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“Bombón no es una mujer”: genial campaña contra el acoso sexual en CDMX

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Bajo el hashtag #AcosoNo, la editorial Larousse ha hecho esta campaña para denunciar cómo el lenguaje puede ser un instrumento que naturaliza las agresiones a las mujeres

eudald espluga

08 Agosto 2017 11:38

La pedagogía necesaria para luchar contra la violencia machista pocas veces toma una dimensión tan literal como en la campaña que ayer lanzaba en Ciudad de México la editorial francesa Larousse. Bajo el lema "conocer te cambia la vida", y el hashtag #AcosoNo, colocaron una serie de carteles en el metro en los que las definiciones del diccionario apelan directamente a los acosadores.

Mundialmente conocida por sus diccionarios y enciclopedias, Larousse ataca la naturalización del acoso en el lenguaje, aclarando que "bombón es un dulce esponjado de azucar. No una mujer" o, simple y directamente, que "No es no". Pero también va más allá, y arremete contra los acosadores dejándoles claro en que definición de su diccionario encajan mejor: "repulsión: lo que provocas cuando acosas a alguien".

Se trata de una acción de Larousse Latinoamérica que se enmarca en el contexto más amplio de la campaña #NoEsLoMismo, lanzada en 2016, que aprovecha algunas incorrecciones típicas para crear divertidos mensajes que ayudaran a la gente a recordar el uso normativo de ciertas palabras. Además de en carteles, podían encontrarse pintando en las paredes o en pasos de cebra afirmaciones como "la diferencia entre hierba y hierva es su legalización" o "no es lo mismo iba que iva. Esa 'v' te sale cara".

Como era de esperar, cuando los ciudadanos descubrieron los carteles que se habían dispuesto por todo el sistema de transporte de la ciudad, empezaron a fotografiarlos para viralizar la campaña, de modo que en pocas horas Twitter se lleno con imágenes de los mensajes.

Por supuesto, tampoco tardaron en salir quienes reprochaban a la campaña sus supuestos errores. Especialmente, destacaba una acusación: que el diccionario de la RAE sí recoge el uso coloquial de "bombón" para referirse a una "persona joven especialmente atractiva".

Esta reacciones, que repetían el aburrido ñe-ñe-ñe del cascarrabias que se siente ofendido por cualquier acusación que lo haga corresponsable de las agresiones a las mujeres, se negaban a entender que Larousse no estaba ofreciendo las definiciones reales de las palabras, sino denunciado la violencia que encubren ciertos usos: ni sus diccionarios definen la falda como "una prenda de vestir que no debería usarse con miedo" ni afirman que "un objeto es una cosa materia. Una mujer es una persona. Que quede claro".

Porque no, la campaña de Larousse no intenta hacer pedagogía del uso normativo del léxico, sino denunciar que ni las palabras ni el diccionario —tampoco la RAE— deben ser instrumentos para la naturalización del acoso.


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