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La historia de cómo Marcos Ana conoció a su primer amor a los 42 años

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Este jueves murió Marcos Ana. El preso político que pasó más años en las cárceles de Franco y el hombre que no conoció a su primer amor hasta después de pasar más de media vida entre rejas 

alba losada

25 Noviembre 2016 19:34

Se llamaba Francisco Macarro, pero se le conocía como Marcos Ana. Se trata del preso político que pasó más años en las cárceles del régimen franquista. Del poeta que se forjó entre rejas. Y del hombre que tuvo su primer amor a los 42 años.

Este jueves murió con 96 y, a lo largo de las últimas décadas, su trayectoria no ha dejado indiferente a nadie. Incluyendo la historia de cómo conoció a la primera mujer que quiso.

Era miembro del Partido Comunista de España (PCE) y, con 19 años, le metieron en prisión por 3 asesinatos por los cuales ya habían fusilado a otros presos. No sabía cuando saldría de allí, por lo que para sobrellevar su estancia se hizo poeta. Y, sin esperarlo, aquello le salvó la vida.

Con el tiempo, empezó a sacar clandestinamente algunos poemas de la cárcel y, antes de que pudiese darse cuenta, llegaron a las manos de reconocidos escritores comunistas, como Pablo Neruda y Rafael Alberti, y a comités de solidaridad con presos políticos. Fue entonces cuando nació el pseudónimo por el cual, más tarde, todos le conocerían: Marcos Ana, que creó uniendo los nombres de sus difuntos padres.


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Marcos Ana fue el preso político que pasó más años en las cárceles del régimen franquista. Del poeta que se forjó a sí mismo entre rejas. Y del hombre que tuvo su primer amor con 42 años

A partir de aquello, sus versos se difundieron y surgió un movimiento de solidaridad, impulsado por fuerzas antifranquistas de todo el mundo, para reclamar su liberación. Finalmente, después de tiempo de presión, salió. Su poesía le había sacado de la celda.

Era 1962, tenía 42 años y había pasado más de media vida entre rejas. Era el momento de celebrar su libertad. Para ello, un miembro del Partido Comunista Francés (PCF) le llevó a un cabaret y allí vio a mujeres como nunca antes lo había hecho: eran vedettes y estaban semidesnudas.

Ante su reacción de sorpresa, no tuvo más remedio que confesar a su acompañante que nunca había estado con ninguna. Por ello, le regaló la oportunidad de perder la virginidad con una prostituta. Se llamaba Isabel y, a pesar de que él aún no lo sabía, después de aquella noche se convertiría en su primer amor.

Sin embargo, al llegar a la habitación, se colapsó y los nervios pudieron con él. Era incapaz de hacer nada. Solo pudo llorar y confesar a aquella desconocida quien era, que había perdido 23 años de su vida en prisión y que, además, nunca había tocado a una mujer.


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Ante aquella batería de recuerdos, dejó de ser una prostituta y se convirtió en la amiga que le ofreció consuelo. De este modo, esa desconsolada situación pasó a ser una escena romántica que duró toda la noche. Pero, cuando despertó, ya se había marchado. Solo quedaban las 500 pesetas con las que pretendía pagarle y una nota que decía: "Para que vuelvas esta noche".

Cuando salió de la cárcel tenía 42 años, había pasado media vida en la cárcel y nunca había estado con una mujer

Aquello significaba que su encuentro había ido más allá de una relación entre cliente y trabajadora sexual. Su historia le había conmovido y, para él, eso era motivo más que suficiente para emocionarse.

Le sobraban las ganas para volver a verla, pero cuando analizó la situación en frío cambió de opinión. Las horas que habían pasado juntos fueron bonitas porque ella no había aceptado su dinero. Pero, si en la siguiente ocasión lo hacía, tendría que tratarla como una prostituta y él no quería mancillar el recuerdo de la noche que habían pasado juntos.

Entonces optó por gastarse las 500 pesetas en flores. Enviárselas con una nota en la que decía: "Para Isabel, mi primer amor". Y no verla nunca más.

Pero, aún así, consiguió lo que quería: que aquellos instantes prevalecieran intactos al paso de los años.

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