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Las escritoras argentinas responden a la ola de crímenes machistas en su país

Nos están matando, nos están violando, nos están despreciando... Pero no vamos a quedarnos de brazos cruzados. #NiUnaMenos

“¿Sabes cómo me siento cuando salgo a la calle?”, dice la joven poeta Caterina Scicchitano cuando le pregunto si alguna vez ha sentido la violencia machista en sus propias carnes.

Scicchitano tiene 24 años, es argentina y vive en Mar de Plata, la misma ciudad donde hace tan sólo unos días se cometió un brutal atentado machista contra la adolescente Lucía Pérez.

Para Scicchitano, salir a la calle es muchas veces sinónimo de miedo, y aunque ella se considere fuerte —cuando advierte cualquier signo de acoso, cuenta, “miro a los ojos a esa persona y la pongo en su lugar, hasta que se hace más chico”—, en ocasiones la impunidad de los violadores le produce desesperanza.  

Esto es algo que Caterina Scicchitano, autora de varios libros de poesía y traductora, no ha sentido sólo en la calle, sino también en su entorno literario.

“Claro que me siento marginada, y claro que viví situaciones en las que se me considerada nada. O en las que la persona que me invitaba a cierto evento literario se ha enojado conmigo por no querer ir a dormir a su casa… como si invitarme le diera ese derecho”.

Para ella, esto se debe principalmente a que en Argentina existe una cultura de la violación muy arraigada.

Una cultura machista provocada por “el vacío en general en torno a la cultura”, por el empeño de muchos ciudadanos en “minimizar el problema” y por la sociedad argentina en sí, que tiende a hacer la vista gorda a la violencia machista, incluso cuando cientos de mujeres están muriendo en este país.

 

Dentro del ADN argentino

La narradora, investigadora y activista Celia Palmeiro lleva años involucrada en movimientos que buscan visibilizar a la mujer en la literatura, así como luchar contra la desigualdad social y de género desde la creación artística. En abril del año pasado, se sumó al grito de #NiUnaMenos que comenzó en un maratón de poesía de Buenos Aires propulsado por un colectivo en el que muchas de las integrantes son escritoras.

Palmeiro no cree que sea casual que este movimiento esté tan ligado al arte y a la poesía, porque piensa verdaderamente que la literatura crea espacios desde los que se puede reflexionar, debatir y batallas.

Esta narradora residente en Buenos Aires cuenta que toda su vida ha tenido que enfrentarse a varias situaciones violentas con hombres, especialmente cuando era más joven y “tenía menos recursos intelectuales” para defenderse.  

Al igual que en el caso de Caterina Scicchitano, Palmeiro ha experimentado esta clase de vivencias también el terreno de la literatura, por lo que reconoce que habitualmente sus relaciones personales se reducen a un círculo formado principalmente por otras mujeres u hombres homosexuales.

Palmeiro también cree que la violencia machista forma parte del ADN de la sociedad argentina. “Definitivamente la cultura de la violación no es nueva”, nos cuenta, “la literatura argentina se inaugura en el siglo XIX con una escena de violación en El Matadero de Esteban Echeverría. Las mujeres detenidas durante la dictadura cívico-militar eran sistemáticamente violadas. La cultura de la violación es también la de la tortura y el disciplinamiento de los cuerpos”.

Por eso, y aunque resulte doloroso reconocerlo así, no es tan extraño que atentados como el del pasado 8 de octubre en Mar del Plata hacia una adolescente que fue drogada, violada y empalada por otros adolescentes acaben ocurriendo.

Cecilia Palmeiro explica muy bien el por qué de esta sensación:

“La violencia machista se ve todos los días en la calle, desde los piropos al abuso; en el trabajo, cuando ganamos 20% menos que los hombres y trabajamos más; cuando tenemos que realizar tareas domésticas de manera gratuita, quedando reducidas de esta manera al trabajo esclavo e invisible; o en los medios cuando nos vemos objetualizadas, transformadas en un par de tetas y un culo”.

“El femicidio es el último eslabón de una cadena de violencias más o menos visibles”, nos dice Cecilia Palmeriro, “y es posible por estas mismas condiciones en las que las mujeres somos ciudadanas de segunda categoría, cuerpos utilizables y desechables, como ilustra de manera dramática el reciente femicidio Lucía Pérez”.

Y añade: “Por esto decimos BASTA! No lo vamos a permitir. Sublimamos nuestro dolor y nuestra rabia en acción transformadora: no queremos quedarnos en el lugar de víctimas que despolitiza y paraliza. Por eso, aún con lágrimas en los ojos, decimos: Vivas nos queremos. Libres y soberanas”.

Lágrimas en los ojos, fuerza en la voz

En las próximas horas, varias marchas, lecturas, performances y manifestaciones están programadas para celebrarse a lo largo y a lo ancho de Argentina en homenaje a Lucía Pérez y a todas las mujeres asesinadas, violadas y agredidas en los últimos años en este país.

Desde su asesinato el pasado 8 de octubre, el ambiente que muchas mujeres han vivido es el de desesperación y ansiedad. Según explica a PlayGround la poeta Malén Denis , este 19 de octubre va a ser un día importantísimo tanto a nivel nacional como internacional.

Con un grupo de amigas, ella ha preparado un fanzine de creación literaria que pretende repartir por las marchas de Buenos Aires, y en donde se pueden leer poemas descorazonadores como este del que seleccionamos sólo algunos fragmentos:

oscilo lentamente hacia los treinta

y digo oscilar porque tengo fe

o ilusión más bien de que el tiempo

no signifique nada

camino por la calle con los puños cerrados

las manos apretadas

como preparada para un ataque

es lo único para lo que siempre conté

con algún tipo de previsión

[…]

aprovecho el viento en los ojos

para llorar, voy a actuar

en consecuencia

y alejarme de todo

lo que se niegue a cambiar

[…]

me pregunto si vos sabés

que tomar tu consejo

implicaría no verte más

quizás sí y te menosprecio

no puedo evitar sentir eso

por algunos varones

por vos en particular

[…]

como mujer que sí soy

debo decir que estoy cansada

maquillo mis ojeras con dedicación

no creo en las cosas que siento

que me hacen falta

pero lleno el espacio que es el tiempo

con absoluciones provisorias

a la sensación de vacío

la única conclusión

al mareo que implica

vivir sin tocar

o tocando a penas

es sencilla:

sin cuerpo no se puede pensar

sin cuerpo no puedo seguirte

sin cuerpo no voy a seguir

sin cuerpo no hay nada

Por su parte, la también poeta Tálata Rodríguez cuenta que a pesar de su empeño por luchar desde la palabra, no sabe “si la literatura debería tener un papel particular”. Ella cree que somos todos como especie los que “nos debemos más respeto y tolerancia”. La literatura, nos dice “es una forma de verbalización que nos permite explorar, elaborar identidades.”  

Sin embargo, mientras la sociedad aún se despereza y abre lentamente sus ojos tan blindados ante la horrible realidad y la violencia, Rodríguez sabe que los colectivos de artistas y escritoras seguirán siendo absolutamente necesarios.

Para ella, y salvo excepciones, no hay una literatura que de cuenta de esta realidad, pero ésta se hace cada vez más urgente.

O como también señalaba Caterina Scicchitano: “Yo la necesito, por ser chica aún y poco informada. Para agarrarme de esa ola de potencia de la mujer como escritora y participar más desde la actividad que de la pasividad con la que se me enseñó a vivir”.

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