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Sabina Urraca: “Algunos me exigen ser como Bridget Jones: siempre torpe y graciosa”

Hablamos con Sabina Urraca, autora de 'Las Niñas Prodigio', una novela tragicómica que explora de forma turbadora todas las etapas de la vida de la protagonista. Una niña fatal, magnética e imperfecta.

Imagen vía Fulgencio Pimentel

Sabina Urraca es mi libro favorito de Facebook. Consumo sus posts con una especie de avidez fantasiosa. Antes de dormir o al despertarme, me sumerjo hasta el fondo en esos letargos en los que Facebook solo sirve para procrastinar y nada más. Sabina siempre aparece ahí contándote alguna historia. Leo sus posts y me sonrío en silencio y sin contárselo a nadie, que es como se sonríe en Facebook. Le doy al corazoncito del ‘Me encanta’ porque me aún me intimida demasiado comentar. Luego, vuelvo a mis cosas: cambiarme las sábanas, buscar mis gafas, comprar pilas. Y Sabina sigue con las suyas. Supongo. Yo no la conozco y ella a mí tampoco.

Las niñas prodigio (Fulgencio Pimentel, 2017) es la primera novela de esta escritora y redactora (Tribus Ocultas, Tentaciones, Estado Mental, Broadly) que se coló en mi feed de Facebook, como una especie de personaje virtual, y que ahora ha tomado, en cierto modo, forma material. No la he visto. Pero, al menos, la he tocado. Su tapa es dura y en la portada aparece una niña, con una máscara, tocando la flauta dulce con las dos manos enyesadas. Las niñas prodigio, reza el título, con una tipografía que parece sacada de un álbum de psicodelia. De un caleidoscopio. Te gusta y te da miedo.

A ver, aclaremos dos cosas antes de empezar, Sabina. ¿Te llamas realmente Sabina Urraca y eres tú la niña de la portada? “Sí. Sabina Urraca es mi nombre real. Ahora es muy bueno, pero de pequeña era un infierno”. Y la de la foto no, no es ella: es su amiga Marta Altieri. “Soy súper ladrona de fotos de Internet, tengo carpetas con fotos de gente que igual no conozco”. Esa imagen le pareció especialmente inspiradora porque condensa, dice, el espíritu de las niñas prodigio. Niñez enyesada, sin manos, niñez tierna, pero solo a ratos; la infancia oscura y las perversiones de una protagonista insegura y perseguidora y deseosa de gustar. Las niñas prodigio son todo lo contrario a prodigiosas. Son magnéticas, tóxicas. Algunas tienen largas melenas, les crecen las tetas de formas distintas, se meten plátanos por las vaginas, son crueles, a veces; se encierran en baños, juegan con fuego, fuman y duermen y les atraen borrachos. La novela atraviesa las diferentes etapas de la vida de una niña con tintes tragicómicos.  

Sabina Urraca es todas esas niñas a la vez y ninguna. 

***

Sabina, el libro me ha dejado muy triste. Encantada, pero triste. ¿Cuál ha sido la reacción de la gente? Vi en un post de Facebook que una lectora te había recomendado ir a terapia.

Es un poco jodido porque hay una especie de exigencia a que sea graciosa. Hay gente que me ha dicho con el libro ‘hostia, me estoy riendo mogollón, es como oírte hablar’ pero luego avanzan y lo encuentran muy desagradable y se incomodan. Una chica me dijo que le parecía que el libro era realmente innecesario.

¿Crees que alguna gente se esperaba algo distinto? ¿Algo más parecido a tu Facebook?

Sí, no sé, ha sido como gente decepcionada porque no le he ofrecido las risas a las que igual están acostumbrados. Es como la gente que va a una obra del teatro con la idea de que te tienes que reír mucho y desde el primer momento ya sueltan una gran carcajada. Luego hay otra gente a la que el libro le ha removido, claro, y ha apreciado ese removimiento.

Es curiosa esa dualidad entre el personaje que puedes proyectar en Facebook y la realidad. O cómo se genera esa ilusión sobre quién es alguien realmente a través de las redes sociales.

Sí, en la novela he puesto mucho más de mí. Lo que yo escribo en Facebook es una especie de terapia mía para sacar las chispillas de la cotidianidad. La gente piensa que yo soy como me muestro en Facebook y cree que cuento toda mi vida personal. Pero, de hecho, no cuento nada. Preservo mucho mi intimidad.

¿Cuál es esa imagen sobre ti que te llega de la gente?

Es como de perpetua loquita. De repente me ven como una especie de Bridget Jones soltera y graciosa, siempre paseando con mi perrita por la ciudad. Pero la realidad es que no. Estoy mucho tiempo sola, en casa, seria, con colegas, tengo parejas aunque no me ponga a hablar de ellas por Facebook. Puedo estar terriblemente mal y escribir cosas graciosísimas por Facebook.

Captura de pantalla de Sabina Urraca

En alguna reseña he leído algo así como que el libro “explora la identidad femenina”. ¿Tú que piensas de eso? ¿Realmente lo crees?

No me planteé hacer algo sobre la identidad femenina. Era sobre la identidad de este personaje y da la casualidad que es una niña. Sabía que se iba a llamar Las niñas prodigio pero que iba a tratar de todo lo contrario. Esa aspiración de ser perfecta, ansiar el amor, esa búsqueda constante, ese quiero que me quieras y por eso te voy a limpiar tu casa y tu no vas a dar cuenta jamás. Me hace recordar de cuando Celia, la de los cuentos, empieza a hacer cosas para ser santa. Es casi una versión actualizada de ese capítulo con todas las diferencias, claro. 

¿Cuáles son esas niñas prodigio que te marcaron en tu infancia? ¿Nadia Comaneci? [Por la recurrente alusión que hace en el libro]

No, Nadia Comaneci vino más tarde. A mí me marcaron personajes como Annie, Shirley Temple, Punki Brewster. Llegaban y cambiaban la vida de otra persona. Casi siempre la de un hombre. Pero también los niños de Lluvia de Estrellas.

¿Te han preguntado ya si es un libro feminista o no feminista?

Me están escribiendo algunas mujeres para decirme que no se sienten nada reflejadas, como si fuera algo malo. No sé. A mí me encanta Limonov, de Emmanuel Carrère, y no tengo nada que ver con el personaje. También me han dicho algunas mujeres que el libro no es empoderador, pero depende de lo que tú entiendas por empoderador. Para mí leer una novela escrita por una mujer que me gusta y que me llegan los personajes o la historia, me parece empoderador. Yo no creo que sea un libro intencionadamente feminista, aunque creo que hay cosas que sí lo son. Pero también hay cosas que son muy duras. No es ningún manifiesto de cómo debe ser la vida.

A veces que parece por ser mujer se asume que tenemos que escribir un libro feminista y ya está. ¿Crees que esta tendencia masiva de lo políticamente correcto pone en peligro una parte de la creación artística?

Creo que la gente se pasa el día chupando artículos artículos y columnas de opinión, todo el rato, y está perdiendo, en cierto sentido, la noción de lo que significa la literatura, la ficción. parece que todo el rato tengas que estar sentando cátedra sobre algo. Un personaje puede ser terriblemente incorrecto. No podemos entregarnos a la ficción de lo políticamente correcto por completo. ¿Qué haremos, entonces? ¿Los teletubbies ? De toda la vida nos han hecho tilín, por ejemplo, personajes que son malvados, como el Joker de Batman.

Y tampoco quiero decir que esto solo le pase a la gente porque es tonta. Para nada. Me podría haber pasado a mí, yo a veces me encuentro con textos que me mueven el rollo del políticamente correcto y luego tengo que frenarme a mí misma y recordarme que es ficción. Es muy didáctico recordar eso. 

La exposición pública en redes también implica que el lector/fan esté muy cerca, a veces incluso demasiado. ¿Qué clase de comentarios te llegan a tu buzón de entrada? Algunos ya los compartes en tus redes y son un poco turbadores.

Me escriben de forma masiva tíos para quedar. Y también tías que quieren ser mis amigas y quieren quedar conmigo para tomar algo. Y eso también es un poco raro, porque en realidad yo no las conozco de nada. Los hombres suelen ser como señores “caballeros” que dicen que caen rendidos a tus pies y que quieren quedar contigo. Y yo solo pienso que no voy a quedar con ellos nunca y que, además, me dan miedo. Todo con educación, a veces de risas. Una vez me llegaron a llamar, pero ya me he quitado mi número de teléfono del blog.

Yo te conocí a través de Facebook. Y entiendo que tú a otros autores también. Ahora que se habla tanto de los millennials [para mal] y eso de que solo pensamos en likes o redes sociales. ¿Te sientes parte de esa etiqueta? ¿Te incomoda?

Yo sí me siento bastante millennial en el sentido de que uso mucho las redes sociales. Sigo leyendo en formato escrito, pero me interesa muchísimo todo este nuevo lenguaje que se está creando. Es sencillamente otro tipo de literatura. Yo leo cosas en Facebook que me emociona igual que lo haría una novela. A mí me parece perfecto todo este fenomeno y creo que aporta muchísimo valor. Aprecio muchísimo Instagram también porque ha creado un imaginario distinto. Es otra cosa. Solo tenemos que adaptarnos.

¿’ Las niñas prodigio’ hubiera sido distinto si hubiera sido un libro escrito en la ciudad? [Sabina Urraca se fue cerca de un año de retiro a un cortijo para escribirlo, alejada de la civilización, en la Alpujarra]

Sí. Hubiera sido distinto. No era tan valiente. En la casa estaba muerta del frío, tenía que cortar leña, aprendí a encender el fuego. Todo eso influye y sobre todo influye el hecho de estar sola. La dueña de mi casa, que era una señora muy guay de 60 años y alma de hippie, me advirtió: “Ya verás, esta casa es como un espejo”. Y fue así. Porque estás permanentemente mirándote a ti. Recuerdas cosas, imaginas cosas, la mente viaja deprisa, eres capaz de crear ficciones más rápido porque estás en un entorno casi mágico. Estuve ahí cerca de un año. A veces, era agotador.

Captura de pantalla del Facebook de Sabina Urraca

Y más allá de este aspecto místico, realmente te fuiste de Madrid por unas cuestiones económicas. En algunas post de Facebook has denunciado varias veces la precariedad de pretender vivir en Madrid como redactora.

Sí. Esto es algo muy importante porque atraviesa todo lo que yo hago y es la precariedad laboral. Había gente que decía ‘ Oh, retirarse al campo para escribir, qué bien’. Pero yo me fui porque realmente no podía escribir un libro de otra forma. Yo me fui al campo para poder vivir casi sin trabajar. Ahí pagaba 100 euros de alquiler con todo incluido, pero para que te hagas una idea no había ni agua corriente dentro de la casa.

Es decir, esa sensación de que las cosas te va bien y te leemos por todos los lados no se corresponde con tu economía. 

La fama en Internet es relativa. Porque de repente hay mucha gente que sabe quién es Sabina Urraca y nos reconocen por la calle a mí o a Murci [su perra], pero luego llegas a casa y ves que sigues siendo pobre o piensas “mierda, no puedo castrar a la perra porque no tengo dinero”. Como freelance vivo en una situación que es bastante infame. Una de las cosas que más me duele de mi vida es que, al hacer repaso de lo que me deben, te encuentras con cosas que si no reclamas nunca te las pagarán.

Oye, y con todo el asunto de Marichalar tu nombre apareció hasta en Vanitatis. ¿Cómo quedó toda esa historia? [Sabina Urraca escribió un artículo en el que relataba su experiencia a bordo de un BlaBlaCar con el ex cuñado de la infanta Elena. En el artículo describía de esa casta burlona y rancia que abunda en la vieja aristocracia española]

Yo un día vi que salía en Lecturas mi foto, una foto que me había hecho mi padre, y había montajes y la gente en el supermercado venía a hablarme. Todo un disparate. Me citaron en un acto de conciliación en el que él no se presentó y en el que me pedían 30.000 euros para evitar denuncia. Obviamente yo firmé que no voy a pagar nada. Yo vivo al límite, no tengo ni un duro, ¿cómo voy a pagar 30.000? ¿Están locos?

Del fanzine 'Tus faltas de ortografía hacen llorar al niño dios'

De hecho yo creo que la primera vez que vi una foto tuya fue en una revista del corazón. Hasta entonces me daba la sensación de que habías tratado de preservar mucho tu imagen pública. Tu cara.

Es verdad. Tampoco era que me ocultase, pero no publicaba muchas fotos de mi cara. Había gente que pensaba que yo era un tío gay que escribía en femenino (risas) o haters que me decían que tenía que ser “super fea y por eso me escondía”. O al revés: “que seguro que estaba súper buena”. Luego, entre todo el tema de Marichalar y que se acercaba la publicación del libro, ya me empezó a dar un poco más igual.

En 2014 publicaste un fanzine, Tus faltas de ortografía hacen llorar al niño Dios, una especie de manual pornortográfico a partir de ilustraciones y textos tuyos. ¿Piensas volver a dibujar? ¿Te gustaría volver a ese ámbito de la autoedición?

Eso surgió un poco como broma, como una tontería que se fue de madre. En realidad era una coña, pero la gente se lo tomó muy en serio. Hace dos años que no hago ni un dibujito, pero en realidad me gusta dibujar porque me exijo menos que escribiendo. No lo paso tan mal. Dibujar es relax total. Me gusta esa parte de las historias así rápidas, sencillas y luego venderlas en una feria. Me gustaría mantener ese mundo del fanzine. De hecho, es curioso, pero ese fanzine, es lo que me permitió dejar el trabajo en la televisión [como guionista] y dedicarme solo a escribir.

 

Veo que una vez compartiste una canción de Tronco en tu muro, el grupo de la ilustradora Conxita Herrero. ¿Qué otros autores de fanzines sigues?

¡Un montón! Muchos. Tengo una estantería llena. Me gusta mucho Conxita Herrero, María el Problema o Roberto Masó.

Hablando de lo pequeño, del mimo de la autoedición. Imagino que, en todo caso, editar tu libro con una editorial como Fulgencio Pimentel se parece bastante. Lo digo por el detalle de esas ediciones pequeñas, pero inmensamente cuidadas.

Sí. Ha sido genial. La primera vez que quedé con mi editor llegué una hora tarde porque pensaba que era una charla informal. Luego, pensé, "Sabina, ¿qué has hecho? Este hombre es un editor y quiere editarte y has llegado una hora tarde'. A partir de ahí todo fue genial. Hubo como una conexión desde el principio y todos queríamos las mismas cosas. Han estado ahí todo el rato y eso que ha sido un proceso bastante doloroso. Escribir es muy doloroso. Cada vez que empiezo a escribir algo pienso que no voy a saber. En el cortijo tenía todas las uñas llenas de tiritas de no parar de mordérmelas.

Para acabar: has pasado por televisión y publicidad. ¿Definitivamente te quedas con la escritura?

Me gustaría que se me viera con una escritora. Pero siento que, a veces, cuando haces muchas cosas y te vuelves medio inclasificable cuesta que te tomen en serio. Esto lo hablé con Elvira Lindo en una entrevista. Decía que el hecho de haber hecho muchas cosas (guión, novela, hasta actuar en la serie 7 Vidas) era un motivo por el que le había costado más que la tomaran en serio. Yo no creo en los escritores como esos seres melancólicos encerrados todo el día en casa. A mí me encanta disfrazarme de chulapa, cantar con un grupo de colegas de vez en cuando, escribir en Facebook cuando me apetece. Me da miedo quedarme con la etiqueta de "loquita" y ya está.

***

Las niñas prodigio se presenta el 5 de julio en Barcelona y el 6 en Valencia.

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