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20 años del librazo que salvó a la literatura española

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(Y no es 'Corazón tan blanco')

Xaime Martínez

04 Marzo 2017 14:43

Este artículo podría empezar así:

Estamos en el año 1997 después de Jesucristo. Toda España esta ocupada por una indiferencia creciente hacia la poesía... ¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por feroces poetas resiste todavía y siempre al invasor.

Y quizá este artículo sería un poco exagerado, pero no le faltaría parte de verdad.

Porque fue precisamente en ese año cuando, ante un panorama dominado por la guerra enquistada entre meditantes y baristas, surgió una voz periférica que revolvió el mismo centro de la poesía española.

El libro se llamaba Las afueras y el nombre del poeta era Pablo García Casado.

Las afueras tuvo un éxito de crítica y público insólito para un primer poemario, permitió que entrara en nuestras foscas estancias ese "aire fresco" que exigía Kenneth Koch, se vendió bien y fue una de las primeras apuestas de la editorial DVD, el sello que marcaría la deriva de la mejor poesía de los años 2000.

Ahora que se cumplen dos décadas desde su publicación, parece el momento adecuado para hacer una retrospectiva y examinar qué significó Las afueras en el contexto de la literatura de su época y, sobre todo, qué nos dice de ese mundo naciente que vio en el poeta cordobés una punta de lanza.

De la fascinación que continúa despertando el debut de García Casado —que le mereció el I Premio Ojo Crítico y ser finalista del Nacional de poesía cuando el autor contaba 25 años— nos hablan dos hechos: en primer lugar, que el libro se reeditó en cuatro ocasiones hasta el cierre de DVD en 2012 y, en segundo lugar, que de manera regular siguen surgiendo lecturas que analizan el impacto, la estructura, o la significación de Las afueras.

Entre estos se destaca el del poeta y crítico peruano Martín Rodríguez-Gaona, que dijo del poemario de García Casado que "es uno de los primeros libros de poesía más importantes de las últimas décadas en España" debido no solo a su "notable factura" sino también a "la recepción entusiasta con la que fue recibido por las nuevas generaciones en un medio saturado".

Y es que, en efecto, "sus desenfadados versos apuntaban [..] a un cambio inminente de paradigmas en la poesía española contemporánea".

Esta tesis, con la que parecen coincidir otros lectores como Martín López-Vega, refleja bastante bien la realidad de lo que pasó: a partir de la publicación de Las afueras se creó la sensación de que otras muchas cosas eran posibles.

Su poesía acusaba una gran influencia de la poesía contemporánea norteamericana: no solo de Pound, Eliot y Whitman —que habían sido, esencialmente, los poetas leídos con provecho en la España previa— sino también de escritores más extraños al canon peninsular como Raymond Carver, Anne Sexton, Robert Lowell, e.e. cummings e incluso Emily Dickinson.

Las afueras es un libro unitario y narrativo: por medio de esta estructura, relativamente infrecuente en la poesía de la época, García Casado da cuenta con emoción y desapego de las desventuras de un joven suburbial que ve cómo su vida se le escapa de las manos:

te despiertas miras la hora vas a la cocina

 bebes agua te quedas sentada escuchando

 el motor del frigorífico por el patio interior


los hijos de la vecina juegan a destrozarse

 los oídos estás sola y te acude una inquietud

 propia de domingos con resaca un nerviosismo


de condones rotos

Su lenguaje comedido y punzante, su juego con los puntos de vista —en más de una ocasión el cordobés ha dicho que escribe como realiza un director de cine, con escorzos y ajustando lentes y distancias focales— y su gran capacidad para la politización de lo poético hicieron de Las afueras un volumen casi profético en algunos casos:

año dos mil quince la que será tu mujer

despliega los planos del sexto izquierda

número veinte calle poeta jaime gil de biedma


tres dormitorios cocina dos cuartos de baño

estás aquí en el mismo lugar donde siempre

estuviste muy lejos quedan ahora las afueras


y son otros vientres los que buscan su refugio

lejos de aquí del mismo lugar donde hace tiempo

tú también descubriste la edad del automóvil

No es casualidad que cuando se publicó al año siguiente y en la misma DVD la antología Feroces: muestra de las actitudes radicales, marginales y heterodoxas en la última poesía española (editada por la también poeta Isla Correyero), la voz de García Casado fuera una de las más destacadas del conjunto.

Esta selección de poetas, precisamente, periféricos es quizá otra de las claves para comprender la necesaria actividad editorial de DVD en los años 2000. Como recuerda Javier Rodríguez Marcos en El País, DVD publicó libros que marcaron una época: desde el debut de Elena Medel a los famosos del oscuro José María Fonollosa pasando por Ashbery, Simic o José Luis Piquero.

Esa idea está en cierta manera contenida en Feroces, donde los versos poetas como María Eloy García, Isabel Pérez Montalbán, Antonio Orihuela o Rafael Pérez Estrada anunciaban que una manera distinta, menos partidista, de entender la poesía española era posible.

Fue precisamente este último poeta quien en una presentación de la antología en el 99 afirmaría que la poesía española "no había asumido las corrientes líricas contemporáneas europeas" ni había sido capaz de incorporar dentro de sí misma las normas de "cordialidad, civilización y entendimiento" con que el resto de la sociedad española "se ha integrado en el espíritu de las sociedades democráticas".

Frente a todo ello surgió la obra de Pablo García Casado et alli que, aun con precedentes "raros" en la literatura española que buscaron constantemente referencias fuera del canon hispánico —pienso, tal vez, en un Cirlot, en una Maria Mercè Marçal (que tradujo a Plath cuando nadie la leía en España), en un Fonollosa— constituyeron una verdadera renovación del lenguaje poético.

García Casado tuvo, por supuesto, compañeros de generación con un papel decisivo en esta búsqueda nueva (Jordi Doce, Miriam Reyes, Manuel Vilas...), que entregaron sus traducciones o libros más representativos en aquellos últimos 90 y primeros 2000 y sin los cuales es difícil concebir la libertad creativa con que podemos escribir hoy.

Y sin embargo, algo todavía parece sugerir que, sencillamente, sin Las afueras de Pablo García Casado ahora mismo no estaríamos aquí.

Estaríamos en otro sitio, uno posiblemente parecido.

Pero no aquí.


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