Books

Muerta ETA, la rabia sigue

#HechosAlternativos: la actualidad resumida en un puñado de links que quizá te perdiste

Andreu Dalmau/EFE

ETA ha vuelto con fuerza a los medios en las últimas semanas. La fiscalía ha pedido 50 años por lesiones terroristas para los ocho agresores que el otoño pasado dieron una paliza a dos guardias civiles y sus parejas en Alsasua (Navarra). Y el aniversario de la muerte de Miguel Ángel Blanco ha servido como arma arrojadiza entre PP y Podemos. Los primeros acusan a los segundos de no honrar adecuadamente a Blanco, el concejal del PP secuestrado y luego tiroteado por ETA en un descampado el 12 de julio de 1997. Falleció a las pocas horas. Lo suyo "no fue un secuestro, fue un asesinato a cámara lenta. Su sentencia de muerte estaba dictada desde el minuto uno", recuerdan los que trataron de forma desesperada, durante esas 48 horas, de liberar a Blanco.

Hay muchos críticos con la sentencia de Alsasua. En una tribuna en El País, el juez Baltasar Garzón explica que las agresiones de Alsasua se pueden enmarcar en el "proyecto Alde Hemendik, que en euskera significa 'Fuera de aquí', creado por ETA el siglo pasado para presionar a servidores públicos para que abandonaran el País Vasco y Navarra". Garzón argumenta que la estrategia Alde Hemendik surgió como instrumento de lucha cuando existía una estructura terrorista perfectamente organizada y jerarquizada, era parte de la estrategia global de ETA para ganar las calles, pero ahora, acabada la banda terrorista, gritar "alde hemendik" mientras daban una paliza no puede ser terrorismo. "Calificar esto como conducta terrorista es una inconsistencia jurídica de gran envergadura y demuestra la debilidad de los argumentos de la magistrada".

En El Diario, Aitor Guenaga expresa "serias dudas de que los hechos pudieran calificarse como un delito de terrorismo, aunque tienen un contexto político claro: la exigencia de que la Guardia Civil y la Policía Nacional abandonen el País Vasco y Navarra". El contexto es importante. Estas agresiones no ocurren en un vacío. Como escribe Óscar Monsalvo en su blog, "es un hecho que existe una campaña promovida por la izquierda abertzale para expulsar a la Guardia Civil del País Vasco y de Navarra. Es un hecho que en algunos pueblos no hay una separación clara entre campañas políticas y fiestas. Es un hecho que en esas campañas se fomenta el odio a la Guardia Civil. En una de esas campañas, por ejemplo, se recrea una escena -dibujos animados- en la que dos jóvenes destrozan un jeep de la Guardia Civil. 'Adiós, perro, y no vuelvas a Euskal Herria' es lo que se puede escuchar en el primer vídeo".

En un reportaje sobre Alsasua en El País, el presidente del partido navarro UPN afirma que "nadie quiere arriesgarse a salir elegido [en las elecciones] y que su vida y la de su familia se compliquen". ETA ya no mata, pero el clima de odio sigue en algunos pueblos.

Acabada militarmente, queda solo vencer su discurso: el discurso del "conflicto", de la "guerra", de la equidistancia y el reparto equitativo de responsabilidades sigue vivo en la izquierda abertzale. Todavía hay políticos que hablan de "presos vascos" o "presos políticos" o incluso "refugiados". Antonio Elorza critica esta retórica al reseñar varios libros sobre ETA en Babelia, y recuerda que "una mayoría de la sociedad vasca o bien asumió la pasividad por simple miedo, o bien se convirtió en cómplice, muchas veces por afinidad nacionalista".

En el caso de Miguel Ángel Blanco se da otro caso de guerras culturales en Madrid, en este caso con un tema especialmente delicado. Carmena se negó a poner una pancarta de conmemoración de Blanco, para no "singularizar" a las víctimas. El PP le acusó de ser insensible con las víctimas. Algunos columnistas que no merece la pena citar afirman que a Blanco se le ha vuelto a asesinar.

Lo cierto es que el PP tiene un gran legado de instrumentalización de las víctimas del terrorismo. Carlos Hernández nos recuerda en El Diario que la postura actual del PP no se corresponde con años pretéritos de "buenrrollismo con los etarras" y promesas de "generosidad" a los terroristas . Años en los que Aznar llegó a referirse a ETA, publicamente, como "Movimiento Vasco de Liberación". Años en los que el Gobierno de Aznar "acercó a más de 120 presos etarras a cárceles del País Vasco, metió la cuestión navarra en el debate político sobre el futuro de Euskadi, excarceló a decenas de reclusos de la organización terrorista, permitió el regreso a España de más de 300 miembros de la banda que residían fuera de nuestro país y negoció en Zurich, cara a cara, con los asesinos". Entonces, el Gobierno del PP contó con el apoyo unánime de toda la oposición. Pero cuando está en la oposición, o cuando ETA no existe, ETA no es más que un instrumento político. Uno más en la más desagradable de las guerras culturales.

¿Te ha gustado este contenido?...

Hoy en PlayGround Vídeo:

Ver todos los vídeos

Hoy en PlayGround Video



 

cerrar
cerrar