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Si tus vecinos también hacen mucho ruido cuando tienen sexo, esto te interesa

Proust tenía el mismo problema, ¿cómo lo solucionó?

Mientras que necesitó siete volúmenes y más de 3.200 páginas para relatar una de las novelas autobiográficas más importantes de la literatura, parece que Proust apenas empleó un folio tamaño DIN A4 para quejarse de los bramidos de sus vecinos mientras mantenían relaciones maritales.

Jean Bonna, recolector de literatura francesa, va a sacar a subasta una serie de documentos inéditos. Entre ellos se encuentran diarios de Flaubert, correspondencias de Victor Hugo y el texto de Proust al que hacemos referencia.

El 26 de abril se venderá al mejor postor la que ha sido considerada como la carta más divertida de la colección. Proust, que vivía de alquiler y tenía el sueño ligero si no recibía el beso de su madre antes de acomodarse entre los brazos de Morfeo, señaló que sus convecinos hacían mucho ruido.

“La primera vez que lo escuché pensé que era un asesinato”, señala Proust en un alarde del manejo de la hipérbole.

No obstante, en este punto hay que reprender la cobardía del autor de En busca del tiempo perdido. Cobardía, decimos, porque Proust, en vez de escribir a los causantes de tales voceríos, se puso en contacto con Jacques Porel, el hijo de su casero.

Y es que esta carta revela más rasgos de su personalidad que los tres millares de páginas que componen su obra cumbre. Proust también era un envidioso: “Más allá del ruido, los vecinos hacen el amor cada dos días con un frenesí que me pone celoso.”.

Con lo cual, de lo que hemos podido leer, extraemos un par de conclusiones: Proust era un poco delicado y celosillo. Lógico, por un lado, sabiendo que Combray, el pueblo en el que se desarrolló su infancia, era prácticamente un cementerio en lo que a ruido se refiere.

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