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Ricardo Piglia se resiste a morir

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No pudiendo retrasar su muerte, sí que hizo lo que pudo para retrasar el fallecimiento de Emilio Renzi

Alberto Del Castillo

23 Marzo 2017 19:35

Pelo alborotado, ceja izquierda levantada, media sonrisa y ojos orientados hacia un libro que sostiene con ambas manos. Todo en blanco y negro. Así es la caricatura que ocupa una pared entera de la cafetería de la Biblioteca del Congreso de Buenos Aires, recientemente bautizada como Bar Piglia.

Desde los organismos públicos argentinos han querido rendir honores al escritor de Plata quemada a través de lo que parece un homenaje post mortem. Y decimos parece y no es porque el cambio de nombre estaba previsto desde antes de su muerte.

“Un anexo del lugar donde vivo, una mezcla de escritorio y sala de recibo”, de esta manera definió Ricardo Piglia los bares en Los diarios de Emilio Renzi. Como el Café de Flore de Paris para Hemingway, Capote o Durrell. Así era para Piglia la cafetería de la Biblioteca del Congreso cuando escribía Respiración Artificial durante la dictadura de Videla.

Y sobre estos días le pidió María Teresa García —presidenta de la Comisión Administrativa de la Biblioteca— a Piglia que escribiera con el fin de hacer un ciclo literario de nombre Palabra viva que inauguraría el escritor argentino en el bar que llevaría su nombre.

La apertura del bar fue concebida como si Piglia fuese a entrar por la puerta en cualquier momento: se sirvió ginebra, la bebida fetiche del escritor argentino.

Durante el evento se leyó el texto que dejó escrito para la ocasión:

«Tarde en la noche, yo me refugiaba en la Biblioteca y rastreaba a esa figura esquiva y aventurera. Tomaba notas frenéticas y leía periódicos y correspondencia de la época y otros materiales que encontraba con facilidad. El salón de lectura estaba bien calefaccionado y uno tenía la ilusión de que estaba a salvo ahí entre libros. No sé por qué pensaba que los militares no iban a irrumpir en el recinto».

Texto que, según el diario Clarín, contiene las últimas líneas que escribió Piglia antes de morir.

Del cómo en la escritura de estas líneas se ha hablado mucho. Desde que se le diagnosticase la Esclerosis Lateral Amiotrofica, Piglia convirtió su proceso de escritura en una técnica más compleja que la del soldado en la novela de Dalton Trumbo.

A un ritmo de doce horas al día, los siete días de la semana y con cinco asistentes, Piglia dictaba, escribía, reescribía y ordenaba las páginas de los más de trescientos cuadernos con la ayuda de un ordenador en el que escribía con la mirada.

Bajo este mecanismo de laburo, Piglia dio forma a seis libros que deben ir viendo la luz en los próximos años. Como resistiéndose a morir. Programando con su editorial las fechas en las que deben ir apareciendo los títulos.

Como resistiéndose a morir. O, como dijo Jorge Carrión en el obituario que publicó en The New York Times: “Como si siguiera vivo: continuamos esperando sus próximos libros”

Piglia habló con Leila Guerriero sobre la sensación de terminar una novela. “Uno se queda medio vacío, con una sensación extraña, en el sentido de que algo que era un centro en la vida de uno, algo que estaba vivo, algo a lo que se podía volver, ya no está. Y cuando eso se termina hay algo que se cierra”.

Algo parecido le pasa al lector, a pesar de que Borges dijera aquello de que “la literatura no es agotable, por la suficiente y simple razón de que un solo libro no lo es”. Y, quizás sobre esto tuvo miedo Piglia, que, no pudiendo retrasar su muerte, sí que hizo lo que pudo para retrasar el fallecimiento de Emilio Renzi.

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