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Los asesinos de Pier Paolo Pasolini no consiguieron arrancarle la lengua

Con la muerte de Pino Pelosi, el supuesto asesino del poeta, el misterio de su muerte permanecerá indescifrable

(Getty)

El 21 de octubre de 1975, doce días antes de ser asesinado, Pier Paolo Pasolini participó en una conferencia celebrada en la ciudad de Lecce sobre culturas y lenguas minoritarias en Italia.

Sería su última intervención pública.

"Debo deciros que yo no sé hablar, que no sabría como dar una conferencia o una clase, así que diría de pasar al debate casi de forma inmediata."

Con estas palabras se disculpaba el escritor italiano, prescindiendo de todo preámbulo académico, antes de empezar a recitar unos versos en los que se dirigía a un joven. A un joven fascista.

" Toma esta carga,

muchacho que me odias,

y llévala tú. Es maravilloso.

Así yo podré seguir caminando, liviano,

eligiendo definitivamente

la vida, la juventud."

Apenas dos semanas después, el día 2 de noviembre, un joven de 17 años llamado Giuseppe 'Pino' Pelosi atropellaba a Pasolini con un Alfa Romeo.

Matar a Pasolini...

En una primera versión, Pelosi declaró que lo había matado en defensa propia.

"Me propuso comer alguna cosa y magrearnos un poco", explicó el acusado. Aunque accedió a la petición, se arrepintió en el último momento, avivando así la supuesta furia de Pasolini, que habría amenazado y golpeado al joven. Se enzarzaron entonces en una pelea, que terminó brutalmente con la huida de Pelosi pasando por encima del cuerpo del poeta con el coche.

Sin embargo, esta primera versión tuvo poca credibilidad. No solo porque Pasolini fuera conocido por su aversión a la violencia física, sino porque el brutal ensañamiento que revelaba el cadáver del italiano difícilmente encajaba con la descripción de la pelea. 

(Giuseppe 'Pino' Pelosi)

Ya en 2005, en una entrevista para un programa televisivo, Pelosi cambió su versión: a Pasolini le habrían matado tres hombres desconocidos, "de 45 o 46 años, con acento del sur, calabrés o siciliano. [...] Uno de ellos, con barba, me golpeó y me amenazo a mí y a mi familia si hablaba; los otros dos sacaron al señor Pasolini del coche y empezaron a golpearle con una violencia inaudita."

Aunque Pelosi dijo se había decidido a contar la verdad porque ahora que ya no se sentía amenazado, este último relato tampoco llegó a convencer.

Ahora, Giuseppe 'Pino' Pelosi está muerto.

Murió hace pocos días, con 59 años, a causa de un cáncer. Murió llevándose con él la posibilidad de esclarecer lo que pasó realmente la noche del crimen y dejando el caso abierto para siempre: ¿un grupo ultraderechista? ¿un crimen común? ¿servicios secretos?

Para hacernos una idea de quien era Pasolini en el momento de su asesinato, y de la incomodidad que causaba su figura, basta con recordar la frase que le dedicó el líder de la derecha democristiana, Giulio Andreotti: "se lo ha buscado".

Sin embargo, para entenderlo de verdad, es necesario volver a sus últimos días, a recordar la viveza de su pensamiento. En Vulgar lengua, el libro que recupera Libros del Salmón, y que transcribe su última aparición en público, encontramos a un Pasolini desesperanzado y, por eso mismo, combativo. Un Pasolini áspero, intransigente y trágico.

...y arrancarle la lengua

El poema con el que empieza la conferencia tanto podría estar dedicado al joven que fue Pelosi como a sus supuestos asesinos, ya fuesen fascistas o hombres de estado.  

Con estos versos, Pasolini procalamaba que quería reapropiarse de unas ideas que habían sido secuestradas por la derecha fascista: la defensa de la tierra, de la lengua, de la cultura.

"Como he demostrado en la poesía que os he recitado, no tengo miedo a exponerme a ser tachado de reaccionario y conservador. [...] La verdad debe decirse a cualquier precio, y con independencia del precio que deba pagar, yo afirmo que la sonrisa de un joven de hace diez años era la risa de felicidad, mientras que hoy en día es un infeliz y un neurótico."

Se sabe nostálgico, y adopta conscientemente un discurso tradicionalista y antimoderno que sus interlocutores toman por la defensa de una perdida Arcadia del lumpenproletariado.

"¡Nada que ver con la Arcadia!", contesta el autor de Cartas luteranas, "la Arcadia es quien confía en las ideas progresistas de hace diez años, que colmaban sus conciencias de una enorme plenitud democrática, de gran tolerancia, y que en cambio ahora se han revelado huecas, vaciadas."

En un poema recogido en La nueva juventud, expresaba la misma idea:

"El pueblo era trigo que no muere.

Ahora comienza a morir. Alguien

ha tocado su alma. Hombre y chicos

viven, feos y tristes, como en un sueño."

Para comprender la nostalgia de Pasolini, basta con pensar en los escenarios de su segunda película, Mamma Roma, en la que se describen tanto la miseria de los bajos fondos romanos -que son presentados con inevitable simpatía-, como las aspiraciones pequeñoburquesas que terminan corrompiendo al lumpen.

Unas aspiraciones que, defiende el italiano, serían las que habrían degenerado la lucha revolucionaria.

(Fotograma de 'Mamma Roma')

El vehículo de este proceso de desarmamiento cultural y político de la clase obrera habrían sido el progresismo democrático, los medios de comunicación de masas y el triunfo incontestable del modelo de vida consumista.

"Antes, los hombres y las mujeres de los arrabales no sentían complejo alguno de inferioridad por el hecho de no pertenecer a la clase privilegiada. Sentían la injusticia de la pobreza, pero no tenían envidia del rico, del acomodado. Es más, lo consideraban un ser inferior."

El elemento que le permite estructurar toda su crítica a la sociedad italiana es la lengua, "la vulgar lengua". Es decir, el habla idiosincrática de los pueblos, que podía escucharse en ferias de ganado, mercados, estaciones e iglesias antes de la llegada del "italiano horrible de la televisión".

La estandarización de la lengua marca el crepúsculo de giros lingüísticos particulares, de acentos marginales, de formas de hablar ligadas al territorio, al trabajo, a las naciones que componen Italia. Para Pasolini se trata de un proceso de "aculturación", de la pérdida irremediable de una forma de habitar el mundo que nos conectaba con lo mítico, lo épico y lo sagrado, con la naturaleza y una profundidad que está más allá de "la apariencia inanimada, mecánica, de las cosas".

Recuperar la lengua era para el poeta una forma de recuperar la tierra, de recuperar el espíritu antiburgués que la juventud habría perdido tras su civilización. La suya era una lucha con el cuerpo, con la sangre y con la lengua: sus reivindicaciones académicas no tenían nada de frívolo, como no lo tenía su poesía -y resistía a que ésta fuera convertida en un producto, en algo fácilmente consumible-.

"Yo no juego a dos bandas -la de la vida y la de la sociología-."

Por eso, para tratar de arrancarle la lengua, de hacerlo callar, tuvieron que matarlo.

Vulgar lengua es una de las muchas pruebas que demuestran que no lo consiguieron.

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