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El escritor que fue "asesinado" por García Márquez

En 2017 el narrador colombiano Andrés Caicedo habría cumplido 66 años, sin embargo, se suicidó a los 25, dejando en el mundo una gran obra que hoy todos homenajean

La historia de Andrés Caicedo es la historia de un escritor maldito.

La historia de Andrés Caicedo es la historia de un autor apenas vio su obra publicada.

La historia de Andrés Caicedo es la historia de un bohemio que exprimió, dio vida y ayudó a deificar el concepto de Caliwood (Cali + Hollywood).

La historia de Andrés Caicedo es la historia de un artista multidisciplinar que se arrancó la vida con 25 años, privándonos de disfrutar de lo que podría haber generado los 40 años y tres días que separan la fecha de su muerte del día de hoy.

Autor prolífico comprometido con la cultura, quienes le conocían —muchos de ellos presentes en el documental Unos Pocos Buenos Amigos, dirigido por Luis Ospina— destacan su constante interés por renovarse.

Por cambiar lo establecido: propulsó el cine de ficción en Colombia en una época en la que predominaba el cine documental. Creó el grupo literario Los Dialogantes, dio forma al cineclub de Cali, ideó la revista Ojo al cine.

Y la música.

Los acordes siempre estuvieron presentes en su vida. Unos Pocos Buenos Amigos da cuenta de ello: los distintos estilos musicales de los que bebe su estilo literario urbano orbitan alrededor de todo el documental. De los Stones a Héctor Lavoe, de los Beatles a Bobby Cruz. ¡Que viva la música! es el nombre del libro que precede a su muerte. Y precede a su muerte porque Caicedo se quitó la vida justo después de ver publicada su primera novela.

Crónica de una muerte anunciada. Caicedo aseguraba que vivir más de 25 años era absurdo. Según se ha podido saber, fue en el tercer intento de suicidio cuando puso fin al tormento que expone que era su vida. En el primer conato le hizo llegar a su madre una carta que es capaz de erizar el vello del más desalmado:

 

Mamacita: Cali, 1975.

Un día tú me prometiste que cualquier cosa que yo hiciera, tú la comprenderías y me darías la razón. Por favor, trata de entender mi muerte. Yo no estaba hecho para vivir más tiempo. Estoy enormemente cansado, decepcionado y triste, y estoy seguro de que cada día que pase, cada una de estas sensaciones o sentimientos me irán matando lentamente. Entonces prefiero acabar de una vez.

De ti no guardo más que cariño y dulzura. Has sido la mejor madre del mundo y yo soy el que te pierdo, pero mi acto no es derrota. Tengo todas las de ganar, porque estoy convencido de que no me queda otra salida. Nací con la muerte adentro y lo único que hago es sacármela para dejar de pensar y quedar tranquilo.

…Acuérdate solamente de mí. Yo muero porque ya para cumplir 24 años soy un anacronismo y un sinsentido, y porque desde que cumplí 21 vengo sin entender el mundo. Soy incapaz ante las relaciones de dinero y las relaciones de influencias, y no puedo resistir el amor: es algo mucho más fuerte que todas mis fuerzas, y me las ha desbaratado.

…Dejo algo de obra y muero tranquilo. Este acto ya estaba premeditado. Tú premedita tu muerte también.

Es la única forma de vencerla.

Madrecita querida, de no haber sido por ti, yo ya habría muerto hace ya muchos años. Esta idea la tengo desde mi uso de razón. Ahora mi razón está extraviada, y lo que hago es solamente para parar el sufrimiento.

 

Con aires de estrella del pop, Caicedo, como Roberto Bolaño, ha sido incluido dentro de la Generación Sin Cuenta –por haber nacido en la década de los cincuenta y por la fuerza original de sus prematuros textos-. Alejado del Boom, el chileno Alberto Fuguet escribió, de hecho, que: «Caicedo es el eslabón perdido del Boom latinoamericano. Y el enemigo número uno de Macondo. No sé hasta qué punto se suicidó o acaso fue asesinado por García Márquez y la cultura imperante en esos tiempos. Era mucho menos el rockero que los colombianos quieren, y más un intelectual. Un nerd súper atormentado. Tenía desequilibrios, angustia de vivir. No estaba cómodo en la vida. Tenía problemas con mantenerse de pie. Y tenía que escribir para sobrevivir. Se mató porque vio demasiado»

Porque vio demasiado.

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