Books

Escritores fantasma: así es el mercado negro de las tesis doctorales

Nos adentramos en uno de los mercados negros de la escritura que más dinero mueve

Si alguna vez has pisado el excelentísimo suelo de una institución académica, es probable que hayas oído historias como esta:

«Hace años, un chico bastante vago entró en la Universidad. Se pasó los 6 años de carrera aprobando por los pelos. Cuando llegó el momento de entregar su proyecto final, el trabajo estaba sospechosamente bien escrito y razonado. Aprobó con la mejor nota.»

Lo que aparentemente parece una leyenda urbana, es probable que sea totalmente cierto. O al menos, esto parece sugerir la existencia de uno de los mercados negros de escritura que más dinero mueven en todo el mundo: el de las tesis doctorales.

Los escritores fantasma no son fruto de la imaginación de otros estudiantes. Al contrario, existen, escriben muchas páginas al día, tienen una clientela creciente y en algunos casos forman parte de oscuros entramados empresariales que habitan las zonas periféricas de la legalidad.

Para adentrarnos este submundo desconocido que se encuentra bajo los pasillos de la Academia hemos querido empezar desde la base, es decir, contactando con las personas que dedican o que han dedicado su vida a escribir trabajos académicos para otros.

1. "He sido cordialmente invitado a formar parte de la escritura fantasma"

Andrés Castro [pseudónimo] tiene 30 años y lleva desde los 25 entregado profesionalmente a ser otras personas. No es actor ni dramaturgo, sino uno más de los muchos escritores fantasma que trabajan en las universidades de América Latina.

Como la mayoría de estas personas, Castro llegó a esta profesión por casualidad. Se le daba bien leer, redactar, buscar referencias en otros libros y, sobre todo, necesitaba el dinero. Así que cuando una persona conocida le pidió ayuda con su trabajo de clase, él no dudó en lanzarse a escribir.

"Es un trabajo que te deja dinero para viajar, estar tranquilo un tiempo, pero no es estable ni constante, por lo menos en mi caso, no tengo algo como una cifra con la que cuente mes a mes".

Al principio, durante los dos primeros años, Castro realizaba estas tareas de una manera más amateur, sencillamente para "sacar un poco de dinero mientras estudiaba". No obstante, poco a poco las cosas empezaron a ponerse serias, el volumen de peticiones aumentó y, de hecho, Castro ni siquiera acabó su propia carrera universitaria por dedicarse a que otros acabasen la suya.

Castro no acabó su carrera universitaria, pero escribe para que otros acaben la suya

Un caso similar es el de Rubén Vallejo, que si bien ya no trabaja como escritor fantasma, sí lo hizo durante un periodo de su vida en la Universidad de Sevilla y en la UNED.

Al igual que Andrés Castro, Rubén empezó en "casi por accidente": la primera vez que desempeñó esta labor fue para una tesis doctoral, cuya autora quería que le hiciera una "corrección de estilo y ortográfica".

Pero lo que Rubén descubrió al leerla fue sorprendente: la tesis tenía 300 páginas, pero muy pocas de ellas habían sido escritas por la persona que la firmaba. Incoherencias de estilo, citas extrañas, obras que no aparecían en la bibliografía y fragmentos directamente copiados de Internet hicieron a Rubén sospechar de que esas tesis le podría haber sido encargada a un redactor fantasma poco competente.

Así que propuso arreglársela a la autora. Así, junto a un amigo especializado en Pedagogía (el campo al que se adscribía la investigacion), Rubén comenzó a recomponer todo el texto. En un plazo de 3 semanas e invirtiendo muchísimas horas de trabajo, consiguió que la tesis fuera defendida con éxito y a partir de entonces Rubén realizó varios trabajos más de esta índole, aunque ninguno de tanta importancia como el primero.

2. Es escritor fantasma como novelista

Si hay algo en que coinciden ambos escritores es en señalar la timidez con que sus potenciales clientes se acercan a ellos.

La mayoría de las personas que contratan los servicios de un escritor fantasma son conscientes de que aquello que solicitan está mal y se sienten culpables, por lo que al principio tratan de ocultar su verdadera intención —que alguien les redacte su tesis— haciéndola pasar por una revisión o una corrección estilística.

Sin embargo, al poco tiempo suelen revelar sus necesidades y ahí comienza el trabajo del escritor: no solo componer una investigación correcta desde el punto de vista académico, sino ponerse la máscara de la otra persona, fingir que sus intereses, su manera de teclear y sus obsesiones son un poco las tuyas.

Y es que (en esto coinciden de nuevo Andrés Castro y Rubén Vallejo) el escritor fantasma, por mucho que redacte textos científicos, no deja de ser un novelista.

No es casualidad que tanto Castro como Vallejo hayan estudiado literatura y que, de hecho, Castro sea escritor.

El proceso de escritura de las tesis no se fundamenta únicamente en un análisis riguroso de los materiales académicos de partida, sino que se complementa con procesos mucho más cercanos a la ficción e, incluso, a la sociología de autores como Svetlana Alexievich: según Andrés Castro, es necesario realizar entrevistas a los clientes para saber cómo orientar el trabajo, ya que ellos tendrán que defenderlo en público cuando sea entregado.

No sólo tienen que documentarse de la materia en sí, sino que han de meterse en la piel del supuesto autor de esa tesis. Se parece más a la documentación para una novela que para un texto académico

Muchas veces se parte de las ideas de los clientes para redactar la investigación, pero la autoría, en cualquier caso, siempre recae en los escritores fantasma: por ello, no es extraño que estos últimos mantengan una vinculación "especial" con los textos que producen.

De hecho, ambos autores señalan que el suyo es un trabajo que implica cierta frustración. Frustración porque hay gente que se puede permitir pagar a otros para que hagan su trabajo sucio, pero también porque es muy difícil evitar sentirte "dueño" de los textos que entregas.

Andrés Castro señala incluso que él, como los buenos falsificadores de arte, siente una irrefrenable tentación por poner "firmas secretas" en sus trabajos, incluyendo ideas que solo él reconoce como típicamente suyas, giros del lenguaje muy personales...

El escritor latinoamericano, que calcula que puede haber escrito unas mil páginas "entre capítulos de tesis, papers, y reseñas de libros ", tiene claro que no quiere dedicarse siempre a esto y que en algún momento debería tener "algo mejor".

Por lo pronto, dice, solo es una "forma de hacerse con dinero" que encontró por el camino.

3. Cooperativas fantasmales

Este sistema de redacción de tesis ajenas —que al nivel de escritores como Castro y Vallejo tiene una dimensión provisional, inocente— se puede convertir en algo preocupante cuando intervienen grandes holdings empresariales que se dedican a ello de forma casi industrial y que pueden resultar verdaderamente dañinas para el tejido de la Academia.

Para indagar en esta cuestión, hemos hablado con Alejandro, el dueño de empresas como Gabinete de estudios y Grados, másters y tesis (cuyo lema es, por cierto, "Aprobar es fácil").

Estas son dos de las numerosísimas webs que ofrecen en el mundo hispanohablante servicios de redacción de trabajos académicos, y las respuestas de su CEO dejan entrever un mundo que podría estar mucho más cercano a lo ilegal y a lo fraudulento.

Cuando le preguntamos por este aspecto, Alejandro afirma que en sus contratos se especifica que lo que venden son "guías para la redacción de una tesis doctoral" y que "prohíben el uso de terceros", por lo que si alguien decide usarlo para aprobar un doctorado ellos no se responsabilizan.

El problema es que Alejandro sabe que la inmensa mayoría de sus trabajos van a ser usados para cometer plagio.  

El método de "Gabinete de Estudios" y "Grados, tesis y másters" es sencillo: te pones en contacto con ellos a través de la web, pagas una suma importante de dinero, te adjudican uno de los 240 expertos que tienen en nómina y la tesis empieza a construirse.

Se especifica que lo que venden son "guías para la redacción de una tesis doctoral" y que "prohíben el uso de terceros", por lo que si alguien decide usarlo para aprobar un doctorado ellos no se responsabilizan

Según relata Alejandro, aunque sus empresas ya cuentan con varias denuncias por parte de clientes descontentos , no hay todavía ninguna proveniente de una Universidad —que es la entidad perjudicada— posiblemente porque es un proceso muy difícil de detectar.

Quizá lo más interesante del caso sea comprobar el enorme contraste entre esos "escritores fantasmas" que actúan de forma autónoma, como Castro o Vallejo, y redes internacionales como las de "Gabinete de estudios": por un lado, un trabajo provisional que realizan estudiantes para ir tirando; por el otro, un oscuro conjunto de empresas con ramificaciones en EEUU, España y Colombia que posee su propio bufete de abogados, colabora con la Universidad Complutense de Madrid y está desarrollando una rama supuestamente nueva de la medicina.

4. Y los remordimientos

Tiempo después de haber dejado de trabajar como "escritor fantasma", Rubén Vallejo presenció una situación inesperada: resultó que la persona para la cual había escrito la tesis doctoral era teniente de alcalde en un pueblo de Cádiz.

Así, escritor real y escritor oficial se encontraron en un par de eventos. Y entonces Vallejo pudo oírla hablar públicamente sobre el esfuerzo, la positividad y el trabajo.

"Para mí era un cortocircuito", dice Rubén. "Una cosa muy loca".

Quizá ella también se sintiera extrañada, incómoda. Quizá esa fuera la razón por la que, en el rato que duró su intervención, no pudo dejar de hablar de que "si deseas algo con todas tus fuerzas el universo entero conspira para que suceda".

Tal vez se sintiera observada por su fantasma.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar