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Kafka nunca sufrió acné y otras enseñanzas literarias de Peter Handke

5 fragmentos que nos muestran un Peter Handke cotilla, irascible y consciente del poder de la escritura

Hay ocasiones en las que la crítica literaria ayuda a petrificar la imagen de un escritor. Basta con que nos diga que para él la literatura es una cuestión de importancia vital para que automáticamente lo veamos como un muermo, el típico pesado que se toma demasiado en serio: “oh, sí, la literatura se me reveló como medio de conocimiento cuando con 14 años releí el Ulysses de Joyce”.

Algo así ha pasado con Peter Handke. Quizá porque sus grandes temas –la soledad y la incomunicación del hombre– facilitan la mistificación de su figura de austríaco torturado, criado en un internado y educado en la literatura de Faulkner, tendemos a pensar en él como un autor de pensamiento grave y prosa densa, un intelectual alejado del mundo que solo baja a la tierra para traernos visiones sobrecogedoras de la esencia íntima de la humanidad.

Sin embargo, como se demuestra en Contra el sueño profundo (Nórdica), una antología de artículos y ensayos que retrata su trayectoria como crítico cultural, Handke es a la vez un lector preciso y un lector cotilla, un lector irascible y un lector-escritor. Handke no lee desde una atalaya: es alguien que se preocupa del rostro de Kafka, de la posibilidad que su recta belleza se viera empañada por el acné, y termina por hacer de ello una reflexión sobre la representación de la vergüenza en su obra.

Os dejamos algunos fragmentos que muestran esta perspectiva caleidoscópica de Handke como pensador, crítico y articulista:

I.

“Espero de una obra literaria una novedad para mí, algo que, aunque sólo escasamente, produzca un cambio en mí; algo que me vuelva consciente de una todavía no pensada, todavía no consciente posibilidad de la realidad; una nueva posibilidad de mirar, de hablar, de pensar, de existir. […] Espero de la literatura que rompa todos los aparentemente definitivos conceptos del mundo”

II.

“¿Qué es un escritor? Uno que formula para otros los deseos ignorados y reprimidos o las preocupaciones de su época”

III.

“Hubo un tiempo en el que releía los diarios de Kafka, sus cartas y también lo que sus amigos en alguna ocasión habían escrito de él, con el único fin de averiguar si había tenido granos. Las descripciones de sus amigos, el tono de la escritrua de sus cartas, mostraban, sin embargo, el rostro indemne de una persona volcada por entero en la observación. Max Brod escribía que Kafka había sido hermoso, una figura esbelta con un rostro moreno. Yo, sin embargo, siempre me imagino que Kafka tenía acné de adolescente, protuberancias dolorosas y supurantes en la cara y en el cuello, de modo que le costaba afeitarse. Forúnculos, miedo al contracto”

IV.

“Un lector desaprensivo o prejuicioso nunca es un lector”

V.

“Me importa el método. No tengo temas concretos sobre los que quiera escribir, sólo tengo un tema: […] llegar a ser más atento y volver más atento a los demás: volverlos más sensibles, receptivos, exactos y llegar a serlo para que yo y también otros podamos existir de forma más exacta y sensible, para que pueda comunicarme mejor con los demás y tratarlos mejor”

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