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Kenneth Koch, el poeta que escribía para vencer al lado oscuro de la mente

Se publica en España 'Perros ladrando en la nieve', una antología divertida, fresca y emocionante del poeta estadounidense Kenneth Koch

Recientemente se estrenó la película Paterson, del director estadounidense Jim Jarmusch.

El filme estaba ambientado en una realidad en la que rutina y literatura se confundían: el protagonista vivía en un mundo, Paterson, creado por el poeta William Carlos Williams en uno de sus libros más famosos.

Además, el protagonista escribía varios poemas a lo largo de la película, que en su mayoría corresponden a textos del autor norteamericano Ron Padgett.

Pero ¿tienen algo en común W.C. Williams, Jarmusch y Padgett?

Pues parece que sí: el primero fue una de las principales influencias del poeta Kenneth Koch, y los dos últimos fueron alumnos del mismo.

Y es que parece que últimamente la poesía norteamericana contemporánea está en boca de todos: no solo por películas como Paterson, sino también por el gran número de ediciones y reediciones que pueblan las librerías (la obra completa de William Carlos Williams, las nuevas traducciones de Eliot, el interés que están despertando poetas como Sharon Olds o Anne Carson, la reedición de Aullido y Kaddish de Ginsberg en Anagrama...).

Entre estas reivindicaciones de la literatura estadounidense contemporánea destaca precisamente la de Kenneth Koch, uno de los miembros fundamentales de la New York School junto a John Ashbery y Frank O'Hara.

 En España no conocíamos a Koch más que a través de algunos poemas traducidos en los blogs de Jordi Doce o Fruela Férnandez. Por ello, Perros ladrando en la nieve —una antología de su obra publicada por Kriller 71 y traducida por Sílvia Galup y Aníbal Cristobo— cobra especial importancia.

Mientras que O'Hara y Ashbery han visto más ediciones de sus obras en castellano, Kenneth Koch no ha corrido tanta suerte, tal vez porque muchos de sus mejores poemas son larguísimos, como apunta Jordi Doce en el prólogo a la edición.

No obstante, Koch es un poeta fundamental: sin sus poemas humorísticos, acelerados y profundamente divertidos sería muy complicado entender la escuela poética de Nueva York y, por consiguiente, todo el desarrollo de la literatura estadounidense en el último medio siglo.

Koch nació en Cincinnati en 1925 y, aunque descubrió muy pronto la poesía a través de los románticos ingleses, fue la lectura de W.C. Williams y su poética de lo cotidiano lo que lo hizo darse cuenta de que podía escribir sobre los suburbs de Cincinnati al igual que Williams había encontrado poesía "en el mundo suburbial de Nueva Jersey".

De hecho, uno de los poemas más conocidos de Kenneth Koch es una variación paródica sobre un texto de Williams, "This is just to say" —sí, el que recita el protagonista de Paterson— que Koch lleva hasta el extremo transformándolo en algo ridículo a la vez que extrañamente hermoso:

Nos reímos juntos de las malvas

y luego las rocié con lejía.

Perdóname. La verdad es que no sé lo que hago.

Cuando conoció años más tarde a Frank O'Hara y John Ashbery, formó junto a ellos lo que se conocería como Escuela de Nueva York (a la que posteriormente se incorporaría James Schuyler) y uno de sus rasgos más característicos fue la oposición a la "poesía académica", muy simbólica y casi críptica, que descendía por línea directa de T.S. Eliot.

De alguna manera, Koch y sus compañeros de aventuras se pusieron del lado de W.C. Williams en cuanto a presentar una alternativa al europeísmo decandentista de Eliot, y en eso coincidieron con la otra corriente que determinaría la poesía norteamericana de la segunda mitad del XX: la de los beats.

Los beats se hicieron fuertes en la Costa Oeste, mientras Koch, O'Hara y compañía lo hicieron en la Costa Este. Aunque compartían algunos rasgos (lo urbano, la tendencia al caos, la filiación con Williams) también hubo muchas cosas que los separaron: además de la vinculación de la Escuela de Nueva York con la pintura abstracta y con el surrealismo francés, hay algo que aparece constantemente en los escritos de Allen Ginsberg o Lawrence Ferlinghetti que casi no tiene peso en la de Ashbery o Koch: la angustia.

Concretamente, en el caso de Kenneth Koch esta fue una de sus grandes batallas. Según repetía una y otra en sus entrevistas, no hace falta estar deprimido para escribir poesía.

Esta reivindicación de la alegría de vivir se ve en muchos de sus poemas: por ejemplo, su largo texto "Los placeres de la paz" —escrito poco después de las movilizaciones estudiantes contra la Guerra de Vietnam, en las que él participó— describe los beneficios de la paz en lugar de retratar el terror bélico, pues como dice uno de sus versos, "a mis contemporáneos les dejo los horrores de la guerra".

Koch siempre halla en la poesía la manera de vencer al lado oscuro de la mente, ya sea a través del humor surrealizante de su primer libro, como en el emocionante poema de amor "A ti", o por medio del lenguaje aparentemente sencillo que desarrollaría en libros posteriores:

Esos fueron los días

En que había tanta energía a mi alrededor y dentro de mí

Podía quitármela y volver a ponérmela, como ropas

Que uno ha comprado solo para un viaje a esquiar

Pero que acaba usando todos los días

Porque todos los días son como un viaje a esquiar -

Me parece que así era yo a los veintitrés.

Otros poemas de Koch funcionan de hecho como artefactos de cuya construcción se desprende joi de vivre, según dijo el propio Koch respecto de "The Railway Stationery": "Estaba deprimido cuando escribí ese poema, pero me hizo muy feliz escribirlo".

Quizás sea precisamente esta vindicación del poeta de Cincinnati, unida a su larga experiencia como profesor de escritura creativa en la Universidad de Columbia, la que hizo de él un gran maestro de poesía para niños.

Kenneth Koch creía que "los niños tienen un talento natural para escribir poesía" y sus libros educativos, como Rose, where did you get that red? ('Rosa, ¿dónde conseguiste ese rojo?') o Wishes, Lies and Dreams ('Deseos, mentiras y sueños) son aún usados en las escuelas a día de hoy.

Por la dicción extraña, divertida y valiente de Koch, por su obsesión con eliminar del mundo de la poesía (en palabras de Jordi Doce) la "pedantería académica y la tontería solemne", por su amplitud de miras a la hora de entender la literatura contemporánea, solo parece quedar una pregunta tras leer Perros ladrando en la nieve: ¿Cómo hemos estado tanto tiempo sin Kenneth Koch?

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