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«Un bebé destruye tu vida»: el tabú de plantar cara a las maternidades idílicas

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El libro de Samanta Villar sobre los tabúes de la maternidad ha supuesto un revuelo mediático en España. Sin embargo, ella no es la única mujer que desde la escritura ha ahondado en los horrores de “la mejor experiencia en la vida de las mujeres”

Luna Miguel

08 Febrero 2017 17:30

“Nunca querré más a mis hijos de lo que quiero a mi marido”.

Lo dijo Ayelet Waldman y fue una de las ideas más potentes de Bad Mother. Este libro se convirtió en un absoluto bestseller en Estados Unidos en 2009. Polémico por ser la mejor “antiguía” de la maternidad y por tratar de una manera abierta y real lo que tantas mujeres callan por miedo: la experiencia de la maternidad nunca es el cuento de hadas que nos prometen.

“El mundo está lleno de madres arrepentidas que no pueden contarlo”.

Lo escribió Orna Donath en #MadresArrepentidas, el ensayo que daba voz a un conjunto de mujeres que por primera vez se atrevía a hablar en público de aquellas cosas de las que se arrepentían después de haber dado a luz. Para Donath, y para muchas de las entrevistadas, existe una tensión constante en las mujeres que han parido. Una obligación de matar al yo a favor del nosotros. Una obsesión por hacer desaparecer a la mujer, que ya no puede ser sólo mujer sino que tiene que ser a la fuerza madre. Con esa etiqueta imborrable. Con esa carga de por vida. Con esa negación a su anterior identidad que sin embargo nunca afecta al hombre.

“El discurso alienta la maternidad pero hay poco apoyo a las madres” .

Lo reivindicó Lina Meruane en Contra los hijos, un pequeño libro que muchos insultaron por considerarlo un ataque a los niños, pero que en realidad es una queja hacia la sociedad insolidaria, hacia esa política lejana a los cuidados que hoy vivimos. Para Meruane el problema no es tener hijos. El problema es que la corriente nos empuja a tenerlos. Y hasta que se nos fecunda, el vientre es político y es de todos, pero después, ¿hay alguien a quien le importe la madre y su neonato? ¿Dónde está ahora la ayuda y el entusiasmo que los Estados prometían?

“Tener hijos es perder calidad de vida”.

Lo aseguró Samanta Villar durante la promoción de su nuevo libro Madre hay más que una, y la prensa y redes sociales españolas estallaron en insultos. Algunas mujeres, indignadas, respondieron públicamente a la periodista acusándola de mala madre. De insensible. Otras, sin embargo, defendieron a la autora por su valentía a la hora de traer a la actualidad un tema que siempre hace un poquito de daño, quizá porque en España sólo hay una institución más sagrada que la Iglesia, y esa es la de Los Hijos.

Con toda la literatura escrita al respecto, con todos los debates generados, sigue resultando sorprendente la visceralidad con la que este tema se sigue abordando en nuestra sociedad.

Y quizá porque la maternidad a menudo se asume de una manera tan íntima y única, nos cuesta entender que hay maneras de vivirla radicalmente opuestas a la nuestra. Que puede haber magia y dolor. Que puede haber cariño y odio. Que puede tratarse de algo sucio o de algo luminoso, pero siempre cambiante, respetuoso, indefinido y plural.


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