente cuestión:

¿Qué harías si, en lugar de accionar una palanca, para salvar a las cinco personas tuvieras que empujar a un hombre desde un puente para que su cuerpo bloqueara la vagoneta?

Pero hay más:

¿Qué harías si, para lanzar ese mismo hombre a la vía, solo tuvieras que accionar la palanca?

¿Qué harías si fueses tú quien estuviera atado al carril de desviación y, accionando la palanca, desviaras el tranvía hacia donde te encuentras?

¿Qué harías si las cinco personas atadas fuesen criminales?

¿Qué harías si la persona que estuviera en el carril de desviación fuera tu mejor amigo?

Estos casos se han utilizado, por ejemplo, para rechazar la existencia de reglas morales universales. Mentir está mal, de acuerdo, ¿pero mentirías a un asesino que está persiguiendo a su víctima, si éste te preguntara por dónde se ha marchado su presa?

Así lo formulaba Immanuel Kant, quien respondió que mentir nunca estaba justificado. El filósofo prusiano gozaba de un buen argumento para contrarrestar nuestro asombro: ¿y si de la mentira se siguieran consecuencias peores que del hecho de decir la verdad?

Pongamos por caso que mentimos al asesino diciéndole que la víctima está escondida en el cobertizo; pero, en contra de lo que creíamos, resulta que la víctima finalmente se había escondido en el cobertizo.

El argumento de Kant presupone que casi nunca podemos conocer las consecuencias de nuestras acciones. Sin embargo, el dilema del tranvía acentúa lo absurdo de un razonamiento se fije solo en los principios: si hubiera 10 personas en vez de 5, ¿seguirías sin accionar la palanca? ¿Y si hubiera 20? ¿Y si hubiera 50?

Por otro lado, estos dilemas también nos avisan de que no solo podemos fijarnos en las consecuencias. Si solo atendemos a lo numérico, olvidamos el aspecto cualitativo: ¿qué harías si supieras que esas 5 personas son, en realidad, criminales que seguirán causando dolor a mucha gente?

Quizá lo más inquietante del dilema del tranvía es que parece desmentir lo que creíamos que era una premisa básica: que solo somos responsables de lo que depende de nosotros. Pero como demostraron Bernard Williams i Thomas Nagel, la suerte también juega un papel en moral.

Imaginemos a un asesino, plenamente motivado y dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias, que dispara a su víctima. Justo en ese momento, un pájaro despistado intercepta la trayectoria de la bala y la detiene. ¿Por qué juzgamos de forma diferente a un asesino exitoso que a un asesino fracasado?

Lo que están mostrando Williams y Nagel es que, en el fondo, nuestros juicios de valor son retrospectivos. Si bien la razón nos dice que dos personas no deben ser evaluadas de forma diferente si las únicas diferencias entre ellas se deben a factores que escapan su control, casos como el del dilema del tranvía o del asesino fracasado nos indican lo contrario.

El año pasado, el dilema del tranvía trascendió los círculos académicos cuando un profesor de psicología de la Wake Forest University de Carolina del Norte decidió reconstruir el escenario con juguetes y poner a prueba la reacción de su hijo de dos años.

El resultado fue memorable: el niño arrancó al individuo del carril de desvío para juntarlo con los demás, procediendo así a una matanza más efectiva y total.

El vídeo se viralizó y, desde entonces, han proliferado las páginas que se dedican a recopilar versiones del dilema del tranvía. Este junio, la fiebre con el tema siguía siendo tan elevada que incluso The New Yorker lanzaba su propio meme.

Una de las páginas más importantes es Trolley problem memes, con más de 215.000 seguidores, que sigue agregando las variantes más inquietantes -pero también más divertidas- de este experimento mental.

Nos hemos dado una vuelta por la página y os traemos algunas de las formulaciones más originales:

1. Versión sin asesinato. La situación es la misma que en el original, con la diferencia que todos las personas que están atadas a la vía ya están muertas. ¿Sigues teniendo la urgencia de accionar la palanca?

2. Versión dilema del prisionero. Junto a ti está otra persona, también con una palanca, pero no puedes comunicarte con ella. Frente a vosotros, un cruce de vías y tras opciones posibles. Si ninguno de los dos acciona la palanca, morirán cinco personas. Si uno la acciona y el otro no, nadie va a morir. Si los dos la accionan, morirán diez personas.

3. Versión Pokémon. La situación es exactamente la misma que en el original, con la diferencia que en el carril principal está atado Charmander y, en el de desvío, Pikachu. ¿Accionarías la palanca?

4. Versión nihilista. Desde que naciste, a cada segundo, el tranvía se está acercando. No hay manera de escapar de la vagoneta. ¿Para que continuar con tu vida? ¿Para qué formar una familia y engendrar unos hijos que deberán vivir esta misma existencia vacía y sin sentido? ¿Por qué no acabar con todo de una vez?

5. Versión determinista. La situación es exactamente la misma que en el original, con la diferencia que hay una segunda vagoneta que inevitablemente pasará por encima de la persona que se encuentra en el carril de desvío. ¿Te sentirías menos mal por matar a una persona que sabes que morirá igualmente? Sin embargo, ¿no moriremos todos igualmente? ¿Por que supone una descarga moral saber que existe esa segunda vagoneta?

6. Versión Facebook. La situación es exactamente la misma que en el original, con la diferencia que al lado de la palanca tienes tu ordenador con una notificación en Facebook. El problema es que no tienes tiempo de abrirla y accionar la palanca. ¿Qué harías primero?

7. Versión viaje en el tiempo. Has viajado hasta la Inglaterra de 1774, justo antes de que John Outram inventara los tranvías. A pesar de esto, te ha seguido un tranvía mágico y maligno que se dirige imparable hacia John. ¿Accionarías la palanca o dejarías que John Otram muriera, para así evitar la existencia del dilema del tranvía?

 


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