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Traducen 'El principito' al andaluz... ¿pasa algo?

La publicación de una traducción de la famosa obra de Antoine de Saint-Exupéry levanta las ampollas del españolismo

El título es Er Prinzipito, el autor —como siempre— Antoine de Saint-Exupéry y el idioma elegido para esta edición, el "andalú".

Y, si hacemos caso a su traductor Huan Porrah (Juan Porras), es concretamente el dialecto andaluz de una pequeña región malagueña, la Algarbía, que él y la Zoziedá pal Ehtudio'el Andalú (ZEA) han escogido para traducir las palabras del escritor francés.

Solo con leer la primera frase de la nueva edición de la novela, impulsada por la editorial alemana Tintenfass, —"Una beh, kuando yo tenía zeih z'añiyoh, bi un dibuho mahnífiko en un libro a tento'e la zerba bihen ke ze yamaba Histoires Vécues (Ihtoriah bibíah)"— ya es fácil prever que el asunto va a traer cola (y una buena dosis de superioridad ilustrada).

Y en efecto, al enterarse de su publicación los habitantes de la caverna han bramado con toda la capacidad torácica que reside en esos pulmones encharcados por el humo de los farias. Es por ello que cabe preguntarse ¿pasa algo porque El Principito haya sido traducido al andaluz?

En primer lugar, es evidente que la traducción tiene una intencionalidad política —está vinculada al Sindicato Andaluz de Trabajadores y a Sánchez Gordillo—, pero política en un sentido amplio: la reivindicación de la modalidad del castellano hablada en Andalucía es muy necesaria.

Durante años, el centralismo decimonónico predicado por los poderes españoles ha estigmatizado las hablas y las culturas del sur, haciendo que los reporteros andaluces camuflen su acento en televisión o hdeablándole a  Diego Cañamero como si se tratase de un niño.

No obstante, lo cierto es que la traducción de Huan Porrah, a juzgar por los fragmentos que están disponibles en Internet, no parece más que una transcripción fonética del habla andaluza de dudosa utilidad política o cultural.

Una misma escritura es capaz de acoger normas y pronunciaciones muy distintas, como demuestra el caso (extremo) del chino mandarín o las múltiples variedades del castellano empleadas en América Latina.

La grafía del castellano ahora mismo no representa con exactitud la realidad fonética del castellano del norte, como consecuencia del distinto desarrollo histórico de la lengua (siempre rápida) y de la ortografía, más rígida —por ejemplo, las "h" no se pronuncian, las "b" y "v" se pronuncian igual, etc.

Pero precisamente en esa distancia entre escritura y oralidad puede encontrarse el espacio para la creación de una norma andaluza (como, por otra parte, ya ha sucedido con las normas latinoamericanas). Así, tal vez resulte más político convencer a Antonio Muñoz Molina o a Luis García Montero para que dejen de fingir que son madrileños en sus intervenciones públicas que recrear una escritura andaluza.

Pero en cualquier caso, bien está que se visibilice el estigma de la cultura del sur de España.

El verdadero problema que hay en todo esto reside en el propio El Principito, cuya presencia en todas las culturas de la Tierra es misteriosa y preocupante. No pasa nada porque se traduzca El Principito al andaluz, pasa porque se traduzca.

¿De verdad estamos dispuesto a asumir, como sociedad, la responsabilidad de que la espantosa frase «Solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos» se siga propagando?

Basta ya de inyectar a los niños ese cuento relamido, por favor.

Bahta.

 

(Vía El Heraldo de Aragón)

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