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El boom de la ciencia ficción china es menos inocente de lo que crees

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La carrera espacial de los chinos lleva un ritmo brutal, pero ¿qué tiene que ver con eso la ciencia ficción?

Xaime Martínez

11 Marzo 2017 09:02

Hace 13 años China no tenía prácticamente un programa espacial.

Hoy, sin embargo, están desarrollando a una velocidad increíble una estación espacial llamada Tiangong ("Palacio celestial"), que ya está tripulada y que constituye todo un hito en la historia de la exploración del Universo porque ha sido diseñada y ensamblada por un solo país.

Además, China no descarta construir una base permanente en la Luna e incluso enviar una misión tripulada a Marte, y todo ello en un breve plazo de tiempo.

Resulta curioso que, como ha señalado el novelista Lavie Tidhar en un artículo, el progreso de la ciencia ficción china haya sido verdaderamente similar al vertiginoso avance de su carrera espacial.

Según cuenta en el texto publicado en el New Scientist, cuando entró por primera vez en contacto con la ciencia ficción que se escribe en el país chino, hace 17 años, esta era absolutamente residual, marginal y muy minoritaria. Solo había una asignatura universitaria en toda China que se ocupara del tema, se vendían pocos libros y las instituciones mostraban un desprecio casi absoluto por la cuestión.

Resulta curioso que el progreso de la ciencia ficción china haya sido verdaderamente similar al del vertiginoso avance de su carrera espacial


Ahora sin embargo, figuras como la de Han Song, Wang Jinkang o muy especialmente Cixin Liu están cambiando radicalmente la visión que el resto del planeta tiene del género prospectivo en Oriente, hasta el punto de que ya se ha comenzado a hablar de una Edad de Oro de la ciencia ficción china.

Cixin Liu es la cabeza de este fenómeno, tal y como atestiguan sus 3 millones de libros vendidos solo en China desde que salió en 2006 El problema de los tres cuerpos, el primer volumen de una trilogía que investiga las posibilidades del contacto extraterrestre y que en España publica la editorial Nova.

Este libro encandiló a personalidades como Mark Zuckerberg u Obama y se hizo con un Hugo, el premio más prestigioso de la ciencia ficción a nivel mundial, que nunca había sido otorgado a un autor oriental.

Por otra parte, las obras de Wang Jinkang o Han Song —cuyas novelas, críticas tanto con Occidente como con el gobierno chino, están prohibidas en su país pero cuentan con muchos lectores clandestinos— están sirviendo para que Cixin Liu no se vea únicamente como un fenómeno aislado, sino como la punta de lanza de una generación de escritores que tienen mucho más que decir.

Si la literatura fantástica surgía a principios del siglo XIX para cuestionar la idea filosófica moderna de la "Realidad", el género de la ciencia ficción hacía lo propio con el Frankestein de Mary Shelley. ¿Su intención? Pensar dos veces el "Progreso", es decir, aquellos avances técnicos, humanos y sociales que comportaban las nuevas tecnologías facilitadas por la ciencia.

Por ello no es extraño que a lo largo de su historia la ciencia ficción haya estado muy vinculada a la política, y en especial a la "política científica", como ya señaló Kingsley Amis, uno de sus primeros analistas, en New Maps of Hell.

Así lo demuestran los ejemplos de las dos grandes tradiciones de ciencia ficción: la anglosajona y la soviética.

¿Es casualidad que la Edad de Oro de la ciencia ficción en Estados Unidos coincidiera con la enloquecida carrera espacial yanqui, que tuvo su clímax en el extraño espectáculo de la alunización de 1969?

¿Es casualidad que la Revolución de 1917 naciera en un ambiente en que los escritores soviéticos estaban dando lugar a grandísimas obras de ciencia ficción, como Nosotros, la distopía de Yevgueni Zamiatin que estuvo prohibida en la URSS hasta 1981 y fue una enorme influencia en otros célebres novelistas distópicos, como Aldous Huxley o George Orwell?

Las utopías y distopías que los escritores soviéticos y anglosajones creaban guardaban una relación directa con la política y con los avances técnicos de la época: la industrialización de la sociedad rural rusa que quiso efectuar Stalin vio su correlato en buena parte de las novelas de ciencia ficción que se publicaron en la época, así como muchos de los problemas coloniales y raciales que tenía EEUU en los años 50 y 60 se trataron de forma indirecta a través de space operas y ciencia ficción de aventuras.


¿Es casualidad que la Edad de Oro de la ciencia ficción en Estados Unidos coincidiera con la enloquecida carrera espacial yanqui, que tuvo su clímax en el extraño espectáculo de la alunización de 1969?



Desde luego, no sugerimos que haya algún tipo de plan malévolo por parte de los diferentes estados que consista en estimular la ciencia ficción para dirigir el progreso, o viceversa.

Pero es evidente que la ciencia ficción genera unos mecanismos de reflexión acerca de la cultura y de la ciencia que son muy útiles a las sociedades, y por ello a través de las narraciones fictocientíficas hemos podido cuestionar el progreso, el patriarcado (la ciencia ficción feminista es tal vez el sector más importante de esta hoy por hoy) o la xenofobia.

No es raro, entonces, que ahora que China se suma a la carrera espacial junto a EEUU y Rusia los escritores de ciencia ficción quieran ponerse a la altura de las circunstancias y vigilar el proceso.

Ya sea desde perspectivas anti-sistema o desde puntos de vista más cercanos al oficial, lo que está claro es que los novelistas chinos están pensando con seriedad y rigor en su futuro.

Y aunque muchas de sus obras aún no se han traducido en Occidente, esperemos que pronto todos podamos aprender de ellas.


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