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Que la fuerza te acompañe: 5 poemas para despedir a la Princesa Leia

Ayer moría la actriz Carrie Fischer, que encarnó a Leia Organa en la saga Star Wars. Estos poemas son nuestro homenaje

Star Wars

Hace ya tanto tiempo que no puedo acordarme,

pero sé que ocurrió. No sé dónde. En galaxias

improbables, difusas. Acaso en mi cerebro

tan sólo. No recuerdo ni el tiempo ni el lugar,

pero pasó. Las cosas importantes que pasan

parecen no pasar. Una chica muy pálida

venía de algún astro a jugar en tu sueño

contigo: era tu amiga, la que se fue de viaje

por el cielo, y volvía para no abandonarte

nunca más. Sonreía como una aparición

surgida de las páginas de una novela gótica

y, a la vez, como un hada de los hermanos Grimm.

Se hacía llamar Leia en nuestros juegos. Leia

Organa, para ser más precisos. Un nombre

que sonaba a romance galáctico, a balada

espacial, a cantar de gesta del futuro.

Un nombre que sabía a chicle americano

y a bolsa de patatas fritas en el descanso

de una doble sesión de cine, y a caricias

desmañadas, y a celos, y a promesas de amor.

Hace ya tanto tiempo que no puedo acordarme,

pero sé que ocurrió. Y sé que a la princesa

Leia irán dirigidas mis últimas palabras

cuando la luz se apague, y que repetiré

su nombre en mi agonía (como si Ella tuviese

un nombre) antes de hundirme en la noche total.

(Luis Alberto de Cuenca)

PRINCESA LEIA

La princesa Leia,

cautiva en la Estrella de la Muerte,

era presionada para revelar

donde se ubicaba la base secreta de la Rebelión.

El pacífico Alderaan,

una vez habitado por peces luciérnaga,

ríos de plata,

torres de cristaleras púrpuras,

autopistas sobre interminables lagos azules,

Alderaan,

hogar también

del noble linaje de la princesa.

Su resistencia a la prueba mental es considerable,

Leia luchaba desde el silencio,

defendía a los rebeldes

ocultos en los enormes Templos Massassi

de la cuarta luna de Yavin,

sus pájaros susurradores,

sus grandes extensiones de junglas tropicales,

la luna defendía

así como a los suyos,

no le asustaba

la extorsión.

Ante los ojos de la princesa

la muerte se cernía sobre Alderaan.

Millones de voces callaron al unísono,

el pacífico Alderaan,

que nada tenía que ver con la cuarta luna de Yavin,

ahora es un campo de asteroides.

Un recuerdo.

Otra razón para luchar.

Princesa Leia.

(Begoña M. Rueda)

A Alicia, disfrazada de Leia Organa;

Si sólo fuera porque a todas horas

tu cerebro se funde con el mío;

si sólo fuera porque mi vacío

lo llenas con tus naves invasoras.

Si sólo fuera porque me enamoras

a golpe de sonámbulo extravío;

si sólo fuera porque en ti confío,

princesa de galácticas auroras.

Si sólo fuera porque tú me quieres

y yo te quiero a ti, y en nada creo

que no sea el amor con que me hieres...

Pero es que hay, además, esa mirada

con que premian tus ojos mi deseo,

y tu cuerpo de reina esclavizada.

(Luis Alberto de Cuenca)

La Princesa Leia Organa hace balance de los 25 primeros años de Paz Intergaláctica

Desde que malvendiste aquella nave

que, Solo, conducías con Chewbakka,

desde que Luke con su mano suave

todas las posaderas nos ataca.

Desde que Wan-Kenobi ya no sabe

lo que es lado oscuro y esa urraca

del disléxico Yoda es un jarabe

comparado a Darth-Vader, qué matraca.

Desde que aquellos guardias imperiales

–vaya panda de clanes y de clones–

han montado un ballet, diez musicales...

Desde que llevo yo los pantalones

harta estoy de limpiar tantos pañales,

de hacer el indio sideral, Han, ¡Jones!

(Jesús Urceloy)

Princesa Leia, vestida de novia

Te conocí en las noches de mi infancia.

Tenías 18 años y eras una sola mujer:

Leia Organa,

Senadora y Princesa de este corazón más roto y fragmentado

que tu soberana Alderaán.

Te perseguí por los viejos cines de barrio,

tuve tus pósters en los muros de mi cuarto stickers en mi ventana

y repetí de memoria cada una de tus palabras.

Tú eras mía y desde entonces siempre lo has sido

Eras la primera, la única y la última de mis mujeres.

Algo de ti tiene hoy mi soledad.

Algo de tu belleza este rencor y cobardía

frente a postales de planetas con dos soles

y naves que huyen con aprendices, piratas mercenarios y viejos guerreros.

Princesa Leia, regresas vestida de novia.

Por qué ese ademán de tristeza cuando oyes la suite de la Batalla de Yavín

Por qué esos gestos si a este amor lo pronuncia un idioma que no nos pertenece

Cuántos siglos, cuántas millas y a qué velocidad viajaron tus lágrimas

para llegar a este cuerpo.

Ante cuál religión te persignas cada día,

ante qué rituales inclinas tu cabeza, pequeña princesa.

Ahora que la vejez llega con sus finos deterioros,

a esta edad que es más lenta que la tuya.

Ahora que llega con sus polvos en las estanterías

yo deseo cantar, pequeña princesa

del mismo modo que te amo:

igual que una gota de aceite extraviada en el universo

más y más lejos de mi muerte.

Si de niño

jugaba a encontrar tesoros en el centro de la tierra

o gigantes criaturas y grandes minerales en el espacio

y pintaba mapas en cuadernos cuadriculados

Qué diré de este amor de lápices de colores y papel mantequilla

Que nunca tuvo horóscopos, canciones ni peluches.

Qué diré de ese amor que pronuncia tu nombre y dibuja tu rostro

mientras me recoges una vez más,

como ayer, como en el cine matinal,

como en los sueños que nunca pude atrapar,

como la primera navidad o el último halloween.

Me recoges como antes y como hoy,

Leia Organa de Alderaán,

la primera, la única y la última de mis mujeres

y siempre vestida de novia.

(Federico Díaz-Granados)

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