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El infierno de ser homosexual y trabajar para la Iglesia

Después de rebelarse contra la Iglesia, Krzysztof Charamsa publica 'La primera piedra', donde relata algunos de los capítulos más horribles de su relación con la institución

“Un gay no puede salir del armario completamente si no es haciendo mucho ruido”. Así se presentaba Krzysztof Charamsa en 2015, en una entrevista concedida a PlayGround días después de reconocer su homosexualidad de manera pública. Efectivamente, lo hizo con mucho ruido. La prensa de todo el mundo quería saber quién era ese sacerdote que se había atrevido a plantar cara la institución para la que trabajaba, la del Vaticano.

Desde aquel momento, Krzysztof Charamsa se convirtió en un icono, no ya por haber dado un paso que muchos cristianos no se atreven a dar, sino también por su discurso completamente abierto, sincero y crítico para con la Iglesia.

«…Quien controla la sexualidad

controla a toda la persona…

…es el más sutil de los poderes:

el control de las conciencias…

…y es la forma más alta del poder,

en ciertos aspectos es el único verdadero

poder totalitario que existe…

…es el poder destructivo

predilecto de mi Iglesia católica…

Había salido del armario. Era libre.»

Estos fragmentos dispuestos a modo de poema pertenecen a La primera piedra. Mi rebelión contra la hipocresía de la Iglesia, un libro en el que el propio Charamsa explica todo lo que ocurrió antes y después de su salida del armario, haciendo hincapié en que el odio que la Iglesia católica profesa hacia los gays no fue lo único que le causaba pavor. Entre las páginas de sus memorias, el teólogo dedica capítulos al abuso a menores, una práctica que según él está más extendida de lo que podemos imaginar y sobre la que añade datos y reflexiones como:

«Ese cura era probablemente gay. Lo sospechaba porque me parecía que tenía un amigo homosexual. Pero aquel sacerdote era también un insensato pervertido: evidentemente quiso sentir la ebriedad de probar un adolescente, un menor de edad. Y esto, a diferencia de lo que ocurre con las calumnias contra los eclesiásticos, no tiene nada que ver con la homosexualidad, ni con la heterosexualidad, ni con la bisexualidad. Pero, en Polonia, la Iglesia ha conseguido que entre la gente arraigue la convicción de que todos los homosexuales son pedófilos, pederastas. Esta es una falsedad gravemente ofensiva por la que la Iglesia debería ser demandada en los tribunales, pero, por desgracia está difundida como una verdad de la fe católica, al menos en Polonia.»

De esta manera, con textos muy breves, la mayoría basados en anécdotas personales, Charamsa intenta retratar detalladamente la misoginia, la corrupción, la mentira y la mentalidad rancia y “poco cristiana” que tantas veces corroe a quienes tienen mayor poder en la Iglesia.

Para él, de hecho, la Iglesia es una institución cada vez menos interesada en la gente, y cada vez más forjada en “el miedo al pensamiento ajeno”, la “guerra por la influencia”, o la “heterodictadura”. Según sus palabras, es una empresa que se aprovecha de quienes sienten amor por Dios, hablando en su nombre y excluyendo a todos los que no están de acuerdo con sus directrices.

Krzyzstof Charamsa ha dedicado toda su vida a la religión, al catolicismo, a su Dios. Y por eso mismo su crítica no está vacía. Incluso si para muchos el ex sacerdote sólo busca polémica y protagonismo mediático, los últimos capítulos de La primera piedra van más allá y proponen soluciones. 

En ellos, lo que encontramos es, entre otras cosas, una carta al Papa Francisco y un manifiesto firmado en 2015 que vela por una Iglesia más plural, más despierta, más joven y cuyos 10 puntos fundamentales resumimos aquí:

1. Abandono de la homofobia y de la discriminación de las personas homosexuales

2. Condena de la penalización de las personas por su orientación sexual y de las terapias correctivas de la homosexualidad.

3. No injerencia de la Iglesia en el reconocimiento de los derechos humanos por parte de los estados democráticos.

4. Anulación de documentos ofensivos hacia las personas homosexuales en el ámbito de la enseñanza católica.

5. Inmediata eliminación de la instrucción discriminatoria sobre la no admisión de las personas homosexuales en el sacerdocio católico.

6. Inicio de una seria reflexión interdisciplinar sobre la moralidad de la sexualidad humana.

7. Revisión de la interpretación ecclesiale de los textos relativos a la cuestión homosexual.

8. Inicio de un diálogo ecuménico serio con los hermanos evangélicos y anglicanos sobre la homosexualidad.

9. Necesidad de pedir perdón de las culpas pasadas y presentes de la iglesia en relación con las personas homosexuales.

10. Respeto por los homosexuales creyentes y la reparación de la inhumana propuesta eclestial para su vida cristiana.

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