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Torturas, esterilizaciones y enfermedades inventadas: así ha tratado la ciencia a las mujeres

Estas son las pruebas de que a lo largo de la historia la ciencia ha discriminado y ha manipulado a las mujeres. Y aún no ha terminado

Torturas psicológicas, enfermedades inventadas, desinterés por estudiar su cuerpo y tratamientos médicos con forma de esterilizaciones, son algunas las injusticias que la ciencia ha regalado a las mujeres a lo largo de la historia.

A pesar de que son muchos los avances logrados con los años, aún en 2017 hay casos de abusos que demuestran que estas prácticas no se han erradicado por completo.

Se trata de una realidad de la cual no se habla demasiado pero que, ahora, podemos conocer a través del libro que Eulalia Pérez Sedeño y S. García Dauder han publicado recientemente: Las 'mentiras' científicas sobre las mujeres.

Una salud y un cuerpo que no se quiso conocer

A lo largo de la historia, la salud de las mujeres ha estado por detrás de la de los hombres, por lo que apenas se realizaban estudios en torno a ella. De acuerdo al libro, cuando se hablaba de salud femenina, solo se hablaba de una única cosa: "los aspectos reproductivos, como atención al parto, la anticoncepción, el aborto, el cáncer de útero, el síndrome premenstrual y otras enfer­medades específicamente femeninas".

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Como consecuencia de este enfoque monotemático, durante muchos años el órgano olvidado por excelencia de las mujeres fue el clítoris, él único del cuerpo de la mujer que se dedica exclusivamente al placer. A pesar de que ahora lo sabemos prácticamente todo sobre él, no fue hasta la década de los setenta cuando las activistas comenzaron a explorar e impartir talleres de investigación y divulgación sobre el clítoris.

Había tan pocos estudios realizados en torno a la salud de las mujeres que, incluso, se supuso que ésta únicamente hacía "referencia a los aspectos reproductivo

Enfermedades inventadas, torturas, mutilaciones y esterilizaciones

El desconocimiento absoluto que había acerca del cuerpo femenino, también desencadenó todo un proceso de invención de enfermedades o patologías que debían ser tratadas. Para los especialista de la época en la que la medicina no estaba tan avanzada, era mucho más fácil inventar una patología para rellenar el hueco de la ignorancia.

Una prueba de ello es el supuesto trastorno mental que se conoció como la epidemia de histeria, la cual fue tratada con torturas psicológicas y con extirpaciones de los ovarios o del útero.

"Decidí privarle de los ovarios esperando extir­parle sus pervertidos instintos", escribió un doctor relatando la brutal agresión a la que sometió a una paciente cuando descubrió que se masturbaba. "No ha vuelto a sus hábitos degradantes, deseosa y ansiosa de atender en su hogar", publicó.

Las falsas enfermedades afectaron en gran medida a aquelles mujeres que intentaban escapar de los límites de lo socialmente aceptado. Durante el siglo XIX y a principios del XX, el feminismo y el lesbianismo se veían como "enfermedades sociales y psicológicas que se asociaban a la sexualidad clitoridiana", se explica en el libro.

Mujeres relegadas de los estudios médicos

El cuerpo de las mujeres era considerado como una desviación del cuerpo masculino, por lo que las investigaciones médicas solo se realizaban con hombres y después se aplicaban en mujeres. A pesar de que, antes de esa aplicación ni siquiera se había comprobado su efectividad sobre el cuerpo femenino.

"Decidí privarle de los ovarios, esperando así extir­parle sus pervertidos instintos"

De hecho, no fue hasta 1988 cuando empezaron a incluir a las mujeres en los ensayos clínicos de nuevos medicamentos. Antes de eso no podían saber si los fármacos tendrían efectos contraproducentes ni si había tratamientos que fuesen más eficaces para ellas.

Se trata de una realidad que, hoy, aún persiste, ya que las mujeres siguen siendo un objeto de estudio minoritario en la biomedicina. Tampoco se realizan demasiadas investiaciones en torno a las enfermedades que solo les afectan a ellas. Un ejemplo es la endometrosis, una enfermedad que padecen 176 millones de mujeres en el mundo pero para la que, curiosamente, no hay ni un tratamiento específico, ni investigaciones ni unidades médicas especializadas.

Hoy estamos muy lejos de las brutales prácticas que han atormentado a muchas mujeres a lo largo de la historia. Pero, aún falta un largo camino por recorrer. Algo para lo cual Pérez Sedeño y García Dauder proponen una solución de sentido común: mejorar el acceso de la mujer a los campos de investigación.

[Vía El País]

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