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Max Porter: «el mundo se ha vuelto loco, y por ello el lenguaje también debe volverse loco»

Una entrevista con Max Porter, el autor que ha revolucionado la poesía británica con 'El duelo es esa cosa con alas' (:Rata_)

Imagínate que eres un padre de familia con dos hijos. Vives en un suburbio de una ciudad inglesa, trabajas en algún puesto indeterminado de la industria cultural (¿Universidad? ¿Editorial?) y estás obsesionado con Ted Hughes.

Y de pronto se muere tu mujer, la madre de tus hijos. Y tú eres un tío sensible, eh. ¿Qué pasa entonces?

Que te visita un cuervo.

Un cuervo negro, muy loco, a medio a camino entre la simbología cristiana y los mitos de los indios norteamericanos. Ese cuervo representa al duelo y ha venido para ayudarte en tu camino a través del sufrimiento. Te insultará, se reirá de ti, dirá cosas estúpidas y ofensivas y te controlará las dosis de esa droga llamada nostalgia.

O eso es, al menos, lo que sucede en El duelo es esa cosa con alas (:Rata_) , el primer libro del escritor británico Max Porter.

El libro se publicó el año pasado en el Reino Unido y tuvo un éxito arrollador, posiblemente debido a su arriesgada propuesta formal: aunque ha sido clasificado como un libro de narrativa y publicado en una colección de novela, El duelo es esa cosa con alas está escrito en verso y tiene ciertas características de la escritura teatro.

En él intervienen alternativamente el Padre, los Hijos, y el Cuervo. Con sus voces, dan forma a una historia patética, divertida y terrible a un mismo tiempo.

El duelo es esa cosa con alas transita sin prejuicios del tono sentimental al caos de lo aleatorio. Y tal vez ha sido su resistencia a clasificarse dentro de un género lo que lo ha convertido en una de las revelaciones de la nueva poesía británica.  

En PlayGround hemos hablado con Max Porter sobre cuervos famosos, la nueva literatura que se hace en las islas británicas, el dolor y la poesía :

Tu libro ha sido vendido como una novela: ha sido publicado en una colección de narrativa, en las librerías se encuentra en la sección de prosa… Y sin embargo, de su lectura se desprende que es poesía. ¿A qué se debe la decisión de publicarlo como novela? ¿Es una técnica de marketing para abrir el escaso mercado de la poesía?

No lo pensé, tan solo escribí el libro. No pensé que fuera a llegar a ningún lector, tan solo lo escribí para mí mismo. Luego, cuando estuvo acabado, me pareció que podía ser interesante y sólido. Se lo di a Faber y ellos desde el principio lo llamaron una novela. O incluso una fábula polifónica. Eso me gustó. Nadie pensó en llamarlo poesía.

Alguna gente sí que lo llamó un híbrido. Pero creo que el problema con el mundo es que necesitamos etiquetar las cosas, así que yo preferiría que nadie llamara al libro de ninguna manera, solo El duelo es esa cosa con alas.

Buena parte de la poesía que más me gusta es prosa poética, o poesía narrativa. Incluso las historias de Lydia Davis son poesía (como los poemas de Mary Rueffle son cuentos). Una de las cosas que hace el personaje del Cuervo es atacar el etiquetado, el nombre de las cosas. El libro se resiste a ser categorizado.

La novela ha dejado de ser lo más valioso (Max Porter)

Entonces ¿el futuro de la poesía y la novela pasa por la fusión, por confundir sus límites?

No lo sé. Espero que el futuro sea muy diverso. Nuestra generación nació en Internet, y creo que la idea de alta cultura ya no funciona: pensar que la novela es superior a un programa de televisión, o a un cómic, o al feed de Twitter se ha acabado. La gente puede expresarse de maneras muy diversas y la novela ha dejado de ser lo más valioso.

Pero a la vez, a mí me encanta la novela, me gusta lo valiosa que es, me gusta su forma, me gusta que como institución siempre haya estado alerta sobre sí misma.

Los libros interesantes siempre han sido rechazados: Proust lo fue, Moby Dick también, y Salinger. Y luego estos libros se convirtieron en canon. Pero yo creo que, cada vez más, los lectores están menos preocupados por lo que algo es. Les da igual si algo es autoficción, o metaficción o cuentos enlazados. Los lectores sencillamente quieren la verdad.

Los fragmentos más líricos del libro son aquellos en los que habla el Cuervo, frente a aquellos en los que hablan el Padre o los Hijos, que son mucho más prosaicos. ¿Es necesario el dolor para escribir poesía?

Es posible. Yo quise tener todas las opciones abiertas. El Padre, por ejemplo, empieza a hablar en un registro poético-sentimental, como “la echo tanto de menos”, “quiero construirle una estatua”, etc. Y luego tienes al Cuervo vigilando eso, riéndose de ello, diciéndole que parece un imán de nevera, advirtiéndole de que todo eso es peligroso… De que ese tipo de clichés nostálgicos son una droga o un veneno, y de que te puedes hacer adicto si te pasas con la dosis.

El Cuervo para mí fue un mecanismo para tener un tipo de lenguaje que fuese apropiado a la hora de escribir el caos. La locura del trauma. El tiempo se ha vuelto loco, y por ello el lenguaje también debe volverse loco.

¿Y esa poesía que surge del dolor nos salva de él? ¿Nos ayuda a comprenderlo o solo lo hace todo peor?

Creo que las tres cosas. Es completamente única para cada lector, yo solo puedo hablar desde mi experiencia. A veces, no quiero poesía. A veces no quiero ese lenguaje exacto y pulido, ni ese pensamiento extrañado, solo quiero música alta y ruido y novelas de crímenes.

Pero otras veces me ha sorprendido verdaderamente que la poesía pueda lograr con unas pocas palabras lo que a las novelas, las películas o la televisión les lleva muchísimo más tiempo. La poesía permite comprimir todo un universo de complejidad en una sola línea.

Mi poema favorito de Emily Dickinson es este:

“Que el amor es lo único que existe / es todo lo que sabemos del amor. / Y es suficiente, el peso debe ser / proporcionar al surco que deja”.

Creo que es perfecto. Son algunos de los versos más profundos y extraños y habilidosos que he leído en mi vida. Si tratas de examinar tu vida y tu lenguaje —y una vida sin examen no merece ser vivida—, te encuentras con la poesía.

Has dicho en varias entrevistas que el libro está basado en la muerte de tu padre. ¿Por qué decidiste sustituir en este libro la muerte del padre por la muerte de la esposa?

Porque no quería escribir unas memorias. Quería escribir desde una distancia segura, desde la distancia de la ficción, porque para mí hubiera sido muy limitado escribir sobre mi historia. Quería escribir sobre una historia más amplia. Quería que mis sentimientos reales fuesen el combustible, la energía, pero quería crear a un hombre.

Quería mandar a la mierda a todos los voyeuristas que solo se preocupan por detalles biográficos de las vidas de Sylvia Plath y Ted Hughes (Max Porter)

¿Por qué elegiste a Ted Hughes, entre todos los posibles referentes que existen, para representar el dolor de quien pierde al ser amado?

Quería que mi personaje estuviera obsesionado con un poeta. Y no pude resistirme a que fuera el escritor de Cuervo, por la carga literaria que supone eso. Al elegir a Ted Hughes, podía introducir pequeñas pistas y juegos dentro del libro, y apelar tanto a aquellos que adoran a Ted y Sylvia como a los que están cansados de ellos.

También quería mandar a la mierda a todos los voyeuristas que solo se preocupan por detalles biográficos de las vidas de Sylvia Plath y Ted Hughes.

Y entonces, ¿qué cuervo prefieres, el de Ted Hughes o el de Edgar Allan Poe?

El de Ted. Nunca pensé en el de Poe. No fue hasta que el libro salió que empecé a ver revistas, y la gente decía que era una revisión del poema de Poe. Y pensé, mierda, lo es, no lo había pensado.

Me sucedió lo mismo con Mary Poppins, la gente me dijo que era igual. Tampoco lo había pensado, nunca eres consciente de todas tus fuentes.

De hecho, hay un verso en el libro que es de Sylvia Plath y yo no lo sabía. Nunca leí ese poema. Fue un accidente. No hay nada nuevo bajo el sol.

Hemos estado contando historias utilizando al cuervo como símbolo desde los nativos americanos, los mitos irlandeses o africanos. Pero si me tuviera que llevar un solo cuervo famoso a una estación espacial, sería el de Ted. Que es un cuervo radical de verdad, un cuervo fracasado.

No me puedo imaginar a ningún escritor hoy que tuviera el valor hoy de hacer algo tan feo, tan valiente, tan antipoético.

Como editor jefe de Granta Books, ¿crees que tu responsabilidad en la editorial ha afectado a la recepción del texto (en el mal o en el buen sentido)?

No lo sé. Cuando salió el libro, la gente dijo: oh dios, te van a matar, trabajas para una editorial “literaria” y publicas una novela “literaria”, la gente te va a matar, los críticos vendrán detrás de ti con cuchillos y cualquiera cuya obra criticaste o rechazaste vendrán a por ti, y tus autores te odiarán, y será todo una vergüenza.

Pero creo que eso hubiera sucedido si yo hubiera escrito una novela normal. Pero cuando el libro salió, la gente se sorprendió: pensaron que el libro era bueno y que no era como su trabajo. No escribí un libro que pudiera competir con los suyos, por lo que no se sintieron amenazados.

Eres un autor muy activo en Twitter. ¿Crees que parte de tu éxito proviene de saber manejar los mecanismos de las redes sociales?

No, soy bastante inocente con eso. Lo uso como si fuese Instagram, saco fotos de poemas, insulto a políticos… No lo uso de una manera estratégica, y si la gente me sigue es porque les gustan las recomendaciones de libros y las bromas estúpidas.

No me lo tomo muy en serio, aunque sé que algunos autores lo hacen. Las editoriales buscan escritores con un perfil muy definido en las redes sociales. La gente que lee mis libros es de otro tipo, muchos no tienen redes sociales. Es fácil obsesionarse con ellas, algunos editores lo están y publican a youtubers, y demás, pero eso no siempre se traduce en ventas.

Yo todavía creo en el viejo sistema de publicación: sacar buenos libros, que el autor se vaya de gira, hablar con los medios y libreros...

Es un buen momento para estar leyendo: el mundo está mal y hay muchos escritores pensando en eso (Max Porter)

No sé si conoces el fenómeno de los poetas de Twitter: en España, una serie de poetas muy jóvenes ha cambiado radicalmente las normas del mercado editorial y ha empezado a vender 20.000 ejemplares de sus libros frente a los 200 de los poetas viejos. Su poesía, por otra parte, ha generado críticas en muchos sectores por ser descuidada y tópica. ¿Qué piensas como escritor y editor de este fenómeno?

Estoy emocionado con ello, lo celebro. No creo que yo sea parte de nada como eso en Reino Unido porque estoy entre dos generaciones. No tengo la sensación de pertenecer a una escuela o moda, pero sí que veo que la poesía en Reino Unido está en muy buen momento, tenemos poetas fantásticos muy activos en redes sociales, pero que también hacen revistas, recitales, libros… Y además consiguen que sus libros se publiquen y venden más ejemplares. Yo solo puedo aplaudirlo, es el futuro.

¿Podríais recomendarnos a algunos de esos escritores que están cambiando las cosas en el Reino Unido?

Hay una generación de grandes escritores jóvenes irlandeses: Lisa McInerney, Colin Barrett, Rob Doyle… Esta generación es técnicamente muy buena, crecieron bajo la sombra de John Banville y Colm Tóibín, y ellos bajo la de Joyce. Cuentan que es una mierda vivir en un país destrozado económicamente, con la culpa católica a un lado y piedras, barro y ruinas en el otro.

En el Reino Unido hay poetas muy interesantes: Sophie Collins, Emily Berry… Hay muchos escritores buenos, refrescantes, especialmente las mujeres jóvenes y feministas que están trabajando en una literatura politizada, extraña, casual e informada por la academia tanto como por las redes sociales.

Yo todavía estoy emocionado con la generación de escritores americanos mayor que yo: la nueva novela de George Saunders es increíble: muy radical formalmente, pero cálida y acogedora (aunque trate el tema de la muerte en América), Ben Marcus, Lydia Davis, Anne Carson, Ben Lerner… Hay muchos buenos escritores.

Es un buen momento para leer: el mundo está mal y hay muchos escritores pensando en eso.

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