Books

Recogió a Tolstoi de la basura; luego construyó una biblioteca impresionante

Todos los libros de Gutiérrez los ha cogido de la basura. No creerás la biblioteca que consiguió construir

( Pacifista colombia / Youtube)

Imagina una biblioteca que, en lugar de prestarte los libros, te los regalara.

Pues bien, esta biblioteca existe y se llama El poder de las palabras. Es la creación unipersonal de José Alberto Guitérrez, un héroe hasta ahora anónimo que recorría las calles de Bogotá con su camión de la basura recogiendo los libros que la gente decidía tirar.

Como relata él mismo en la Revista Arcadia, todo empezó en 1997, con un ejemplar de Ana Karenina abandonado a su suerte, que el ahora conocido como “Señor de los Libros” decidió rescatar junto con otros textos que encontró en una caja.

Salvar a Tolstoi de la destrucción fue solo el principio: abrió la puerta a tantos otros novelistas, poetas y ensayistas que encontraron refugio en la casa de este colombiano de 54 años.

Sin embargo, la historia no termina con José Alberto Gutiérrez atesorando libros en su casa. Este proyecto de salvación masiva no responde a una suerte de complejo de Diógenes aplicado a los libros, sino que plasma la confianza del Señor de los Libros en el poder transformador de la literatura.

De entrada, el catálogo se convirtió en un referente para los vecinos del barrio, que empezaron a acudir a su residencia para pedir libros para que sus hijos pudieran estudiar. Poco a poco, el proyecto fue creciendo y terminaron convirtiendo primer piso de su casa en una biblioteca abierta al público general.

El inesperado éxito de su proyecto se convirtió en una “bonita maldición”, dado que, con el reconocimiento por parte de las autoridades locales y nacionales, llegaron también un montón de donaciones.

Por ello, José Alberto y su esposa, Luz Mary Guitérrez, quien se encarga de reparar los libros en mal estado en su “hospital de letras”, decidieron recorrer las zonas más pobres de Colombia regalando libros. No solo les llaman de las escuelas públicas que no disponen de suficientes recursos, sino que incluso recibieron peticiones de guerrilleros de las FARC.

El caso del Señor de los Libros pone sobre la mesa un debate interesante: ¿qué hacer con los libros cuando ya no podemos tenerlos en casa?

Esta no es una preocupación exclusiva de los particulares. También las bibliotecas públicas, cuyo espacio es limitado, se ven obligadas a deshacerse de sus fondos. Sin embargo, echar libros a la basura no es solo doloroso por lo simbólico del gesto, sino que, como muestra el caso de los Gutiérrez, es problemático porque los libros no nos sobran.

¿Deberíamos tratar no solo el acceso a la cultura, sino también el acceso a los libros, como un problema de justicia distributiva? En parte ya lo hacemos, al menos en relación a los libros de uso escolar. Pero quizá la historia del Señor de los Libros debería ayudar a ser conscientes del universo de posibilidades que se cierra cada vez que tiramos un libro a la basura.

( Vía Revista Arcadia)

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