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Liebre vs. tortuga: todo lo que este viral nos enseña sobre nuestra cultura hipercompetitiva

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Esta recreación de la fábula de la liebre y la tortuga que han visto ya millones de personas es mucho más que una anécdota graciosa

eudald espluga

11 Octubre 2017 15:22

Todos conocemos la fábula de Esopo.

Una liebre arrogante que se ríe sistemáticamente de la tortuga —de sus patas cortas, de la lentitud al moverse— es finalmente desafiada por el reptil a echar una carrera. La liebre apenas puede creerlo, pero acepta encantada, segura de su victoria. La carrera empieza y tras unas cuantas zancadas, la distancia que la separa de la pesada tortuga parece ya inslvable, por lo que decide regodearse en su incontestable superioridad, echándose una siesta poco antes de llegar a la meta.

La tortuga, aprovechando su vagancia, se hace con la victoria.

La fábula es una oda a la constancia, a la paciencia, al trabajo duro y a la humildad. Constituye ante todo una parábola laboral, que nos enseña que el trabajador aplicado, hacendoso y sacrificado termina siempre por conseguir aquello que persigue.



La recreación del cuento que grabó el tailandés Itchayada Klorvutisatian en el Pet Variety Event de Hong Kong se viralizó hace ya un año, pero es común encontrársela circulando de nuevo por las redes. Cada vez que esto ocurre, su vídeo nos permite repensar el mensaje de la fábula bajo una luz nueva.

De entrada, el escenario es radicalmente distinto. El bosque ha sido substituido por un estadio, y el trazado de la carrera por una suerte de pista de atletismo con toda la parafernalia de la competición profesional. El estado de naturaleza se ha convertido en una instalación técnica pensada para escenificar las diferencias existentes entre las capacidades motrices de ambos animales.

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Además, la actitud de los protagonistas también es distinta. En la liebre no hay rastro de orgullo o vanidad, no hay demostración de fuerza posible. Por el contrario, el vídeo revela la fragilidad del saberse fuera de lugar, de encontrarse descolocado y asustado: si empieza a correr es porque no sabe qué hacer, y si se para es porque no tiene ni idea de hacia donde dirigirse. La tortuga, en cambio, avanza obstinada, imperturbable, ajena al espectáculo grotesco del que participa. No le importa que su camino esté marcado, simplemente persigue su objetivo.

Si la tortuga de Esopo era un arquetipo universal del emprendedor perseverante que desafía las limitaciones aparentes, del eterno madrugador, diligente y resuelto, en el contexto de una cultura hipercompetitiva como el que escenifica el vídeo, el reptil se revela como una bestia adocenada y servil, incapaz de pararse a reflexionar en el tipo de sistema en el que está participando.

La carrera ya no puede ser interpretada desde la cultura del esfuerzo. El gesto de la liebre se convierte en un acto transgresor y político: detenerse, levantar la mirada perpleja, desobedecer las ordenes de quienes la animan a seguir corriendo. Su incomodidad ante la pulsión competitiva anula el efecto de la fábula.

Aunque no fuera el objetivo del cuento de Esopo, el esfuerzo de la tortuga ha pasado a engordar el imaginario de quienes no cuestionan las adversidades e injusticias, defendiendo que estas han de superarse con más trabajo, con más sacrificio, con más horas.

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Por ello, tras dibujar una sonrisa con el vídeo, quizá sea bueno pensar en la angustia de la liebre, y cuestionarnos el escenario en el que se nos pide que corramos, que trabajemos, que nos superemos a nosotros mismos. Aprovechar también para reflexionar sobre las condiciones sociales y los mecanismos culturales que señalan unas capacidades como más válidas y valiosas que otras, reflejando así el hecho que las capacidades no son atributos exclusivos de los sujetos, sino relaciones con el entorno.

No se trata de que los "menos capaces" trabajen más, ni que se esfuercen el triple para llegar a rendir como los que sí son capaces. La incapacidad no es una falta del diferente. Por ello, es hora de empezar a cuestionar el marco ideológico que define, como sociedad, qué capacidades premiamos y qué capacidades no.

Utilizar este viral para hablar de nuestra cultura laboral hipercompetitiva, y de la necesidad de replantear la visión de las capacidades, quizá sería llevar muy lejos el espanto y la desorientación de la liebre si no fuera porque este espanto y esta desorientación se parecen demasiado a los que muchos sentimos en la carrera que, inevitablemente, protagonizamos cada día.

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