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Un proyecto para honrar la memoria del escritor que quiso matar a Borges

Este crowdfunding quiere captar la atención de los lectores de Witold Gombrowicz

“¡Maten a Borges!”, fueron teóricamente las últimas palabras de Witold Gombrowicz en Argentina.

Desde la cubierta del transatlántico que le llevaría a Europa tras 24 años en Latinoamérica habría tratado de encontrar sicarios altruistas o fundamentalistas literarios que, por suerte, no vieron atisbo de seriedad en sus palabras.

Aunque, si bien es cierto, es muy probable que la situación no fuera tan cinematográfica. Resulta difícil imaginar un grupúsculo de veinte amigos en el puerto de Buenos Aires y al escritor polaco agitando un pañuelo y gritando esa petición.

El terreno de la leyenda ha sido achicado por el de la realidad y esta apunta a que las palabras fueron la respuesta a la pregunta de un periodista argentino: ¿Qué tienen que hacer los argentinos para adquirir la deseada madurez literaria?

Dijera como lo dijera, lo que no se pone en duda es que lo dijo. No se pone en duda porque Gombrowicz escribió contra todo. Contra poetas, contra artistas, contra actores, contra intelectuales, contra polacos, franceses, argentinos y cualquier forma de identidad colectiva.

Y si estuviera vivo, seguramente también escribiría contra el Congreso Gombrowicz, una asociación de amigos que lleva tres años honrando la memoria del autor de Ferdydurke.

Las acciones para seguir dotando de vigencia a los escritos del polaco fueron; en 2014 un Congreso Internacional; en 2015 Gombrowicz en un minuto -un evento en el que se leían fragmentos del escritor en un atril caliente-; en 2016, Contra los escritores —un show en el que no había escritores—.

Y el acto de este año es la creación de una revista cultural, de nombre Witolda, en la que participan más de cien personas -escritores, traductores, especialistas- de catorce países distintos.

La revista, que ha puesto un crowdfunding en marcha, necesita 2.134 € para salir adelante y poder financiar a través de la preventa una publicación que, como el resto de actividades del Congreso, no tiene ánimo de lucro.

El premio para quien financie la revista -en función del dinero que ponga- es doble. Por un lado, el placer de leer a escritores como César Aira, Vila-Matas o Juan Villoro y por otro, el obsequio de camisetas con frases de Gombrowicz o de calcetines customizados con su cara.

Igual que no hace falta haber leído La señora Dalloway para ver Quién teme a Virginia Woolf, tampoco es necesario ser un exegeta de Gombrowicz para comprar la revista que, para nada, tiene un tono académico. Ya que, por el contrario, la intención es facilitar el acceso al escritor polaco.

Una de las mejores formas de acceso a su literatura es la estimulación a través del activismo, así como un comentario que lo defina de forma atractiva, como es el caso de esta que escribió un periodista de la Revista Anfibia:

Un conde fake, un viejo joven, un escritor desconocido, un aristócrata que se juntaba con la plebe, un antiperonista que tenía sexo con peronistas, un pobre tipo que dormía en pensiones mugrientas y que se iba de vacaciones con bastante frecuencia, alguien que fue acusado de comunista por los conservadores y de reaccionario por los progresistas.

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