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Los cómics han convertido a los buenos periodistas en supervivientes de un mundo en llamas

"La información ha sido reemplazada por el entretenimiento. Los periodistas nos hemos transformado en taquígrafos" - Clark Kent

En el cómic DMZ ( ECC Ediciones), una guerra civil estadounidense se está librando en Nueva York.

La ciudad más mediática del mundo se ha convertido en un lugar caótico y violento, pero nadie tiene demasiado claro qué está ocurriendo. Los medios no están dispuestos a arriesgarse a perder más trabajadores en territorio hostil, así que prácticamente toda la información proviene del veterano Viktor Ferguson.

La historia comienza cuando Matthew Roth, un joven fotoperiodista, coge el relevo de Ferguson de manera improvisada. En su primera incursión como becario matan a la estrella de la tele, así que decide utilizar su acreditación de prensa para seguir su legado.

Conforme avanza narración, el protagonista tiene que superar los obstáculos que se encuentra en la zona de guerra, pero sobre todo las presiones que recibe desde fuera. La cadena para la que trabaja quiere imponer sus intereses en los reportajes, pero Roth decide no ceder en pos de la ética periodística.

DMZ es una de las últimas obras que refleja la relación histórica entre el cómic y el periodismo. Que Superman, Tintín y hasta Spiderman trabajen para medios de comunicación no es casualidad. Son muchas las características que hacen de la profesión una identidad perfecta para los protagonistas.

El espíritu aventurero de los reporteros los convierte en un filón único para que los guionistas puedan explicar todo tipo de historias. Tintín no podría haber vivido sus decenas de odiseas si no hubiera sido reportero. Y, si Lois Lane hubiera sido una oficinista, la historia de Superman se habría quedado en una crónica magra sobre cómo un héroe salva la Tierra.

Que los periodistas estén al filo de la noticia les hace inmejorables identidades secretas para los superhéroes. Es un ejercicio de retroalimentación: vivir los hechos de primera mano les convierte en magníficos cronistas, y enterarse los primeros de los crímenes les ayuda a ser mejores justicieros.

La redacción estresante y llena de conversaciones sobre la actualidad también ayuda a realizar un retrato social difícil de definir en otras situaciones. Además, la imagen del periodista clásico, que no es exactamente de clase obrera pero baja al barro y se esfuerza por hacer del mundo un lugar mejor, genera personajes carismáticos.

Durante años, esta es la imagen que se ha tenido sobre el periodismo en los cómics. Los personajes de americana y camisa sin corbata, de cigarro en la mano y actitud chulesca, llenaron las páginas con una profesión que parecía ser la mejor del mundo.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte la visión ha cambiado drásticamente. La manipulación informativa y el sensacionalismo han tomado el control de las páginas. Los personajes periodistas ya no son estrellas de una redacción ética y eficaz, sino rebeldes que se atreven a luchar contra las presiones mediáticas para sacar la verdad a la luz.

Los primeros cómics mainstream que retrataron la parte negativa de los medios llegaron de la mano de Marvel. Cuando el joven Peter Parker fue contratado para trabajar como fotógrafo en el Daily Bugle, no imaginaba que se las vería con el despiadado editor J. J. Jameson.

Jameson estaba dispuesto a criminalizar a Spiderman; a retratar que era un villano y no un héroe –ya que encajaba más con su línea editorial–, así que durante años Parker tuvo que vivir con la idea de trabajar en un medio que atentaba contra sí mismo.

Esta idea ha sido repetida hasta la saciedad por los cómics de Marvel, pero la ética de personajes como Robbie Robertson o Ben Urich daban a entender que se debía más a la pretensión de un dictador que a un pensamiento generalizado.

No obstante, desde los años 90, y sobre todo en el último lustro, la visión genérica ha pasado a ser la de Jameson.

El ejemplo más claro lo tenemos en Superman Vol 3 (2012), la colección principal del superhéroe más famoso de todos los tiempos. El nuevo Clark Kent, más joven y revulsivo que el tradicional, deja del Daily Planet después de que se convirtiera en una industria de puro entretenimiento.

El periódico que antaño fuera reconocido como el más prestigioso de Metrópolis ahora es una corporación mediática enferma, lo que obliga a Kent a marcharse tras dar un discurso que puede verse día tras día en las redacciones actuales:

Tras el abandono del Planet, Kent continúa con su propio blog independiente, donde puede dar su propia visión sin ser censurado. Esta idea, revolucionaria para una colección tradicional como Superman, bebe directamente de Transmetropolitan, el que probablemente sea el cómic más crítico con la política estadounidense y el periodismo de los años 90.

Ya en 1998 parecía evidente que el futuro de los medios se encontraba en internet, así que Warren Ellis elaboró una distopía en la que el capitalismo se le había ido de las manos a Estados Unidos. Allí, Spider Jerusalem, un famoso columnista, revuelve cada entresijo político de los candidatos a la presidencia hasta poner a la opinión pública en su contra.

Las ideas revulsivas de Transmetropolitan, que no dudaban en satirizar sobre cada polémica periodística que aparecía, significó un cambio de perspectiva sobre los personajes más emblemáticos de la profesión. Así, en 2006, durante el evento más importante del nuevo siglo de Marvel (Civil War), apareció una colección que mostraba a los periodistas como supervivientes: Front Line.

En una guerra civil similar a la de DMZ, Ben Urich y Sally Floyd huyen de los medios en los que trabajan para fundar una web propia que informe desde una perspectiva ética y alejada de la censura. De nuevo, son personajes perseguidos hasta la saciedad por las dificultades que supone ser periodistas en un entorno complejo.

No solo en las obras centradas en periodistas aparecen estas críticas. La la visión sobre el periodismo se ha actualizado para peor, y esto también se ha comenzado a mostrar en cómics como Ex Machina o Saga.

Incluso, en el nuevo Scooby-Doo que ha comenzado a publicar Hannah Barbera junto a DC Comics en 2016, se observan puyas de este tipo. Atentos al siguiente fragmento:

Daphne ya no es la dama en apuros tonta pero guapa. Se ha convertido en una reportera que huye de los medios tradicionales por considerarlos “contaminados”. La nueva integrante del grupo aboga por un periodismo independiente, que ejerce desde su propia visión pero con una ética que no observa en las mayores cabeceras.

Los ejemplos se repiten una y otra vez en las colecciones americanas, y la estructura es siempre la misma: un periodista que trabaja en un medio tradicional, harto de la censura y el sensacionalismo, emprende un camino independiente que considera más ético.

Básicamente, los cómics beben directamente de la actualidad para reflejar su visión sobre los medios de comunicación. Las herramientas confiables de antaño ya no son de fiar, y ni las cabeceras históricas se salvan de la morralla nacida como producto del cambio de perspectiva mediática.

Matthew Roth, Spider Jerusalem, Clark Kent, Ben Urich y Daphne cumplen el mismo perfil: son supervivientes de un mundo en llamas. Pero, mientras uno solo siga resistiendo a la cara oculta de los medios, seguirá habiendo periodismo.

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