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“Fui agredida sexualmente por un editor de poesía”

Gracias a una iniciativa de Ana Palaniuk, decenas de escritoras denuncian el chantaje, la humillación y el acoso sexual que han sufrido en las jams y recitales de poesía de Madrid

«¿Qué cojones podemos hacer para que ninguna escritora tenga que volver a enfrentarse a humillaciones, desigualdad o acoso sexual?»

Es lo que nos preguntábamos en este reportaje hace algunos meses, cuando publicamos el testimonio de un grupo de poetas españolas que en el ámbito de los festivales literarios habían sufrido violencia de todo tipo: insultos, paternalismos, tocamientos, alusiones al físico, abuso de poder y chantajes.

Pero lo cierto es que ni esta duda ni este infierno al que se someten las poetas de nuestro país terminaban ahí:

"Desde que entré en el mundillo poético, hará cinco o seis años, poetas con los que he charlado de poesía han terminado mandándome fotos de sus pollas. Grandes poetas muy admirados me han dicho que sólo me harían un prólogo si me acostaba con ellos 'porque así me conocerían en profundidad."

Este es uno de los testimonios anónimos que Ana Palaniuk ha recogido y publicado recientemente en su cuenta de Twitter, con el objetivo de visibilizar una situación demasiado cotidiana que inexplicablemente nadie parece denunciar.

Todo empezó cuando a finales de julio Ana decidió a contar la experiencia por la que tuvo que pasar cuando frecuentaba un bar de Malasaña en el que se celebraban jams poéticas.

Ana tiene 22 años, es estudiante de Comunicación Audiovisual y "Palaniuk" es su pseudónimo. Según relata a PlayGround, ella empezó a escribir a los nueve años tras vivir una dura experiencia familiar. En ese momento, Ana leía a Gloria Fuertes y la poesía no sólo se convirtió en su refugio, sino también en el género que más libertad y comodidad le brindaba.

Sin embargo, el año pasado, Ana tuvo que parar de escribir temporalmente. Y aunque lo que cuenta no fue el único motivo por el que decidió dejarlo, contribyó a que se distanciara del mundo de la poesía.

A pesar de la amabilidad que Ana narra en esos tuits, muy pronto la cosa cambió. El hombre al que se refiere empezó a proponerle que se vieran en su casa. Le hacía preguntas sexuales y, aunque Ana dejó claro que no quería nada con él siguió insistiendo, simpre mezclándolo con la posible publicación.

Tras compartir esta experiencia en redes, Ana recibió la solidaridad de otras escritoras que habían sufrido experiencias sospechosamente parecidas.

"Nada más contar mi experiencia, otras chicas me comenzaron a escribir y abrirse explicando que ellas también habían sufrido situaciones similares", nos cuenta. "Ahí es donde me pitó la alarma: tenía que saber si estas personas eran las mismas, si realmente es la norma y qué podía hacer para convertir estos espacios que tanto nos gustan en un sitio seguro para todas."

Recoger los testimonios y publicarlos de forma anónima, dice, "me parecía una forma sencilla de denunciar que hay determinados hombres que consideran el arte y su posición en él como un vehículo para chantajear a chicas (normalmente jóvenes y principiantes) con fines única y exclusivamente sexuales"

En menos de una semana, Ana ha difundido más de 30 relatos con el testimonio de escritoras que han sufrido situaciones denigrantes. Estos son algunos:

"Puede que ambas hablemos del mismo garito de Malasaña. Yo participé en pocas jams, pero una de las veces que recité, un hombre que no conocía (y que ni siquiera me había escuchado leer), rápido se me acercó para decirme que tenía unos ojos muy bonitos y que si estaría interesada en publicar. Yo realmente pasé bastante del tema porque apenas tenía material, pero el hombre como que no, instente tras darme su tarjeta. Para mi desgracia era también asiduo al local y cada vez que coincidíamos era incómodo, porque seguía insistiendo en su interés personal (relatándome incluso sueños eróticos que afirmaba haber tenido conmigo)."

"Fui agredida sexualmente (cosa de lo que yo no me di cuenta hasta que pasó el tiempo) por un editor de poesía."

"Un hombre se me acercó después de recitar en Aleatorio para decirme que le había gutado mucho. Yo no le di mayor importancia porque se me habían acercado otras personas. Me prometió el cielo: él iba a conseguir que todo el mundo me conociese, sería famosa en el mundo de la poesía y acabaría publicando un libro. Le dije que no me interesaba para nada. pero erre que erre. Me insistió mucho y al final tuve que ponerme muy borde para que me dejase en paz. Me buscó por redes y al darme cuenta del stalkeo le bloqueé de todas partas."

"Hay en Valladolid un fotógrafo que también frecuenta recitales poéticos. Decía que me había oído y que le encantaría hacerme una sesión de fotos literaria. Quedamos, charlamos sobre la sesión, todo fue muy normal. Era un hombre mayor. Empezó a mandarme mensajes a deshoras muy confusos. Empezó a decirme que podríamos hacer la sesión desnudos, que el estudio estaba en su casa, que me invitaba a una botella de vino para estar más cómoda. Mensajes constantes, comentarios en todas las fotos. Al final le dije que no. Ha ido contando que soy una calientapollas. Esto pasó hace dos o tres años y aún dejo de ir a recitales si sé que tal vez esté él."

"Empezó a tontearme por Twitter, quedamos en un conocido bar de jams de Malasaña para tomar algo y, cuando nos fuimos, le dejé cerca del trabajo de mis padres porque me dijo que vivía allí. Cuando se debía bajar del coche, en lugar de darme dos besos como despedida, se sacó el pene e hizo ademán con la mano en la cabeza para que bajara a realizarle una felación. De malas formas, le eché del coche y me fui corriendo y dejé de escribir y de acudir a Jams para no encontrármelo".

 Leyendo estos testimonios resulta sorprendente comprobar los paralelismos que existen entre buena parte de ellos: ir a un recital; esperar a que termine la lectura; abordar a la víctima; halagarla, prometerle, engañarla; y si la manipulación no funciona, si con el abuso de poder no es suficiente, pasar directamente al acoso sexual; a la violencia física y verbal, a la humillación, al insulto.

De ahí la importancia del trabajo de Ana y del resto de poetas implicadas en desvelar estas experiencias con el propósito de que nadie más tenga que pasar por ellas. Lo que ellas quieren, en realidad, es poder seguir escribiendo, leyendo en público y asistiendo a jams con total libertad.

Tal y como declara Ana a PlayGround, para ella un espacio seguro no es necesariamente un espacio no mixto.

"Obviamente en un espacio no mixto sé que no voy a recibir agresiones, pero quiero pensar que podemos contruir entornos seguros entre todos." Dice creer en la posibilidad de transformar los espacios y las personas: "cuando hablo de convertir los sitios poéticos en espacios seguros, busco que las mujeres puedan ir a él sin miedo a ser agredidas, sabiendo que ahí van a poder disfrutar y sentirse respaldadas en caso de tener algún problema."

En los testimonios aparecen citados explícitamente algunos bares en los que se celebran jams y recitales. Uno de ellos, de hecho, es el Aleatorio, de Madrid. Tras conocer la publicación de los testimonios, desde la direccion del Aleatorio leyeron y publicaron una reflexión autocrítica, que se puede encntrar entera aquí.

"Llevamos varios días leyendo el silencio de muchas (muchísimas, demasiadas) compañeras. Un silencio agotado de callar, cansadísimo del mirar para otro lado, de asumir una vergüenza que solo debería ir en masculino del plural."

Por su parte, Ana ha insistido en que no quiere que su iniciativa se malinterprete y sirva para estigmatizar las jams de poesía, a ciertos festivales o a sus participantes.

"Hablo de este mundo con todo el cariño con el que puedes hablar de tu propio hogar", y añade: "una jam de poesía de por sí es un sitio empoderante para cualquier mujer, al fin y al cabo tenemos un micro para nosotras y la posibilidad de contar lo que queramos, ¿por qué eso se tiene que convertir en un espacio en el que sufrir acoso de forma habitual tan sólo por nuestra condición de mujer?"

Antes de despedirse, añade: "quería agradecer a todas las chicas que han compartido sus experiencias por ser tan valientes y animarse a dar el paso. No estáis —ni estamos— solas."

Y no le faltan razón a sus palabras: sus voces son las que nos impiden, ante tal violencia, seguir mirando hacia otro lado.

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