Books

Octavio Paz, cállese que está jugando México

Por muy Nobel que sea, ¿no tenía usted otro maldito momento para invitarme a comer?

Lo cuenta Charles Simic en uno de los artículos que recopila en Días cortos y largas noches (Valparaíso Ediciones) y no es nada difícil empatizar con él.

El poeta estadounidense de origen serbio todavía maldice el martes 28 de junio de 1994. Más concretamente, maldice la invitación a almorzar que aquel mediodía le hizo Octavio Paz en Ciudad de México. Las dos horas anteriores habían ido bien: vino y charla sobre literatura y arte.

Entonces, "para sorpresa y angustia" de Simic, este descubrió la intención que tenían Paz y la mujer del mexicano. Invitarle a comer a un restaurante francés.

Francés y vacío, porque Paz no podría haber elegido un momento más inoportuno. Simic, adicto al fútbol, no entendía por qué Paz no podía simplemente encender el televisor de casa y sacar algo de comer mientras veían a México jugarse el pase a octavos del mundial de Estados Unidos contra Italia.

Quizá Simic fantaseó, justo antes de entrar en aquella inerte colección de mesas y sillas, con que alguien se les aparecía en la puerta al grito de ¡No pasarán!, el famoso poema que Paz escribió para la República española. Además de un eslogan guerrero, podría haber sido muy útil en aquel momento, pero ni poema ni niño muerto: pasaron. Y allí estaba Simic condenado por un premio Nobel a discutir sobre Heidegger con un señor de 80 años mientras era torturado por los gritos que venían del exterior del restaurante. Unas veces eran gritos ilusionados y otras alaridos de puro miedo, pero lo que estaba claro es que en las calles, en las plazas con grandes pantallas, se estaba viviendo algo más apasionante que analizar el pensamiento de un alemán que había estado afiliado al partido nazi hasta el mismísimo final de la guerra.

Nuestro Simic hizo lo que hay que hacer en un caso así, ir a mear o hacer que vas a mear. Hoy sería para mirar el móvil, pero en 1994 el poeta usaba como Twitter los gritos y las caras de los trabajadores que veía al pasar por la cocina. Allí estaban todos viendo el decisivo México-Italia, seguramente habiendo echado a suertes no tener que servir su única mesa aquel día.

Finalmente, México lo consiguió.

Simic no.

Pero Paz menos aún: nuestro héroe confiesa no recordar nada de lo que le dijo el mexicano en aquella maldita comida.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar