PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

No es ficción: Francia tiene una nueva ministra de Cultura que trabaja por la cultura

H

 

François Nyssen, editora de Actes Sud, ya es la ministra de Macron más popular sin haber empezado a ejercer

eudald espluga

18 Mayo 2017 17:29

El sueño irrealizable de cualquier país con respecto a su ministerio de Cultura —que esté liderado por una figura que verdaderamente represente a esa cultura— acaba de pasar en Francia. Por eso no es de extrañar la cantidad ingente de consensos que está acumulando el nombramiento de la editora François Nyssen al frente de tal cargo. La respuesta del entorno parece unánime: es la mujer perfecta para el puesto.

A diferencia del primer ministro, Édouard Philippe, cuya figura siembra serias dudas en lo literario, en lo personal y en lo ideológico, la trayectoria de Nyssen parece inmaculada: editora de Actes Sud, fundadora de la Ecole du Domain du Possible —una escuela alternativa que sigue la estela de las ideas pedagógicas de Edgar Morin— y promotora de proyectos culturales que van más allá de lo literario.

Su editorial, Actes sud, es la pequeña de las grandes editoriales francesas. Fundada por su padre, Hubert Nyssen, en 1978, es la casa de autores como Salman Rushdie, Imre Kertész, Paul Auster, Nina Berberova y Nancy Houston. Es la editorial que apostó por Stieg Larsson y la saga Millennium. Cuenta, además, con tres premios Goncourt: Laurent Gaudé, Jéôme Ferrari y Mathias Enard. Entre sus méritos también está el haber aposatado por uno de los últimos premios Nobel de literatura: Svetlana Alexievitch.

¿Podrá la elección de Nyssen satisfacer a aquellos que pedían a Macron que se conviritiera en un presidente literario? ¿En qué medida esta decisión responde a un proyecto amplio para la escena cultural francesa?

Retomando la frase de Gramsci que tanto le gusta citar, podríamos decir que la elección de François Nyssen encarna el optimismo de la voluntad: en un contexto de desarticulación de las humanidades, donde no solo la cultura literaria ha dejado de ocupar una posición de privilegio, dar el ministerio de cultura a un agente del sector es toda una declaración de intenciones. Precisamente, eliminar intermediarios y ceder el mando a una persona que conozca los entresijos y el funcionamiento práctico de la industria ha sido durante muchos años una de las reivindicaciones tradicionales del mundo de la cultura, no solamente en Francia.

Por lo tanto, lo relevante del caso no es que la escogida, François Nyssen, sea una reconocida humanista, que lo es, sino el simbolismo que entraña un gesto tan poco habitual como es el de abrir las puertas del ministerio de Cultura a quienes, día a día, trabajan con ella y por ella.



share