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Los trabajadores de esta biblioteca podrán llevar pistola para defenderse de los usuarios

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Se trata de la Biblioteca Boone, en Columbia, que tras las presiones de la republicana Cheri Toalson Reisch, permitirá que tanto usuarios como trabajadores lleven armas de fuego encubiertas

A.D.N.

18 Julio 2017 13:33

Un libro en la mesa, un lápiz para subrayar lo destacable y una Glock 17 figurando junto al libro y al lápiz por si alguien molesta en demasía. Ese es el bodegón que te puedes encontrar en la Biblioteca Daniel Boone de Columbia.

Como consecuencia de una ley que entró en vigor este año, así como de la presión ejercida por la republicana Cheri Toalson Reisch -quien amenazó con emprender acciones legales si no permitían que se entrara con una pistola en la biblioteca-, ahora se pueden meter armas en las bibliotecas de Columbia sin avisar a nadie. Sólo hace falta el derecho a posesión y el arma en sí.

La historia empezó en febrero, cuando, por culpa de Toalson Reisch tuvieron que cambiar un cartel que decía: “prohibido llevar o poseer armas o armas de fuego” por otro que reza: “Las armas no están permitidas a menos que estés autorizado por la ley”.

libreria armas

Viéndole las orejas al lobo, el consejo rector del centro impuso el jueves pasado una medida de respuesta a tal disparate: los bibliotecarios tendrán derecho a llevar una pistola, y de hecho se les aconsejará hacerlo.

Además, dado que la ley permite mantenerlas encubiertas, sólo el director de la biblioteca tendrá derecho a preguntar si llevan arma. Es una decisión personal y una información confidencial.

Los miembros del consejo no están especialmente orgullosos de haber tenido que mediar de esta manera. Lynn Hostletler integra la junta y ha dicho: “Cuando leí el artículo del reglamento vi que no tenía ni pies ni cabeza, pero no queda otra opción”.

Es preocupante que haya una persona elegida democráticamente que se dedique con tanto ahinco a tratar meter armas en la biblioteca, llegando a amenazar con la idea de llevarlos a los tribunales.

El argumento sigue un razonamiento que recuerda a uno de los que se aconstumbra a esgrimir para justificar la tenencia de armas, pero aplicado ahora a un nivel mucho más interno: nos armamos para defendernos.

Aunque, es cierto, resulta extraño extralimitar las laboras de un bibliotecario, que casi deberá pluriemplearse y hacer las veces de guardia jurado. No sólo deberá prestar más atención a las lecturas de Hemingway, sino que también tendrá que instruirse en el manejo de armas.

(Vía: Columbia Missourian)

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