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Animales competitivos y salvajemente interesados, ¿así nos describe la genética?

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'El gen egoísta', de Richard Dawkins, es el libro de ciencia más influyente de la historia según la Royal Society. Aunque muchos discutan la validez de esa decisión, nosotros cuestionamos los polémicos motivos de su fama

eudald espluga

02 Agosto 2017 08:00

El gen egoísta, de Richard Dawkins, es el libro de ciencia más influyente de todos los tiempos.

Para sorpresa de toda la comunidad científica, así lo ha anunciado la Royal Society of London, una de las instituciones más antiguas de Europa, después de realizar una encuesta interna cuyo resultado ha asombrado e indignado a la mayoría. 

Por dalante de grandes obras que han marcado el desarrollo de nuestra cultura, como El origen de las especies, de Charles Darwin, o los Principios matemáticos de la filosofía natural, de Isaac Newton, ha sido El gen egoísta el libro que, con 236 votos, se ha elevado como el más influyente de todos los tiempos.

La encuesta ha sido cuestionada por distintas razones. Por un lado, destaca la ausencia casi total de libros escritos por mujeres: en la lista de los más influyentes solo se cuentan los de Rebecca Skloot, Rachel Carson y Marie Carmichael Stopes. Por otro, incluso más que la elección de Dawkins, sorprende que la segunda posición esté reservada a Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, un bestseller mundial que, sin embargo, es solamente un libro divulgativo.

(Richard Dawkins, YouTube)

La inquietante influencia de 'El gen egoísta'

Entonces, si los criteros para elegir el libro más influyente no son estrictamente académicos, tiene sentido que Richard Dawkins esté en primer lugar.

El autor de El gen egoísta es, en el mundo de la ciencia, lo equivalente a una estrella del rock.

A nivel mediático, es especialmente conocido por las polémicas antireligiosas que surgieron a partir de la publicación de El espejismo de dios, y que cada día se renuevan: la semana pasada una emisoria de radio de Berkeley cancelaba su encuentro con él debido a unas declaraciones sospechosas de islamofobia.

Sin embargo, no deja de ser cierto que El gen egoísta se ha convertido en un libro de capital importancia. En el prefacio a la primera edición, publicada en 1976,  Dawkins afirmaba que "el presente libro debería ser leído casi como si se tratase de ciencia-ficción. Su objetivo es apelar a la imaginación." Y así lo hizo: a pesar de tratarse de un libro académico, la ágil escritura de Dawkins, casi tanto como la atractiva simplicidad de la idea que presentaba, lo convirtieron en un superventas.

La idea del gen egoísta es sencilla: se trata de traducir la teoría de la evolución de Darwin a un nivel genético. En lugar de centrarse en el organismo individual, la lucha por la pervivencia de los más aptos se traslada al punto de vista de los genes. La guerra del todos contra todos la llevaríamos también, y desde el principio, en nuestro interior.

"Somos máquinas de supervivencia, vehículos programados a ciegas con el fin de preservar las egoístas moléculas conocidas con el nombre de genes."

 El ensayo de Dawkins fue leído como un libro conflictivo, radical y extremista. Pero al mismo tiempo sus ideas se instalaron en el imaginario colectivo para justificar aquellos comportamientos individualistas, autárquicos y guiados solamente por el interés.

Aunque se tratara de un argumento falaz, resultaba fácil adaptar al nivel del comportamiento de individuos y sociedades las ideas que el libro postulaba a una escala microfísica. Es cierto: para Dawkins los individuos somos solo vehículos de la voluntad ciega y egoísta de los genes, pero esto no significa que nuestra mejor estrategia siempre sea comportarnos de forma egoísta.

De hecho, en 1989, el autor se vio obligado a introducir un capítulo explicando que su libro no justificaba una visión despiadada de nuestra realidad social, que en ningún caso daba cobertura científica a la idea que a los individualistas les iba mejor. Que nuestros genes sean máquinas de supervivencia no significa que la solidaridad sea imposible, y que los "buenos chicos", aquellos que están dispuestos a cooperar con los demás, estén más cerca de la extinción que los otros.

('An introduction to Richard Dawkin's The Selfish gene', YouTube)

Sin embargo, la argumentación de Dawkins también se ha utilizado para fundamentar la división y diferencia entre los diferentes roles de género, así como para sustentar peligrosamente cierto modelo de masculinidad: nuestro egoísmo genético explicaría no solo la tendencia de los hombres  a la infidelidad, sino también su propensión a los celos y a la violencia de género. 

El éxito y la influencia del libro de Dawkins debe leerse —y cuestionarse— desde esta perspectiva: ¿es un libro tan importante porque ha ayudado a naturalizar ciertas visiones de la sexualidad, del género, del matirmonio y de la familia? ¿Hoy lo vemos como el libro más influyente porque ha dado cobertura a una visión de las relaciones humanas reducida a una competencia interesada entre individuos que solo se mueven según la lógica del coste-beneficio?

Cuando los genes justifican que mates a tu pareja

Basta con acercarse a páginas divulgativas como Macat o directamente a YouTube para descubrir que todos los tutoriales que explican el libro de Dawkins parten de alguna analogía que tiene que ver con las relaciones familiares y la reproducción. Quizá la más típica, por ser muy ilustrativa, sea que la infidelidad masculina es una estrategia premiada por la selección natural, dado que los genes de los infieles tienen más posibilidades de sobrevivir.

En otras palabras: que si van a venir los leones (o las enfermedades), más te vale haber ido repartiendo vástagos por el mundo. La promiscuidad tiene una lógica natural, científicamente respaldada, y aquello de "no soy yo, son mis genes" deja de ser una broma para convertirse en una justificación —biológica— del dominio de los hombres sobre las mujeres.

('The selfish gene by Richard Dawkins', YouTube)

La psicología evolucionista ha hecho suyas las ideas de Dawkins, convirtiéndose así en uno de los actores clave que ha permitido elevar la teoría del gen egoísta en una de las más importantes de nuestro tiempo. Sin embargo, no adaptaban simplemente las ideas de Dawkins: más bien aprovechaban el éxito de la teoría para tejer un relato que, como denunció Susan McKinnon en su libro Genética neoliberal. Mitos y moralejas de la psicología evolucionista, naturalizaba malintencionadamente el sexismo.

Desde su perspectiva, dado que las hembras se verían enfrentadas al problema de asegurarse su invesrsión reproductiva a largo plazo, se fijarían especialmente en garantizarse los recursos para mantener su descendencia. Por ello, desarrollarían mecanismos de preferencia por características como el estatus, la ambición o la industriosidad, que en esta teoría se entienden como indicadores del potencial de los varones como generadores de recursos.

Por su lado, en vista a una inversión reproductiva a corto plazo, "los machos se enfrentaron al problema de cómo tener acceso al mayor número de hembras fértiles. [...] Por ello los hombres desarrollaron mecanismos de preferencia por características (tales como juventud, atractivo y buena figura), que presuntamente son indicios del valor reproductivo de las hembras".

Y sigue McKinnon: "Los psicólogos evolucionistas escirben sin el menor rubor sobre lo que llaman 'el interruptor virgen-puta del cableado genético' de la 'mente sexual masculina'. Los hombres buscan mujeres 'fáciles' para hacer proliferar sus genes lo más ampliamente posible, y buscan mujeres castas o 'modestas' para casarse a fin de poder garantizar la paternidad de los niños en los que 'invierten' (garantizando así su 'capital' financiero y genético fluya por las mismas venas)."

Pero es todavía mucho más grave. Hay autores como David Buss que llegan a postular la racionalidad evolutiva de los celos y la violencia de género para asegurar la inversión reproductiva, en la medida que la amenaza creíble de pegar o incluso matar a nuestra pareja reduciría las posibilidades, dicen, de que esta nos fuera infiel.

No es una exageración: hablan incluso de un "módulo de matar a la pareja", es decir, de una estrategia para "mermar los costos de la incertidumbre de la paternidad y la dirección errónea de las inversiones paternas [...] o impedir la deserción permanente de la pareja con otro hombre".

El femicidio es convertido, al fin, en "un método adaptativo para reducir el costo reproductivo."


Las ambigüedades de 'El gen egoísta'

Por supuesto, no podemos culpar a Richard Dawkins de todas las teorías que algunos han desarrollado a partir de su obra. Pero si lo que discutimos son las razones de la enorme importancia del libro, no puede negarse que la recepción de su teoría como una versión soft y más o menos aceptable de darwinismo social es lo que la ha convertido en una celebridad.

Pero para cerrar con una nota de esperanza, cabe reseñar el importante mensaje que estaba mandando Dawkins cuando en 1989 decidió introducir un capítulo con las ideas que Robert Axelrod desarrlló en su libro La evolución de la cooperación. En él, este psicólogo social lanzaba una idea fundamental: aunque por naturaleza seamos egoístas, esto no significa que nos comportemos siempre como monstruos salvajemente interesados.

A través de una serie de experimentos, este psicólogo demostró que la cooperación y las actitudes altruistas terminan siendo las más óptimas incluso desde la perspectiva del individualismo radical.

Sin embargo, si El gen egoísta es el libro más influyente de todos los tiempos, seguramente se debe a la amigüedad seductora de la teoría de Dawkins, a la capacidad que tienen sus conceptos para almoldarse en las justificaciones de las ideas más nefastas que podamos imaginar. El gen egoísta proporcionó el "dice la ciencia" que tanta gente llevaba tanto tiempo esperando.

La huella que ha dejado en nuestra cultura es, pues, imborrable.

El problema ahora es decidir qué tipo de mundo queremos imaginar a partir de su vestigio.



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