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Con 10 años su institutriz lo inició en la Biblia y en el sexo salvaje. Ya no pararía

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La alocada historia sexual del poeta romántico Lord Byron

Xaime Martínez

22 Mayo 2017 12:00

Tyger Tyger, burning bright,

In the forests of the night

Así comienza "El tigre", el que es tal vez el más famoso de los poemas de William Blake, publicado por el poeta inglés en 1974. 

Y aunque él se refería al temible (y simbólico) felino que aún puebla la región india de Bengala, lo cierto es que bien podría estar hablando de uno de los seguidores del movimiento que él prácticamente inició en Inglaterra: George Gordon Byron, sexto barón de Byron, más conocido por el nombre de Lord Byron.

Como el tigre de Blake, Lord Byron vio en sí mismo a un demonio peligroso y al, igual que el tigre, ardió hermoso en los bosques de la noche con la intención de prender un incendio capaz de destruir toda Inglaterra.

Contestatario, narcisista, bisexual y exotizante, Lord Byron se identificó siempre con el "Otro": aunque proveniente de una familia de rancio abolengo, pronto dilapidó la herencia familiar y se convirtió en un pobre libertino.

Una de sus formas preferidas de oponerse al poder fue, precisamente, a través del sexo.

En la historia vital de Byron —que él cultivó con especial ahinco, consciente de que sería determinante en la lectura de su obra— se unen la fantasía, la fanfarronería, la tragedia y el esperpento, y aunque hoy no es quizá el romántico más leído, es desde luego el más admirado: episodios como su relación incestuosa con su hermanastra, sus relaciones con el hijo adolescente de su amante griega o su muerte absurda tras coger un resfriado por cabalgar bajo la lluvia hacen de él una figura casi tan inquietante como enternecedora.

Pero no nos adelantemos, porque el expediente sexual de Lord Byron empieza mucho antes.

Concretamente, cuando el joven poeta tenía 9 o 10 años. Entonces, una institutriz escocesa a quien llamaban Mary Gray lo inició en la lectura de la Biblia y en el sexo salvaje. En una casa campestre de las Highlands, Byron conoció junto Mary Gray el sobrecogimiento místico, proporcionado por los paisajes de las montañas del norte de Escocia, y la orgía psicodélica.

En su vida, lo sublime y lo sexual siempre fueron de la mano. Y quizá eso explique la forma en que su obra trata de reunir, constantemente, el cielo con la tierra. O mejor, cómo Byron encuentra el paraíso en las cosas más bajas.

Durante su adolescencia se enamoró de su prima, que murió a los pocos años generando un gran trauma al joven Byron, pero conocería a su primer amor maduro ya en la época universitaria. Fue precisamente en el coro del Trinity College de Cambridge —universidad a la que, por cierto, se llevó un mono como mascota— donde se encontró con John Edleston, a quien le dedicaría poemas tan explícitos (y eliminados de su bibliografía durante muchos años) como "The Cornelian".

Una vez que hubo adquirido el título de Lord tras la muerte de su padre y su tíoabuelo, agotado el dinero de su herencia y convertido en un poeta prometedor pero desconocido, sus biógrafos opinan que Byron se fue a vivir a Londres con una prostituta que lo mantuvo económicamente.

A partir de entonces, sus días estarían marcados por una constante tensión con el poder político: aunque por una parte tuvo ciertas ambiciones —llegó a pertenecer a la Cámara de los Lores, y el gobierno lo enviaría como comisionado a la Guerra de Independencia griega— su modo de vida, revolucionario y poco convencional, acabaría obligándolo a exiliarse de Inglaterra.

Una malformación en un pie —era patihendido, es decir, tenía los dedos del pie hacia dentro— lo condenó a una cojera de por vida, lo cual se tradujo en una obsesión con su aspecto y por su imagen: fue una de esas poquímas (y peligrosas) personas que consiguieron hacer de la cojera un rasgo de elegancia.

Tuvo, entre otras 200 o 300, una amante llamada Lady Caroline Lamb, a quien definió como "una mariposa seca" y por la que sintió, no obstante, un enfermizo enamoramiento (cuentan que en cierta ocasión ella le envió unos rizos de pelo púbico, a lo que él respondió con un medallón de oro). Sentía unos celos terribles porque su pie cojo le impedía bailar con ella, y cuando la relación finalmente estalló, las confesiones que Byron le había hecho a Lamb sobre su bisexualidad se volvieron en su contra.

Byron se casó rápidamente con Anna Isabella Milbanke, con quien tuvo a su única hija legítima (Ada Lovelace, creadora de la primera computadora). En su noche de bodas Byron le dijo a su mujer que se arrepentiría de haberse "casado con el diablo", lo cual parecía asegurar que la cosa no iba a acabar demasiado bien.

Los rumores sobre las prácticas sexuales de Byron —defendía vivamente la forma en que los griegos entendían el sexo, y de hecho estaba muy interesado en la poesía homoerótica clásica— hicieron que su mujer se separa al poco tiempo de él, y que su reputación se hicera incontrolable.

Lord Byron fue una celebrity de su época: su ambigüedad sexual, su carácter diabólico y, sobre todo, la inteligente construcción del personaje que el propio Byron hizo de sí mismo lo acercan mucho a las estrellas de rock de los años 70.

Acosado por la sociedad homófoba de su época, Byron se lanzó a luchar en la guerra de Independencia del pueblo griego.

Y cierta noche de abril, tras salir a cabalgar con el príncipe Alejandro Mavrocordatos por las llanuras helenas, un diluvio imprevisto y una crisis epiléptica lo enfermaron gravemente.

No es difícil imaginarlo, reclinado, increíblemente pálido y con el cuerpo lleno de sanguijuelas —cuentan que llegaron a sacarle dos litros de sangre de todo el cuerpo—, haciendo un ademán que bien se podría interpretar como voluntad de muerte o como recriminación a los médicos que lo sangraron.

En todo caso, entonces moría el hombre que más ardió en las noches de su tiempo.

Hermoso príncipe del ridículo.

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