PlayGround utiliza cookies para que tengas la mejor experiencia de navegación. Si sigues navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies.

C
left
left

Lit

Cómo explicar a un niño que la vida no vale nada

H

 

Leemos 'Un mundo huérfano', la aclamada novela del colombiano Giuseppe Caputo

Alberto Del Castillo

07 Agosto 2017 09:56

Cuando tenía ocho o nueve años, mucho antes de recibir una beca para estudiar Escritura Creativa en la Universidad de Nueva York, Giuseppe Caputo escuchó a su padre decirle: “Estamos en la olla”.  

Estar en la olla es una expresión colombiana que significa estar extremadamente mal de salud, de dinero o de ánimos. El padre, de mismo nombre y apellido que el hijo, se refería especialmente a lo segundo.

En la precariedad, en la olla, se forjó una relación que, de tan tierna, de tan emotiva, sus ecos siguieron resonando y resonando hasta que veinticinco años más tarde conformaron Un mundo huérfano, la ópera prima de Caputo.

Como si siguiera teniendo ocho o nueve años, de hecho, al autor no parecen importarle las causas de la pobreza. Le importa lo que hay a su alrededor. Le importa lo que ve. Y, siendo una novela que se desarrolla íntegramente en la noche, aquello que ve es lo más sórdido de la escena colombiana. La suya, entonces, es la visión sobria de una sociedad violenta, hipócrita y homófoba.

Pero entre la rabia, el odio y las envidias aprendidas, la ternura aparece como un coche que aluniza. En un lugar, en un momento tan oscuro donde lo normal es el llanto y el rugido en el estómago, el amor entre padre e hijo hace las veces de fotón, de haz de luz.

No hay atisbo de belleza en la pobreza, aprende Caputo. Pero hay consuelo, hay alivio, hay pequeños lugares para la evasión. Para huir de la falta de luz, de la falta dinero, de la falta de una madre.

Pero es la ausencia de dinero lo que constriñe a ambos personajes, les condiciona el día a día. Y en momentos puntuales revienta el recipiente de la angustia, se rompen las costuras y acaba brotando todo un torrente de ternura con base imaginativa.

giuseppe caputo

Sobre todo, por parte del padre, quien a menudo ahoga sus penas con ideas mágicas —y con cervezas, cuando la plata llega para ello—.

Había en nuestra sala un ventanal: daba a la calle y jamás le pusimos cortinas; no había plata para eso. “¿Por qué habríamos de tapar la vista con telas”, decía mi padre, “si ahí, de pared a pared tenemos un cuadro?”. Y entonces Papi se quedaba horas, a veces, mirando la calle, el ventanal, en perpetuo descubrimiento, comentando los títulos que inventaba para cada uno de los cuadros que se iban formando: “Naturaleza muerta con botes de basura”, “cinturón de estrellas”, “Pájaros en el cable eléctrico”, “ladrón y victima”, “Gato atropellado”, “Hombre solitario recogiendo un cigarrillo”,” Los amantes de la noche”,” Cielo sin luna”, ”Autorretrato en silencio”, ”Desnudo nocturno”. Cuando entraba a la sala, de repente, me veía reflejado en la ventana, mi padre titulaba el cuadro: “La aparición del hijo”

La carga simbólica y los códigos entre padre e hijo deja momentos emotivos y cautivadores como las expresiones artísticas del padre en la pared de la casa: toma una crayola, pinta un corazón, dentro encierra a un hombre y luego le dice al hijo: “Tú, mi corazón”.

La relación entre ambos es emocional y simbólica, pero también física: “Dame abrazos de vez en cuando; seamos, a veces, uno”.

Como diseccionando el realismo mágico, el padre pretende hacer de su casa un negocio al convertirla en una “casa habladora”. A diferencia de Gabriel García Márquez, Caputo muestra la maquinaria que permite que la casa pueda hablar.

Y surge la duda, no de si puede hablar. Sino de si “el amor entre padre e hijo basta”. La respuesta la sabemos nosotros, que leemos la novela, y la sabe él, que la ha escrito: “y lo que sucede es que no basta”.

No basta. Es evidente. Mucho menos cuando las inclemencias económicas no son los únicos problemas.

Caputo retrata un mundo de adversidades con todo su dolor, con todas sus muertes y sus masacres. Con toda su visceralidad. Y aun así hace del amor entre padre e hijo el eje vertebrador de la obra.

La denuncia acompaña al amor: contra la homofobia, contra la marginalidad a la que se somete a los pobres, contra la narración convencional, contra los borrachos, contra el odio, contra todo.

Y a pesar de ir contra todo, como dice el propio Caputo: “Es una historia de amor en un contexto de adversidad y soledad radical”.

caputo

share