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Lo que escondía el extraño (¿y sexy?) peinado de la Princesa Leia

El amargo precio de la fama, una aventura sexual con Harrison Ford, el ennui hollywoodiense y muchas más cosas se ocultaban bajo las dos ensaimadas que le plantaron a Carrie Fisher a ambos lados de la cabeza

Si hacemos la excepción de la saga Star Wars, lo cierto es que en la carrera de la actriz Carrie Fisher brillan con mucha más intensidad sus trabajos literarios que los cinematográficos.

En el año 1986 participó en Hannah y sus hermanas, película de Woody Allen con buen recibimiento de crítica y público: antes de ello, no obstante, están el peso brutal de Star Wars, así como The Blues Brothers y varias películas fallidas; después, papeles como actriz secundaria y un regreso tardío al universo creado por George Lucas.

Sin embargo, en el campo literario ha dejado varias obras muy interesantes, como una novela autobiográfica llamada Postales desde el filo, que publicó en 1987, que luego se adaptaría al cine y en la cual Fisher narra los problemas de una actriz de Hollywood en decadencia después de sufrir una sobredosis.

Además de este libro, la actriz que dio vida a la Princesa Leia publicó otras tres novelas, varios guiones y obras de teatro, y dos libros de memorias: Wishful Drinking —en el que narraba sus problemas con el alcohol y cómo estos estuvieron relacionados con su trastorno bipolar— y El diario de la princesa, que acaba de ser publicado en España por Ediciones B.

Este último libro se publicó apenas un año antes de la inesperada muerte de Fisher y se convirtió en un fenómeno de ventas, llegando al número uno de la lista de más vendidos del New York Times.

Y no es para menos, si tenemos en cuenta que el libro posee los ingredientes adecuados para interesar al público: desde luego, hay revelaciones jugosas (Fisher cuenta por primera vez su aventura con Harrison Ford durante el rodaje de Una nueva esperanza), pero sobre todo hay habilidad literaria.

En El diario de la princesa, Carrie Fisher construye un personaje (el de ella misma) maravilloso: tierno, cabrón, adorable, inseguro... y poético, muy poético.

Porque, de hecho,el motivo para que Fisher escribiera este libro fue que encontró los diarios que, siendo una joven actriz de 19 años, había escrito durante el rodaje de la primera película de Star Wars. Y estos contenían delicadas e inquietantes reflexiones en prosa y en verso sobre su futuro, sobre su identidad, sobre su cuerpo y sobre su romance extraño con Harrison Ford.

 De alguna forma, el resto del libro funciona como una guía (compleja pero satisfactoria) para leer esos textos, para reconstruir el personaje que los compuso.

Aunque en la contracubierta del libro se habla de "ingenuos poemas de amor y cándidas reflexiones", lo cierto es que algunos de ellos son verdaderamente emocionantes y técnicamente interesantes:

No me ofrezcas amor

Busco indiferencia y rechazo

La ternura me pone la piel de gallina

La comprensión es abominable

Cuando me ofreces dicha

Ofreces demasiada

Mi ideal es un anhelo prolongado

Por alguien a quien no alcanzo a tocar del todo

Uno de los símbolos que funcionan a lo largo de todo el libro es el del peinado de la Princesa Leia Organa.

Las llamativas ensaimadas postizas que la peluquera Pat McDermott (una de las poquísimas mujeres que trabajan en el rodaje) le endosó a ambos lados de la cabeza contienen muchos de los elementos que definen al personaje de Leia/Carrie.

Para empezar, el peinado fue el rasgo más característico del look de Leia Organa —"que luego llevarían niños, travestis y parejas en lo que sería una fantasía sexual inmortalizada por la serie Friends"—: al recordarlo Fisher no podía evitar pensar que, de manera éticamente dudosa, la productora la convenció para cederle sus derechos de imagen y perder los ingresos millonarios correspondientes al merchandising.

Precisamente este contraste entre lo que entonces parecía y lo que luego fue (que encierra un dilema de resonancias trágicas y universales), entre la película de bajo presupuesto que entonces era y el éxito inmenso que luego sería, se podría resumir con un vistazo al pelo de Carrie Fisher:

«Tenía interminables problemas con mi aspecto en La guerra de las galaxias , problemas reales, no esos que te inventas para que la gente crea que eres humilde cuando en realidad estás convencida de que eres adorable. Al parecer, lo que yo veía en el espejo no era lo que veían muchos chicos adolescentes; si hubiese sabido cuántas masturbaciones generaría... Bueno, eso habría sido extraordinariamente raro desde muchos puntos de vista, y me alegra que no surgiera el tema, por así decirlo. Pero cuando algunos hombres —tanto de mas de cincuenta años como muy jóvenes— se me acercan para informarme de que fui su primer flechazo, mis sentimientos son contradictorios. ¿Por qué a todos esos hombres les resultaba tan fácil enamorarse de mí entonces y tan difícil hacerlo ahora?».

El peinado de Leia Organa representa también las contradicciones a las que una mujer joven se enfrenta en un mundo dominado y habitado por hombres.

Fisher acepta los dos extraños rollos de pelo falso en su cabeza porque cree que hacen que su cara parezca menos redonda —hecho que sus superiores le habían pedido que corrigiera—, y será precisamente su ausencia (no olvidemos que son postizos) la que hará que Fisher nunca vuelva a ser, en los años del éxito, las drogas y la fama, la independiente y segura princesa Leia Organa.

La sombra de su pelo, no obstante, permanecería en su cabeza por siempre, y haría que Carrie Fisher nunca dejase de ser del todo la mujer a la que amó Han Solo.

«Mi pelo, mi pelo, mi pelo..., en esa película siempre se trataba de mi pelo, tanto en la pantalla como en la vida real. Me agaché y procuré arreglarme el peinado, después me incorporé lentamente, temiendo lo que vería por la ventanilla. ¿Estarían armados?»

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