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'Felices los 4': tenemos la respuesta al enigma de Maluma, y está en la literatura

Proponemos una genealogía del inconsciente literario de 'Felices los 4' para descubrir quién se esconde tras ese triángulo amoroso expandido. Y sí, tenemos la respuesta

Hay pocas cosas más divertidas que analizar minuciosamente la letra de una canción de reggaeton. La aparente simplicidad de la estructura, la inarticulación de las ideas y lo forzado de las rimas acaba generando unas expresiones que están más cerca de lo dadá y de la comedia del absurdo que del pop comercial.

De hecho, ha sido el colombiano Maluma quien recientemente se ha coronado en el campo del irracionalismo letrista con su ‘Felices los 4’, que ha escalado hasta la cima de todos los ránquines musicales de referencia. Su singularidad reside en una incoherencia fundamental que ya se ha erigido en uno de los mayores misterios de la civilización occidental: narrar la historia de un trio que hace feliz a cuatro personas.

Pongámonos en contexto. La canción, cuyo videoclip acumula más de 390 millones de visitas, escenifica una relación a tres bandas entre Maluma —ahora reconvertido en barman de un hotel—, Willy Valderrama —amigo del cantante— y a la novia de éste.

Hasta aquí bien, ya que todo el tema consiste en un Maluma que se echa el rollo para convencer a la novia de Willy que lo del poliamor se lleva, que lo suyo va a ser como el jardín de Epicuro, todos amigos y hermanos, y que el hedonismo bien, gracias.

Los amo #Mexicali Gracias de corazón por darse la cita 🔥 #MalumaMexicoTour

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Pero entonces llega el momento fuck logic: “vamos a ser feliz, / vamos a ser feliz, / felices los 4”.

Felices, de acuerdo, muy felices.

¿Pero... cuatro?

¿Quién es el cuarto?

Las interpretaciones que hasta ahora se han lanzado —y que han sido recogidas en este jocoso artículo de Los 40 principales— parecen poco plausibles: si la hipótesis según la cual ella estaría embarazada es inecesariamente morbosa por lo injustificado de la propuesta, la de suponer que el cuarto individuo sería el miembro viril del colombiano es ya directamente ridícula.

Por ello, para desentrañar el misterio nos hemos vistos obligados a trazar una genealogía de algunos tríos (y cuartetos) literarios que nos permitan imaginar quién puede ser ese cuarto desconocido que convierte el triángulo sexual en un improbable cuadrado.

Curioso sí, impertinente está por ver

Veamos. En la introducción del videoclip, Willy Valderrama se marca un discursito sobre su dilatada experiencia e insondable sabiduría que suponemos adquirida en la Universidad de la Vida: “¿Sabes? Cuando has vivido tanto como yo, conoces a mucha gente. Y por cada maravillosa, bella y hermosa mujer en el mundo, hay alguien que está cansado de estar con ella.”

Sin comentarios. Pero por si su speech no fuera lo suficientemente previsible, lo rubrica con un “ah, se me olvidaba” mientras se saca del bolsillo la alianza de boda que llevaba escondida. El problema es, ¿cómo debemos interpretar ese gesto?

Para comprenderlo cabe pensar en la historia del curioso impertinente, uno de los pequeños relatos que Cervantes intercaló en el Don Quijote. En él se narra la historia de dos amigos, Anselmo y Lotario: Anselmo le pide a Lotario que, en su ausencia, corteje a Camila, su esposa, para así poner a prueba su fidelidad. Por supuesto, la cosa termina mal. Muy mal.

La canción bien podría ser el trasunto del relato de esta historia de amistad y seducción, de traiciones y de juegos de poder. Willy estaría, con su discurso, sembrando la semilla del deseo en Maluma y, en realidad, se trataría de una prueba algo maliciosa.

“Felices los 4” habría que interpretarla, entonces, como una historia de traición inducida. Y, de ser así, la cuarta figura que redondea la historia sería la amante de Willy, por la que se quita el anillo.

El montaje del videoclip es lo bastante ambiguo como para dar pie a distintas interpretaciones, y podríamos incluso complicar esta relación recordando otras historias de infidelidad y lealtades líquidas. Pensemos en el juego de seducción y galanteo que encontramos en Las amistades peligrosas, de Chaderlos de Laclos.  O de la crueldad que encierran las traiciones cruzadas que se narran en El idiota, de Dostoieveski. E incluso en una obra tan psicológicamente compleja como es La copa dorada, de Henry James, con la infidelidad sobrevolando las relaciones como una tóxica nube negra.

Manipulación, engaño, doblez y adulterio: así es como se ha representado siempre la transgresión del orden normativo de la pareja heterosexual. De modo que, ¿debemos interpretar ese canto al amor comunal, libre de celos y envidia, como un envite contra la idea del amor romántico y sus fantasías de exclusividad, pertenencia y sumisión? Después las continuadas polémicas por el contenido machista de sus letras, ¿se quiere reivindicar con un canto al amor libre?

Quizá Maluma no sea el único fantasma

La hipótesis más aburrida para explicar la presencia de ese cuarto miembro es pensar que se trata de la pareja de Maluma, cuya existencia deberíamos dar por supuesta.  

Pero puestos a retornar a las posibles fuentes literarias de este paradójico triángulo amoroso a cuatro bandas, vale la pena explorar una posibilidad algo inquietante.

¿Y si ese intrigante cuarto miembro fuera alguien que participa simbólicamente de la relación a través del deseo y la imaginación de Maluma? Una figura cuya importancia hubiera marcado a fuego la libido del colombiano. Son muchas historias de fantasmas que han jugado con esta idea de una ausencia presente: la mujer anhelada que se aparece al enamorado, porque solo mediante su ensoñación puede éste llegar a sentir placer al estar con otra gente.  

Recordemos, por ejemplo, el espectro de Catherine en Cumbres borrascosas: su visión salva y condena al mismo tiempo a Heathcliff, quien busca el reencuentro con su amada en una relación que se entrevé necrofílica. O pensemos en Martín, el protagonista de Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sábato, paseándose por Buenos Aires y viviendo al amparo de una figura tormentosa y espiritual como es Alejandra.

O, aunque cueste de imaginar por lo tosco del pensamiento erótico de Maluma, también podemos permitirnos fabular que el colombiano se comporta como el protagonista de En el café de la juventud perdida, de Patrick Modiano, obsesionado por una figura etérea y casi mítica: su periplo sexual con Willy y su novia sería la forma de recuperar la presencia perdida de una Loukie inalcanzable.

( Fotograma de 'Hierro 3', de Kim Ki-Duk)

Asimismo, la historia del cine está plagada de este tipo de historias: Persona, de Ingmar Bergman, o Hierro 3, de Kim Ki-Duk, exploran esta misma idea a través de propuestas narrativas y cinematográficas muy distintas. Más recientemente, Personal Shopper, con Kristen Stewart a la cabeza, ha planteado un relato parecido, aunque esta vez dándole un giro interesante: nos cuenta la historia de un amor fraternal —¿quizá también incestuoso?— vertebrada a través de una trama de fantasmas reales, fantasmas metafóricos y la representación fantasmática del dominio tecnológico que ejercen sobre nosotros las redes sociales.  

Con tanto espectro poblando el imaginario literario de los encuentros sexuales quizá deberíamos concluir que Maluma, con su ensayada sonrisa de rompecorazones de discoteca, no es el único fantasma que se pasea por sus canciones.

Continuidad de los besos: el cuarto miembro eres tú

Con todo, creemos que la resolución del misterio de “Felices los 4” deberíamos buscarla en el cuento de Cortázar, Continuidad de los parques. Se trata de un thriller consistente en una narración dentro de una narración: leemos la historia de un asesino que se pone a leer sobre un asesinato del cual él, finalmente, será la víctima. Por proyección especular, podemos suponer que nosotros –como lectores de un thriller sobre un asesino– podemos ser las siguientes víctimas.

Siguiendo esta lógica, cabe pensar: ¿no seremos nosotros el cuarto miembro de la aventura sexual que narra la canción de Maluma? Escuchándola devendríamos partícipes del triángulo amoroso, adoptaríamos la posición del voyeur, que participa de la excitación, y goza con el gozo de los demás.

De hecho, tal suposición no es en modo alguno disparatada. Parte del atractivo de la música de Maluma corre pareja a su autoconstrucción como mito sexual. Él es el protagonista de sus videoclips, y el yo de sus canciones se solapa perfectamente con su yo biográfico. Escuchándolas, tememos que en cualquier momento se ponga a gritar, como Foster Wallace en su broma metanarrativa en 'El rey pálido': “Eh, aquí el autor. El autor de verdad”.

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Pero el colombiano va mucho más allá: la identificación es tan absoluta que en sus conciertos escoge a chicas del público a las que acaba besando sin muchos miramientos. Las imágenes son bastante desagradables, pero parecen confirmar que nuestra teoria acerca de una recepción erógena de “Felices los 4” es bastante ajustada.

Maluma estaría alineándose, pues, con el Charles Baudelaire de 'Al lector', uno de los primeros poemas en utilizar la segunda persona para apelar directamente al lector. En su caso no era una estrategia de seducción, sino directamente un reproche: tal requerimiento no era retórico, sino que se servía de un uso conativo del lenguaje que debía transformar la interpretación del texto.

“Lector, tu bien conoces al delicado monstruo

-¡hipócrita lector -mi prójimo-, mi hermano!”

Esta interpretación tiene la virtud de descubrirnos cómplices, hipócritas oyentes de ‘Felices los 4’ que canturreamos, incluyéndonos, en la última fantasía sexual de Maluma. Una fantasía que, no nos engañemos, nada tiene que ver con el amor libre y el poliamor: si la aventura heterodoxa que nos relata resuena en nuestro inconsciente literario, evocándonos historias de deslealtad y traición que pivotan en torno a la idea de amor romántico, la felicidad que se supone que debemos experimentar no resulta de la celebración de una unión poligámica, desprovista de lazos de posesión y dominio, sino de nuestra identificación con el satisfecho traidor.

Maluma es el delicado monstruo, y la continuidad de sus besos es la telaraña textual que nos propone 'Felices los 4'.

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