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Échate una siesta en la habitación de Emily Dickinson por 200 dólares

O haz lo que quieras, que está disponible para ser alquilada por horas

Como si el espacio fuera condición sine qua non para la creación del producto o como si tu presencia en la casa de Hemingway te llevara a escribir automáticamente la segunda parte de El viejo y el mar, los más vivos consideran que organizar visitas a estos lugares supone una ocasión pintiparada para obtener rendimiento económico.

En Armhest, Massachussets, le han dado la vuelta a este concepto. La habitación en la que muriera –y viviera- Emily Dickinson está disponible para ser alquilada por horas. Esta transgresión del Airbnb, en caso de llamarte la atención, supondría un palo para tu cartera de 200$ por hora.

Como para ir a escribir unos versos y quedarte bloqueado.

La habitación es el lugar de la casa de los Dickinson que –en caso de haber coincidido en espacio y tiempo- no hubieras podido visitar: la poetisa estadounidense era un tanto huraña.

Se dice que su misantropía le mantuvo entre las paredes de su cuarto desde los treinta años hasta el fin de sus días. De hecho, se negaba a saludar a los invitados y en los últimos años de su vida hizo lo que en Japón sería definido como un Hikikomori.

En ese exilio interior o encierro voluntario, las acciones de Dickinson estaban enfocadas a la escritura. Tan prolífica fue su actividad que hay quien afirma que escribió casi 1.800 poemas que, por cierto, fueron sacados a la luz por su hermana una vez que ésta murió.

La casa museo ha estado disponible para ser visitada desde 2015: ahora se podrá alquilar la habitación. Sin embargo, no estarás rodeado del mobiliario que ocupaba la habitación hace cien años, ya que el original ahora está en Harvard.

Y, además, para evitar pequeñas fechorías, todo lo que hagas tendrá que ser hecho con la puerta abierta. No obstante, nosotros hemos pensado en cinco cosillas que podrías hacer para echarte unas risas, amortizar los 200 dólares y moverte dentro de la habitación como en el Splinter Cell para evitar la mirada del guardia:

1 Escribir un poema de mierda, ponerlo debajo de una baldosa, sacarlo y decir que has descubierto un inédito de Emily Dickinson.

2 Masturbarte. Sin más miramientos. Que sea tan incómodo para ti como para el guardia, que tendría que pararte los pies.

3 Ir de rollo médium, decir que Emily Dickinson ha escrito a través de ti, contarlo en un reality show y salir de pobre.

4 Traicionar a los de la casa museo y montar una rave antológica.

5 Como existe la opción de ir dos personas por un total de 300 dólares , también puedes ir y hacer una pelea de almohadas durante una hora.

Y si no estás en Estados Unidos y tampoco estás por la labor de pagar semejante cantidad de dinero, siempre puedes consolarte con Historia de una pasión, el biopic sobre la vida y obra de Emily Dickinson.

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