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Por qué tu corazón del siglo XXI se parece mucho al de un poeta romántico alemán

Una selección de poemas procedentes de 'Floreced mientras. Poesía del Romanticismo alemán' (Galaxia Gutenberg) traducidos por Juan Andrés García Román

"Veo brotar de mis lágrimas", Heinrich Heine

Veo brotar de mis lágrimas

muchas flores de mayo,

mis sollozos se vuelven

coros de ruiseñores.

Y si tú me amas, niña,

te regalo las flores

y se oirá a tu ventana

cantar al ruiseñor.

"No me olvides", Novalis

No me olvides cuando mullida tierra, fresca tierra

cubra un día el corazón que hiciste latir tierno,

piensa que allí su amor ha de ser más perfecto

que cuando lo llevaba con error y flaqueza.

Mi liberado espíritu te ha de rondar ungiéndote

para darle a tu espíritu consuelo y buen presagio.

Piensa que seré yo cuando oigas en tu alma

un suave "¡No me olvides! ¡No me olvides!"

"A las parcas", Friedrich Hölderlin

¡Un verano tan sólo regaladme, impetuosas!

Y un otoño que me madure el canto,

 que así más entregado y más repleto

 de la música dulce, el corazón se me muera.

El alma que no usó en vida su divino

derecho, aun en el Orco vagará sin descanso,

mas si un día el elemento más sagrado y el más

cercano al corazón, mi poema, es logrado,

¡bienvenido el silencio del mundo de las sombras!,

contento yo estaré aun cuando mi lira

no me siga allá abajo; ya una vez

viví igual que los dioses y más no necesito.

"La doncella", Friedrich Schlegel

Con qué fervor —me gustaría decir—

mi amor se entrega,

endulzando la pena

de que no me ama así.

Pero, al decirlo, se me va volando;

ah, si tuviera yo el don de la música,

manaría en armonías,

pues melodía es su ser.

Tan sólo el ruiseñor puede decirlo:

que mi amor se me entrega,

endulzando la pena

de que no me ama así.

"14 de julio de 1934", Clemens Brentano

Bien sé lo que al mirarme te cautiva,

el ardor de la vida en este pecho,

el disimulo dulce, encantador,

del miedoso deseo que tanto escondo,

que emana de mi ser y así te grita:

¡Enciérrame en el fondo de una roca!

Ay, chilla, pobre mío, y cuélate hasta el tuétano,

ven, vive, ama, muérete conmigo,

dentro del pecho guárdate esta roca,

hazlo, hazlo ya.

"El cojín de la abandonada", Wilhem Müller

En la rompiente del mar busco la sólida roca

que pisaste con tu pie antes de subir al bote,

la quiero como un cojín sobre el corazón enfermo:

ningún blando amor o sueño defraude así su dolor.

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