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“Maté al último panda gigante para salvar el mundo”

Los animalistas nunca habían deseado con tanta fuerza la muerte de un animal. Aunque fuera un humano.

Inspirado en "El problema de los tres cuerpos" de Cixin Liu.  

I

No era una leyenda. Tras 48 días y 47 noches buscando su rastro por los bosques de bambú en las montañas de Minshan que bordean el Tíbet, Liu logró dar con él. Por fin podía dar crédito a los lugareños que habían visto su presencia fantasmal: el último gran panda gigante macho que podía asegurar la continuidad de la especie en hábitat salvaje existía. Y lo tenía a escasos tres metros de distancia.

Su presencia imponía. Debería sobrepasar los 160 kilos y el metro ochenta de altura. Muy por encima de la media de su especie. China y el mundo entero lo había bautizado: le llamaban Pan Pan que significa "esperanza" o "expectativa" en mandarín. Observándolo, Liu no podía estar más de acuerdo con ese nombre. Con la luz de la luna llena, el color negro y blanco de su piel adquiría tonalidades azuladas casi mágicas. Partía cañas de bambú por la mitad con sorprendente facilidad como si fuera regaliz para un niño.

El último gran panda gigante macho que podía asegurar la continuidad de la especie en hábitat salvaje existía.

Liu no había visto ningún animal tan majestuoso en sus 37 años de vida. Se rió al pensar que no podía compartir ese momento con nadie. Sus colegas de misión estaban en el campamento base y daba por seguro que nadie iba a creerlo. Estaba solo. Mejor dicho, estaban solos: Pan Pan y Liu, Liu y Pan pan.

De golpe, el oso panda levantó su cabezón. Parecía articulado por un muelle porque el movimiento fue mucho más ágil de lo que se podía prever. Fue entonces cuando clavó sus ojos bonachones en Liu antes de dejar de engullir kilos y más kilos de bambú. Sólo la respiración espasmódica del animal rompía el pacto de silencio entre los dos.

Partía cañas de bambú con sorprendente facilidad como si fuera regaliz para un niño.

Lo que sucedió a continuación pasó demasiado rápido como para que cualquier informe policial pueda captar la esencia. Los medios de comunicación y la tormenta de desinformación de Internet difundió mil y una teorías al respecto durante las 48 horas siguientes. La mayoría eran bulos infundados. Lo único irrefutable era que alguien había matado brutalmente al último panda gigante del mundo. Y Liu, el hombre que había dedicado toda su vida a la conservación de su especie en peligro de extinción, se convirtió en el único sospechoso.  

II

“Maté al último panda gigante para salvar al mundo del hombre”.

Así empezó Liu su declaración después de 3 días en silencio sepulcral. Confinado en una celda vigilada las 24 horas del día, había declinado verbalizar ni una sola palabra. La jefatura general de la policía de investigación de Shanghai había recibido presiones de las altas esferas y la comunidad internacional exigía respuestas. Se hablaba de castigo ejemplar. De linchamiento ante la brutal barbarie animal. De pena de muerte.

Liu había acabado con cualquier esperanza de asegurar el futuro del oso panda gigante y merecía un duro castigo. Liu había exterminado al símbolo nacional de China. Liu había liquidado de un plumazo al último macho reproductor del planeta. Liu había destrozado los sueños de todos los niños que compraban millones de osos panda de peluche para dormir más tranquilos por las noches. Nadie podía entender por qué había matado al animal más adorable del mundo.

Había exterminado de un plumazo la especie más adorable y querida por todos los niños del mundo.

“No estaba mal herido. No cayó por ninguna ladera escondida en la sombra. No se envenenó con ninguna planta. Lo maté con mis propias manos después de ganarme su confianza. La muestra de sangre en mis dedos y uñas les confirmará que no miento”.

Los dos agentes que interrogaban a Liu se miraron sin reaccionar. No sabían cómo encajar todas esas palabras que Liu soltaba con una frialdad casi marciana.

Lo hice para salvar al mundo del hombre”. Repitió una vez más. Fue entonces cuando levantó la vista y, con la mirada desafiante y fijada en la cámara que grababa toda la acción, habló de nuevo:

Si toda vida es igual de valiosa, ¿por qué tiene que ser más importante salvar un oso panda que salvar a la especie humana? En la actualidad, las especies se extinguen a un ritmo mayor que en cualquier otra época. No todas las especies en peligro de extinción tienen por qué ser tan adorables como el panda gigante. Cada día en este planeta se extingue alguna especie precisamente porque su aspecto no despierta la compasión del hombre ¡La nuestra es la era de las extinciones masivas! Da igual un pájaro sin colores brillantes, una mariposa gris o un humilde escarabajo. Con tal de recuperar una sola especie al borde de la extinción me conformo. Mi acto quiere demostrar que no hay ninguna especie mas importante que otra. Ni tan siquiera la especie humana. No salvar ese panda gigante era necesario para hacer reaccionar al mundo aunque este acto me persiga el resto de mi vida ”.

Liu volvió a enmudecer.

No hay ninguna especie mas importante que otra. Ni tan siquiera la especie humana.

III

China declaró a Liu culpable. Un jurado público lo acusó de crimen contra la seguridad animal y ultraje a la nación china. Fue enviado a la cámara de gas sin que Liu apelara la decisión del tribunal.

Nunca antes los animalistas habían deseado con tanta fuerza la muerte de un animal.

Nunca antes los animalistas habían deseado con tanta fuerza la muerte de un animal. Aunque ese animal fuese un humano. En un último acto de compasión reclamado por sus allegados, las autoridades dejaron que Liu pudiera despedirse con unas últimas palabras. Liu no sabía que más de 415 millones de personas estaban conectadas siguiendo su ejecución en directo a través de medios de comunicación y redes sociales. Ninguna campaña de concienciación ni todos los actos de protesta por los derechos animales lograron mayor calado en la consciencia humana que la frase que pronunció antes de morir:

"Al final sólo conservamos lo que amamos".

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