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Los ricos quieren independizarse de los pobres

#HechosAlternativos: la actualidad comentada en un puñado de links que quizá te perdiste

En los medios franceses, hay analistas políticos que son psicoanalistas. A Francia le fascina psicoanalizarse. Los medios españoles podrían plantearse lo mismo para hablar de determinados temas, como los nacionalismos. El historiador Julio Caro Baroja dijo en los años ochenta que para resolver el independentismo vasco “lo único que se me ocurre es enviar allí trenes llenos de psiquiatras”. Lo mismo podría sugerirse para el independentismo catalán. Las crónicas de Guillem Martínez sobre el procés en CTXT son un psicoanálisis del independentismo catalán. En la última, intenta explicar en qué paso de los cientos está el proceso, y comenta la filtración a El País de la ley de transitoriedad jurídica, la ley que quiere aprobar el gobierno catalán en el Parlament para independizarse: “Es el gran secreto del Procés. En tanto que secreto, existe la duda de que sea una propuesta real, o una jugada de póquer [...] ¿Qué función tiene la Llei de Transitorietat? Dos. La oficial: encauzar la nueva legalidad republicana en un momento de transición. Y la presumible. En su secretismo, se puede interpretar que la Llei tiene dos funciones. Una, convocar el referéndum, y otra, hacer una declaración de independencia condicional, efectiva tras un referéndum que no se hará”. Si Martínez tiene que especular y medio adivinar lo que está haciendo el Govern, los ciudadanos deben estar confundidísimos. Puigdemont escenifica un enfrentamiento, luego pide diálogo, luego vuelve a escenificar el “choque de trenes”, y así hasta encontrar la manera perfecta de capitalizar el conflicto. Un resumen rápido: Puigdemont dice estar agotando todas las vías de negociación con el gobierno central para celebrar un referéndum; como sabe que no lo aceptará, se prepara para un referéndum ilegal (a principios de otoño) y/o una independencia unilateral, y ahí es donde entra la ley “fundacional”.  

Los extractos de la ley publicados por El País, si son ciertos, son una chapuza en el mejor de los casos, y en el peor un golpe antidemocrático. Xavier Vidal Folch escribe un artículo durísimo contra ella: “El texto es un autogolpe contra la ciudadanía catalana y su legalidad estatutaria. Lo que intentó ser una revolución de las sonrisas ha derivado en autoritarismo ultra”. Hay aspectos preocupantes sobre la independencia judicial y la libertad de prensa, y engaña a los ciudadanos al asumir que una Cataluña independiente entraría automáticamente en la UE. Espada

Muchos independentistas contra el procés se quejan de que el verdadero proceso independentista es civil, de abajo a arriba, y se indignan cuando se engloba a todo independentismo como Puigdemont y sus secuaces. Pero si son los más afectados por ese “secuestro” de las elites, deberían ser los primeros en denunciar este desfalco: no solo la corrupción (la CUP critica mucho la corrupción del PdeCAT), sino los ataques a la democracia.

Según una encuesta de El País, “un 67% de los catalanes rechaza la manera de actuar del Gobierno catalán con las leyes de desconexión, frente a un 27% que lo apoya”. “Aunque inicialmente solo la apoyaban sectores de Esquerra Republicana y de la CUP, hoy se inclinan por esta opción muchos de los dirigentes de la refundada Convergència Democràtica.” Y “un 62% considera hoy imposible una secesión a corto plazo frente a un 34% que sí la ve viable”.

Los debates sobre una Cataluña independiente son delirantes, sobre todo porque se basan en castillos en el aire. El cantautor Lluís Llach, diputado de Junts pel Sí, es uno de los más optimistas, y también uno de los más sinceros. En marzo dijo que se sancionaría a los funcionarios que se nieguen a aceptar la nueva legalidad catalana: “No digo que sea fácil, al revés, muchos de ellos sufrirán. Porque dentro de los Mossos d’Esquadra hay sectores que son muy contrarios”. En este artículo de Cristian Segura salen algunas perlas de Llach: “El Estado español es una comunidad chupadora de fondos europeos, nosotros somos una sociedad donante”. En resumen: los ricos quieren independizarse de los pobres.

“Por el país se puede hacer todo, por Catalunya se puede hacer todo”, afirmaba Marta Ferrusola, la esposa de Jordi Pujol, en la campaña de las elecciones catalanas de 1984. En un documento del banco andorrano donde evadió dinero la familia, Ferrusola se autodenomina “madre superiora” y ordena una transferencia de “dos misales” (dos millones de pesetas). En este perfil en El Diario, el periodista Arturo Puente afirma que “la esposa del president tenía capacidad para poner y quitar consellers, pues era quien daba la última palabra a la composición de los gobiernos catalanes.” Pero la prensa del “régimen” no está de acuerdo. En un artículo delirante en El Nacional, un medio online independentista fundado por el exdirector de La Vanguardia José Antich, Enric Vila escribe que “igual que Josep Pla o Salvador Dalí, Ferrusola ha debido sufrir con una intensidad especial la disociación entre el cuerpo y el espíritu que la ocupación española impone a los catalanes con un poco de ambición. El hecho de que la espiritualidad del país se haya visto obligada a encajar en formas políticas extranjeras y hostiles, no se ha tenido nunca lo bastante en cuenta a la hora de juzgar las excentricidades de nuestras primeras figuras.” ¡Viva el padrecito Pujol!

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