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Nadie soporta a este tío

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Una escena tragicómica en la graduación del sobrino del rey de España #FICCIÓN

Diego Álvarez Miguel

13 Julio 2017 06:01

—Me dice: «¿Me da un euro para comer?» Y yo le digo: «Claro, ¿tienes cambio de veinte?»

—Ja ja ja.

Froilán se echa el puro a la boca satisfecho de su broma.

Dos de sus amigos se ríen algo desubicados, no porque no les haga gracia la broma, sino porque todavía no la han pillado.

Saben que no hace falta. Nunca les ha hecho falta comprender las cosas, basta con dejarse arrastrar por la corriente. Ellos pertenecen al grupo y el grupo les pertenece a ellos. Esa no es una actitud que se aprenda, simplemente se nace con ella o no.

Esta es la primera vez que Sam prueba el alcohol. En su país está prohibido. Es su padre, de hecho, quien lo prohíbe. Sam es hijo del Sultán de Brunei y después del primer trago todos los allí presentes le aplauden.

—¡Eh, eh, eh, eh!

—Ese Sam, cómo mola, se merece una ola, eeeeeh —dice Froilán—, otra ola, eeeeehhh.

Todos le siguen el rollo aunque no entienden una palabra de lo que dice. Se dejan el puro en la boca, levantan las manos como torpes primates, encogiéndose y riéndose sin poder pensar en nada más que en los propios movimientos descoordinados de su cuerpo.

—Sam —dice Froilán—, dinos otra vez de dónde vienes.

—Bandar Seri Begawan.

—Ja ja.

—Vandarsebinagaguan.

—Ja ja.

—Está en Brunei.

—Yo conozco un Brunete.

—Ja ja.

—Está en Asia, al sureste.

—No lo he oído en mi vida.

—Ja ja.

Sam se encoge de hombros y después se ríe, como si Froilán hubiese soltado otra de esas bromas que nadie entiende, después se termina la copa de un trago y deja escapar la pregunta que lleva todo el año queriendo reprimir.

—Froilán, tú cuando eras pequeño, te disparaste en un pie, ¿no?

—¿Sabes, Sam? Para dirigirte a mí tienes que tratarme de Su Excelencia.

—Bueno, ok.

—Porque si no, te puedo partir la cara.

—Tranquilo, Su Excelencia, pero no ha sido nada, peor hubiera sido que hubiese matado a su hermano, como hizo su…

Froilán escupe el puro, que cae sobre su camisa y agujerea el tafetán. Después levanta los puños y le lanza uno de ellos a la cara, pero Sam lo esquiva sin apenas esfuerzo.

—Lo tuyo no son los puños, Froilán, a ti te van mejor las escopetas.

Todos los allí presentes comienzan a reírse. Froilán se empieza a poner rojo y a lanzar puñetazos y patadas con violencia que Sam esquiva sin problema.

—Repite conmigo, Froilán: Bandar Seri Begawan.

Froilán se sacude y le insulta con todas las palabras que encuentra. Mira a su alrededor y ve que todos se están riendo de él.

Entonces sale corriendo al borde de la piscina, con tan mala suerte que tropieza.

Con tan buena suerte que puede simular que se tira de cabeza.

Entra en el agua y se sumerge por completo.

A nadie de los allí presentes parece importarle si sale a flote o no.


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