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Así son los poetas jóvenes más solitarios de España

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En catalán, en asturiano, en gallego o en euskera: escriben en el idioma de sus abuelos (con la confianza de que será también el de sus nietos)

Xaime Martínez

19 Mayo 2017 18:00

Cuando hace dos años vine a vivir a Barcelona, tuve una revelación vergonzosa: no sabía nada de literatura contemporánea en catalán.

Yo llegaba a la Universitat Autònoma para hacer un máster en Literatura Comparada y, aunque tenía bastante interés en la poesía, cuando se discutía sobre poetas catalanes me movía en terreno resbaladizo. No tenía ni idea de esos autores a que se referían mis amigos.

¿Mercè Rodoreda, Maria Mercè Marçal, Blai Bonet? Literalmente, como si me hablaran en chino.

No sé si en el medio cultural español hay desinterés por las otras literaturas que se hacen ahora mismo en la Península, pero sí hay, desde luego, una gran desinformación respecto a ellas.

De la misma manera en que yo no había leído ningún poema de Marçal, encontré a muy pocos catalanes que conocieran la obra de escritores asturianos como Berta Piñán o de Antón García.

Existen iniciativas muy buenas, sí —como Punto de ebullición, la antología de poesía gallega preparada por Miriam Reyes para Fondo de Cultura Económica; o la Antoloxía bilingüe de nova poesía galega publicada por Laura Villar en Oculta Lit—, pero en líneas generales, la comunicación entre las diferentes y rompedoras escenas poéticas de los márgenes es muy reducida (y no digamos ya entre estas y la literatura en castellano).

La educación, que no nos instruye en las restantes lenguas del Estado; nuestro escuchimizado mundo editorial; ciertos tópicos nacionalcatólicos sobre las ventajas económicas que supone escribir en estas lenguas, y la situación minorizada de algunas de ellas —como el asturiano o el aragonés— hacen que, finalmente, no todos conozcan la pluralidad enriquecedora de nuestras literaturas.

A pesar de ello, enfrentándose a esta situación de aislamiento y de claustrofobia, siguen surgiendo jóvenes poetas que escriben en el idioma de sus abuelos (con la confianza de que será también el de sus nietos), poetas que tratan de ahondar en las raíces de su tierra y al mismo tiempo renovar los modos de decir.

Para celebrar esta diversidad, desde PlayGround hemos querido reunir una lista con 8 poetas nacidos a partir de 1980 que escriben en gallego, asturiano, euskera y catalán (por desgracia, no hemos dado con ninguno que escribiera en aragonés), y que te hablarán de mundos infinitamente cercanos.

1. Hasier Larretxea (1982).


El poeta navarro Hasier Larretxea es tal vez uno de los escritores jóvenes más conocidos fuera de Euskadi.

No solo por sus hermosas perfomances poéticas —en las que lee sus textos mientras su padre corta troncos—, sino por su arriesgada propuesta poética, que en palabras del crítico Martín López-Vega siempre está "atenta a escuchar en el silencio".

Tras emigrar de su pequeño pueblo navarro, Baztán, a Madrid y publicar un primer poemario bilingüe llamado Azken Bala/La última bala (Point de Lunette), Larretxea ha también libros en castellano como Niebla fronteriza (El Gaviero) o De un nuevo paisaje (Stendhalbooks).

2. María García Díaz (1992).


Posiblemente, la publicación de Llírica astraición (Saltadera), el primer poemario de María García Díaz en asturiano, fue la mejor noticia para la joven literatura asturiana en 2016.

Con otro poemario a sus espaldas (en 2015 ganó el premio Gloria Fuertes con Espacio virgen) y con una profunda formación científica —ahora mismo García Díaz prepara un doctorado en Física en la Universidad Autónoma de Barcelona—, la poeta es capaz de encontrar en sus versos un extraño equilibrio entre ambos mundos.

Sus poemas detectan la extrañeza en los objetos más próximos (y cierta familiaridad en todas las cosas).

3. Alba Cid (1989)


La poeta ourensana Alba Cid es profesora de Filología Gallega en la Universidad de Santiago de Compostela, y al mismo tiempo mantiene una obra en marcha que podemos en distintas obras colectivas, revistas como Dorna —de cuyo comité de redacción forma parte— y en diferentes lugares de la red.

Sus poemas complejos, y en muchos casos divididos en diversas partes, pueden estar situados en Japón o en viejas fábricas tomadas por los pájaros, pero siempre quedan, al final, peligrosamente cerca.

4. María Cabrera (1983)


Maria Cabrera i Callís es, al igual, que Alba Cid, profesora universitaria (en este caso en la Universidad de Barcelona) y, como sucedía con la poeta gallega, su obra lírica puede disfrutarse en soportes poco habituales.

Y es que Maria Cabrera no es solo una de las poetas más respetadas de su generación —con poemarios como La matinada clara, del año 2010— sino que grupos de pop como, Manel, Bikimel, Petit Miss Carrussel i Clara Peya o Sílvia Pérez Cruz han musicado sus poemas.

5. Laia Noguera (1983)


El poemario Amor total, publicado a finales del año pasado, supuso una conmoción en la poesía catalana por sus ambiciones de épica posmoderna, por su lenguaje desprejuiciado y eficaz, por su unidad y su fragmentación: críticos como Lluís Calvo dijeron del libro que proponía una "mirada desbocada y, por ello, maravillosa", y otros como Francesc Ginabreda lo calificaron de "exploración desmesurada".

Lo cierto es que Laia Noguera, que además de poeta es filóloga, dramaturga y música de trash, es una de las voces más atrevidas del panorama catalán.

Amor total no es su primer poemario —detrás quedan otros como L'oscultor o Triomf, algunos de los cuales se han publicado tal vez en castellano— pero este último libro es, tal vez, la prueba definitiva de que los medios poéticos de toda España deberían tenerla muy en cuenta.

6. Beñat Sarasola (1984)


Beñat Sarasola es poeta, traductor de Philip Roth al euskera, crítico literario y licenciado en Filosofía, y Teoría de la Literatura y Literatura Comparada (esto último, por la Universidad de Barcelona; es curioso cómo la ciudad atrae a poetas de otras lenguas minorizadas).

Ha publicado dos libros de poemas, Kaxa huts bat (2007) y Alea (2009), y además dirige el proyecto Munduko poesia kaierak, que a través de la editorial Susa pretende publicar en euskera una serie de antologías de grandes poetas internacionales.

7. Raquel F. Menéndez (1993)


Con El llibru póstumu de Sherezade (Impronta), la poeta asturiana Raquel F. Menéndez ganó el año pasado el Premiu Nené Losada Rico, confirmando así un secreto que todos sospechábamos: su voz está llamada a ser una de las más renovadoras de la poesía en lengua asturiana.

Como sucedía en el caso de María García Díaz, este es el segundo poemario de Menéndez tras haber publicado uno en castellano —Libélula, III Concurso Literario de la Universidá d'Uviéu.

Su lenguaje poético investiga en otras tradiciones —como la hispanoamericana, cuyos poetas está trayendo a España por medio de la editorial "Los libros de la libélula nómada"— y se radica en imágenes vibrantes, así como en una conciencia dolorosa del cuerpo y de la tierra.

8. Ismael Ramos (1994)


Nacido en A Picota, un pequeño pueblo del concello de Mazaricos —en el interior de la Costa da Morte— Ismael Ramos tardó mucho tiempo en ver lo que "realmente" era el mar: entre su pueblo y el mar se encontraba O Pindo, un monte de granito.

Precisamente de esta vivencia del elemento marino trata su libro Os fillos da fame (Xerais), con el que ganó el premio Johán Carballeira de Poesía hace dos años.

De él dijo Carlos Maquieira que "sabe construir nuevos paisajes, modificar geografías". Y esperemos que siga haciéndolo por mucho tiempo.

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