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Testimonio del infierno que sufren los menores en los centros de acogida de Chile

Édison Llanos ha dejado constancia de ello en su libro 'Mi infierno en el Sename'

Son cifras líquidas o historias deprimentes, números que bailan o casos de muertes por suicidios, infecciones o asfixias. Situaciones lamentables con un único rasgo en común: el de la procedencia. El Sename (Servicio Nacional de Menores) es la institución de Chile encargada de dar cobijo a niños con derechos vulnerados, así como a infractores de la ley mayores de 14 años.

Según BBC Mundo, entre 2010 y 2014 fallecieron 395 menores de edad; las cifras que da el Sename apuntan a que son 185 desde 2005 hasta 2014; Unicef desmiente estas últimas diciendo que, por lo menos, en 2010 murieron cinco veces más personas que las que refleja su informe. Y sólo este año, entre enero y febrero, fallecieron trece personas.

Nadie puede hablar de cifras con claridad, y salir ileso de un orfanato en Chile se ha convertido en toda una proeza. No sorprende, por lo tanto, que el medio chileno Qué Pasa destaque la siguiente frase de una entrevista con Édison Gallardo Llanos: “Yo sobreviví al Sename”.

Gallardo Llanos ha sobrevivido y ha querido dejar constancia escrita —Mi infierno en el Sename (Editorial Ceibo, 2017)— de su odisea. Odisea que empieza en el Hogar Redes de Coquimbo, donde entró con tres años y salió con ocho. De ahí destaca al medio Qué Pasa: “ Yo vi morir a varios niños allí dentro. Y el Sename nunca abrió una investigación” y que: “También tengo marcas de quemaduras en los pies. Nos quemaban con cigarros y clavos calientes. Éramos niños de 3, 4 o 5 años y nos golpeaban, porque nos decía que teníamos que ser expiados de los pecados que cometíamos durante el día”.

El destino tras abandonar el Hogar Redes no fue una casa de acogida. Fue la Cárcel de Rehabilitación Conductual de la Pampilla, un lugar que estaba en proceso de transformarse en centro de menores. Con ocho años y en una cárcel. “En ese lugar dormíamos grandes y chicos. Y compartía con homicidas, con violadores. La primera noche me golpearon sin piedad, pese a que se suponía que mis derechos estaban protegidos por un organismo llamado Sename”.

/Édison Llanos, vía Qué pasa

Además de los abusos, los maltratos y la falta de comida que denuncia Edison Gallardo en su libro, otro problema denunciado de manera recurrente por los medios es el de que estos centros actúan como cantera de toxicómanos. Claudia Domínguez, jefa de la Brisexme de la PDI, afirmaba para el medio La Tercera que es difícil obtener información: “Son reticentes a entregar un relato y no se sienten víctimas. Tienen un grado de lealtad con la gente que las protege, que les da comida o droga”.

Quizás por eso resulta fundamental el testimonio del autor del libro. Ante la ausencia de declaraciones por parte de los afectados, se antoja necesaria una suerte de memorias sobre la experiencia de una persona de entre las 15.000 que actualmente están bajo el cuidado del Sename.

En el discurso que formula Edison en su primer libro, el objetivo de la denuncia queda claro desde el mismo título. De un tiempo a esta parte el Sename se ha erigido centro de todas las críticas. En Chile, la ciudadanía exige explicaciones a hechos como la muerte de Lissette Villa —de sólo once años—, de la que Marcela Lebraña, antigua directora de la institución, dijo que había fallecido "porque el domingo no había recibido la visita que ella esperaba", eludiendo así sus responsabilidades.

Pero el del Sename es un problema estructural que no se resuelve el simple despido de su directora, y por eso la obra de Edison actúa como un ventilador que airea y levanta la polvoreda que existe alrededor de este oscuro organismo.

Mi infierno en el Sename actúa como una negación de la teoría de que son casos aislados. Porque es una anécdota, sí, una historia personal con toda la susceptibilidad de que el paso del tiempo haya mellado en algunos de los datos, una biografía con las mismas posibilidades de ser cierta que de no serlo. Pero una cosa está clara, la publicación del libro sirve para constatar un hecho: en Chile se están cometiendo atrocidades contra menores de edad.

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