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“Vulva”, “conejo”, “chocho”, “almeja”: la llames como la llames, no sabes nada de ella

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Dos estudiantes de medicina publican 'El libro de la vagina', un manual escrito sin tapujos, que rompe con algunos de los mitos más absurdos sobre los genitales femeninos

Luna Miguel

27 Septiembre 2017 15:29

“Dejémoslo claro de entrada: las chicas sanas que han llegado a la pubertad manchan de flujo las bragas. Todos los días”.

¡Boooom! ¿Qué sorpresa se habrán llevado algunos al leer esto, verdad? Por lo visto, el flujo vaginal es una de las cosas más normales del universo, pero resulta que nosotros, como sociedad, hemos preferido pensar que no, que eso no era lo normal, que teníamos que inventarnos duchas vaginales, protegeslips perfumados con fresas o hasta un montón de palabras despectivas para referirnos al olor de nuestras secreciones. Pero es que “unos bajos saludables huelen. Simplemente es así […] Y en realidad no huele mal; tan solo es un olor intenso”.

De esta manera tan efectiva lo explican Ninca Brochmann y Ellen Stokken Dahl en uno de los primeros capítulos de El libro de la vagina. Un manual que, como su propio nombre desvela, pretende convertirse en la guía definitiva para conocer los genitales femeninos más allá de leyendas y desprecios, abordando además algunas problemáticas que han sido tabú hasta nuestros días, como las relacionadas con la masturbación, el aborto espontáneo, la endometriosis y un largo etcétera.


Brochmann y Stokken Dahl, a pesar de su juventud, llevaban mucho tiempo haciéndose preguntas sobre todas estas cuestiones y, como estudiantes de Medicina, decidieron ponerse a investigar. En 2015 abrieron un blog de divulgación, Underlivet (Partes bajas), con el que pretendían contar curiosidades sobre estos temas, algunas veces de manera más personal, otras veces tirando de jerga científica, y otras proponiendo consejos sobre qué tipo de preservativo puede sernos útil a cada una, cómo reconocer mediante el flujo si hemos enfermado, o incluso cómo actuar ante una regla dolorosa.

Según sus autoras, el blog también nació con la voluntad de poder crear un espacio de debate sobre aquello de lo que nadie estaba hablando. Para Brochmann y Stokken Dahl, por ejemplo, era una irresponsabilidad que los medios de comunicación siempre relegaran la salud sexual femenina a un plano secundario. O que la mayoría de la información al respecto sólo se pueda encontrar en páginas exclusivamente femeninas y bajo tratamientos demasiado naífs.  

Así, el proyecto fue tomando fuerza y ganando seguidores, hasta convertirse en lo que hoy es un manual de más 400 páginas que ya cuenta con miles de lectoras de una veintena de países. Para algunas de estas lectoras el éxito de El libro de la vagina reside en el hecho de que sus autoras lo han escrito desde la cercanía, poniendo el foco en casos reales y en problemas que afectan a muchos tipos diferentes de mujeres. Desde las que son madres a las que no pueden, quieren o se plantean serlo; desde las que tienen una vida sexual más activa a las que sienten miedo y dolor al practicarlo; o desde las que se atreven a hablar abiertamente de sus zonas íntimas en público, hasta las que nunca se han mirado su propia vulva en un espejo.

Fue “la gurú de la masturbación”, la doctora Betty Dodson, quien explicó con sorpresa en un documental que ella había tenido pacientes que nunca habían llegado al orgasmo, porque también tenía pacientes que nunca habían examinado su sexo. Dodson estaba convencida de que nuestra cultura ha silenciado no sólo el placer de la mujer, sino también cualquier tipo de información sobre su cuerpo.

En Diario de un cuerpo, esa era una de las tesis de Erika Irusta, para quien la menstruación sigue siendo una gran desconocida, entre otras cosas porque la medicina siempre ha rechazado su estudio, provocando que en 2017 una enfermedade como la endometriosis aún sea extraña para muchas de la mujeres que la sufren.

Conociendo todas estas carencias e irresponsabilidades de su profesión, lo que han hecho Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl tiene aún más mérito, pues han conseguido desvelar más verdades y generar más confianza que algunos de nuestros médicos de cabecera o ginecólogos.

En un capítulo sobre el aborto espontáneo, por ejemplo, invitan a que las mujeres que están embarazadas no se esperen a dar la noticia hasta los tres meses de gestación. “Esa costumbre ponía por objeto proteger a las mujeres del dolor que ocasiona hablar de un aborto espontáneo, pero es posible que sea más dañina que útil. Contribuye a perpetuar las idas falsas y el estigma, en vez de normalizar y propiciar la aceptación. En consecuencia, muchas parejas se sienten solas, con una vergüenza y un sentimiento de culpa injustificados, en el momento en el que más necesitan el calor y el cariño de su entorno. Por lo tanto, ¡empecemos a hablar de ello!”.

Eso es lo que Nina Brochmann y Ellen Stokken Dahl han hecho: hablar de ello. Hablar de todo. O de casi todo, porque aunque es cierto que el ensayo puede pecar de estar en su mayoría dirigido a mujeres jóvenes y europeas, su voluntad ya supone un paso hacia delante, y coloca a El libro de la vagina en esa necesaria biblioteca del cuerpo que poco a poco crece, se expande, nos retrata, nos recuerda que existimos.


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