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Luchan para que el diccionario reconozca la 'aporofobia', el odio a los indigentes

La Fundació Arrels ha liderado la propuesta para que la RAE acepte la palabra, acuñada por la filósofa Adela Cortina y teorizada en el libro 'Aporafobia, el rechado al pobre: un desafío para la democracia'

¿Qué nombre debería dar la RAE a un hombre que entra en una casa abandonada, rocía con gasolina el colchón donde duerme un sin techo y le prende fuego?

Ahora probablemente usaríamos "psicópata" o "desequilibrado", pero el reclamo que se ha hecho público desde la Fundació Arrels es que exista un término mucho más preciso.

Que designe una realidad concreta todavía no bautizada oficialmente.

Y esa realidad es aporofobia. Una palabra que, si entrase en el diccionario, lo haría de una forma parecida a esta: 1. f. Aversión hacia la gente pobre.

El término fue acuñado por la filósofa Adela Cortina hace más de veinte años, pero sus implicaciones fueron sistematizadas en el libro que publicaba en Paidos a principios de este año: Aporofobia, el rechazo al pobre. Un desafío para la democracia.

En él, la pensadora valenciana explica que esta clase de odio, cada vez más extendida, se funda sobre la idea que estamos ante personas que no aportan nada a la sociedad. Sería uno de los fundamentos de los nuevos movimientos xenófobos y excluyentes que están proliferando en Europa y Estados Unidos.

En la entrevista que le realizó Alba Losada, se explicaba así:

"Vivimos en la sociedad del contrato: yo te doy algo y tú me das algo, y en la que se valora a las personas que tienen éxito profesional"

A las que no, se las excluye.

Por eso, ahora, veinte años después que Adela Cortina usara por primera vez el término en una columna del diario ABC, han sido cinco antiguos sin techo –Josep, Manuel, Davide, Joan y Antonio- quienes han liderado la proposición para que la aporofobia, como tantas otras realidades, sea reconocida por el diccionario.

Los cinco impulsores han lanzado la campaña a través de la cuenta de Twitter que gestionan conjuntamente, bajo el hashtag #AporofobiaRAE. Como nos cuentan desde Arrels, su fundación se limitó a servir de altavoz para que la petición tuviera más impacto.

La aporofobia es tan real como que, según datos del Observatorio Hatento, un 50% de los 40.000 sin techo que viven en España han sufrido violencia de algún tipo a lo largo de su vida.

Tan real como que, según la Fundació Arrels, el 31% de quienes viven en las calles de Barcelona han sido víctimas de agresiones verbales y físicas.

Por ahora, sólo la Fundéu (Fundación del español urgente) ha aceptado el neologismo: “ es una palabra válida y se considera un término válido en español para hacer referencia al odio o al miedo al pobre”.

El siguiente paso a dar es tipificar la acción en el sistema penal español. Se pretende modificar el apartado 22.4 del Código Penal para incluir aporofobia entre agravantes racistas, xenófobos, étnicos, de género, de identidad sexual y religiosos que actualmente se aplican.

Joan Comorera, senador de En Comú Podem, ha sido uno de los ideólogos de esta iniciativa: “durante los últimos años ha aumentado el número de agresiones que, protagonizadas en muchos casos por grupos neonazis y de extrema derecha, iban dirigidas contra personas sin hogar”.

Además, el resto de partidos políticos parecen estar de acuerdo con la propuesta.

Con lo cual, habiendo sido aceptado por la Fundéu y en vías de ser contemplado por la legislación, el balón estaría en el tejado de la RAE: pensemos en lo absurdo que sería que el sistema penal español tipificase un delito que no podemos nombrar en nuestra lengua.

Este intento de visibilización tangible del odio –hasta que una palabra no designa una realidad esa realidad no existe- viene motivada también por el video de aquel youtuber que dio a un sin techo galletas con pasta de dientes.

Sin embargo, la aporafobia no es solo lo que hacen los otros. Lo que hacen los malos: los xenófobos, los nacionalistas, los populistas, los excluyentes. "Somos egoístas por naturaleza", nos recuerda Adela Cortina y, al menos en potencia, "la aporafobia está inconscientemente dentro de todos nosotros."

Esto se puede cambiar, y el primer paso es que exista una palabra que impida invisibilizar el fenómeno. Ahora, la pelota está en el tejado de la RAE y de ellos dependerá que el uso sea oficial del término pueda ser una de las vías para empezar a combatir esta aversión.

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