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Le detienen por robar 384 libros, pero todo el mundo se vuelca con él

Flavio Fernando de Oliveira es todo un mártir en Brasil

Flavio Fernando de Oliveira tiene 18 años, es brasileño y, sin ser escritor, se ha convertido en el mártir de las letras de Brasil: una romería de habitantes de Itápolis (Sao Paulo) peregrinan hasta su casa. La peculiaridad de esta romería con respecto a las que se suelen ver en el Sur de España es que los objetos que integran la ofrenda no son ramos de flores, sino libros.

De Oliveira fue detenido la semana pasada después de ser registrado a la salida de una biblioteca municipal de Itápolis.

Las sospechas de la biblioteca habían sido avivadas tras percatarse de la desaparición de algunos ejemplares. Buscando una solución al problema y pensando en el hurto como opción más plausible, se tomó la decisión de instalar cámaras de videovigilancia.

Y el joven, que había sido fichado por las cámaras, fue registrado a la salida del centro y pillado con las manos en la celulosa: había sacado seis libros y sólo había notificado dos de ellos.

Así es como pillaron a Flavio Fernando de Oliveira, el ya famoso y querido ladrón de libros que, tras ser descubierto, llevó a los agentes a su casa para enseñarles su biblioteca de libros “que tenía la intención de devolver, pero se acabó quedando”.

384 libros en total.

libros robados

Avergonzado, De Oliveira asumió el delito y la policía reconoció en su peculiar colección libros de hasta cinco bibliotecas distintas de Itápolis.

Su hermana, Maria de Oliveira, ha señalado a la prensa que: “ Desde pequeño pasaba horas encerrado en su cuarto pasando páginas. Hoy es muy ecléctico, lee de todo. Yo siempre le veo leyendo. Es mejor que estar todo el día en la calle, haciendo Dios sabe qué”.

Porque De Oliveira no tiene muchas más alternativas: no tiene trabajo ni forma de estudiar por falta de recursos —aqunque aspira a ser psicólogo—. Con lo cual, el joven encontró en los libros una forma de evasión y en la literatura una forma de vida.

El grado de empatía con la historia del joven ha sido tan elevado nacional e internacionalmente, que no sólo hay una procesión de itapolitanos con libros en mano de camino a su casa, sino que también ha nacido una plataforma que pretende asumir las costas del juicio y ayudar, en medida de lo posible, a que la sentencia sea justa.

La noticia se ha extendido por todo el mundo y la indignación de los lectores es sólo comparable a la ironía de la que hacen gala: “Yo sólo defiendo la prisión de ese niño si robó algún libro de Coelho”, “Que su castigo sea reseñar los 384 libros”, son algunos de los comentarios que se pueden leer en las redes.

Está por ver qué pasa con De Oliveira, pero la historia del joven es tan conmovedora que no es raro que la gente se vuelque con un joven que prefirió estimular su imaginación y ampliar sus horizontes a “estar todo el día en la calle, haciendo Dios sabe qué”.

(Vía: Estadão)

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