Books

Este ilustrador de cuentos infantiles también invitaba a otro tipo de fantasías

Feodor Stepanovich Rojankovsky ilustró cuentos infantiles como 'Blancanieves', 'Rapunzel' o 'Los tres osos', pero también algunos clásicos de la literatura erótica como Paul Verlaine o Raymond Radiguet

De pequeño, estuve obsesionado con las ilustraciones de un pequeño cuento de Barba Azul.

Quizá por la eficacia narrativa a la que obligaba la pequeña publicación, el cuento de Perrault estaba especialmente concentrado, y la crueldad de su relato me fascinaba: la asfixiante servidumbre de la protagonista, la física de los cadáveres de mujer en la habitación prohibida, lo inquietante de una amenaza inconcreta que pesaba en cada página.

Aunque lo pasaba fatal, le pedía a mi madre que lo leyera una y otra vez: esa habitación proscrita era un acceso al inconsciente en todos los sentidos posibles. Además, las ilustraciones de Juan Ferrándiz contribuían a esta ambivalente atracción. Dibujaba a los personajes como bebés adultos con un artificioso cuerpo de muñeco: sus miradas estaban vacías y su alegría era turbadora. 

Quizá por culpa de esa versión de Barba Azul, siempre pienso que hay algo de grotesco en la mayoría de dibujos que acompañan las viejas ediciones de algunos cuentos. Ya sea por la antropomorfización de los animales o porque los protagonistas —aunque sean adultos— son representado bajo el aspecto de niños, lo cierto es que estas ilustraciones me parecen estampas estremecedoras.

Lo mismo me pasa con la obra de Feodor Stepanovich Rojankovsky, más conocido como "Rojan". Sus dibujos de Blancanieves, Los tres osos o Rapunzel tienen una cualidad perturbadora: los colores saturados, el barroquismo paisajístico, la carnalidad rugosa de sus personajes.

Quizá por ello, no me sorprendió del todo descubrir que el mismo Rojankovsky se dedicara, también, a la pornografía.

Nacido en 1891, decidió convertirse en ilustrador en medio del infierno de la Primera Guerra Mundial. Su carrera militar le llevó a participar en la guerra que siguió a la revolución de 1917: luchó contra los bolcheviques en el llamado Ejército Blanco y, tras la derrota, fue hecho prisionero de guerra. Más tarde, cuando fue liberado, escapó hacia Francia. Allí podría dedicarse libremente a su pasión por el dibujo y convertirse en profesional.

Gracias a su versatilidad estilística, se encontró con que más allá de cuentos infantiles y populares, también le encargaron que ilustrara las obras de clásicos de la literatura erótica como Paul Verlaine o Raymond Radiguet.

Y aunque pueda parecer que no exista nada más contradictorio que un dibujante de cuentos infantiles que se dedique al mismo tiempo al erotismo y la pornografía, no se trata simplemente de un autor que quiera vencer sus disonancias cognitivas y que, frustrado por los límites de su devenir profesional, busque en la representación de lo perverso una vía de escape o de liberación.

Se ha señalado muchas veces el trasfondo psicológico y mítico de los cuentos infantiles: la sexualidad —y su negación— están en el centro de la mayoría de fábulas que han pasado a engrosar nuestro imaginario colectivo.

Sin embargo, en un libro sobre la estética de la pornografía, Lo que puede un cuerpo, Jordi Claramonte nos obliga a preguntarnos si no estamos ante un tipo de fantasía que pueda considerarse en analogía a la que proponen otras ficciones, como los cuentos de hadas y las narraciones infantiles.

Como ellas, la pornografía desafía nuestro sentido común para insinuarnos la existencia de un mundo maravilloso y transgresor donde las leyes que rigen nuestra cotidianidad estan faltadas de validez.

Este tipo de representaciones se utilizan, nos dice, "para demostrar la viabilidad social, aún conscientemente fabulada, de una moralidad sexual absolutamente inconvencional y desvinculada de consideraciones morales o religiosas de ningún tipo. Es obvio que desde estos mismos principios la pornografía no puede aspirar a presentarse como una representación fidedigna de la realidad."

Los viajes a otras realidades que proponen los cuentos infantiles no son tan diferentes de los que encontramos en las ilustraciones de Rojan.

"Se trata, así, con la pornografía, de explorar un dominio ficcional específico y autónomo que inevitablemente supone una invitación al viaje a un mundo de deseos y relaciones que no solo son diferentes de las establecidas, sino que se plantean prácticamente como su inversión sistemática, adelantándose así a la búsqueda de negatividad tan propia de la modernidad tardía".

Además de las infantiles, Rojankovsky invitaba a otro tipo de fantasías. Pero quizá unas y otras no sean sino dos caras de uno mismo deseo de conocimiento, dos formas de abordar esa habitación prohibida que desde pequeños nos fascina y nos espanta.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar