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“Prefiero tu culo, querida, a tus tetas, porque hace cosas más sucias”

Así fueron las cartas de James Joyce a Nora Barnacle: un ejemplo maravilloso de erotismo, literatura y humor

Mi dulce putita, pequeña pícara depravada, mi putita folladora, mi dulce y sucia pajarita folladora. Estas construcciones podrían formar parte de Cincuenta Sombras de Grey y aquí no se sorprendería nadie. Pero no. Son las expresiones cariñosas a través de las cuáles James Joyce iniciaba o concluía las cartas a quien años más tarde sería su esposa, Nora Barnacle.

Literatura erótica de principios de siglo XX en vena. Entre 1904, la fecha en que se conocieron, y 1909, Nora y Joyce se estuvieron carteando con la fogosidad de dos adolescentes que empiezan a conocer los placeres del sexo.

Lo cierto es que parece que el autor de Dublineses se manejaba mejor en otros registros. Joyce se desnuda emocionalmente haciendo uso de frases que producen en el lector a ratos vergüenza ajena —por el tono flanderiano que ridiculiza un mensaje tan sexual—,  a ratos incredulidad y siempre risa.

Nora, quien fuera definida como “el alma más hermosa y sencilla del mundo”, recibió mensajes tales como: “He hecho como me lo pediste, muchachita sucia, y me hice dos pajas mientras leía tu carta” o “Prefiero tu culo, querida, a tus tetitas. Porque hace cosas más sucias”.

Porque, según se puede leer, Joyce anda justo en lo que a sutileza se refiere: "Estoy tan fuera de forma que tendrás que lamerme durante una hora antes de que pueda tener un cuerno lo suficientemente firme para metértelo“

Erotismo desbordado y cariño. Escatología y pasión.

Lo ideal a la hora de trazar una perspectiva más amplia en esta evaluación sería conocer el contenido de las correspondencias por ambas partes. Usamos el condicional porque las cartas escritas por Nora se han perdido como lágrimas en la lluvia.

Y es una pena. Es una pena si son ciertas las palabras de Brenda Maddox, autora de una biografía sobre Nora,  ya que dijo sobre ella –en base a otras misivas- que: “Las cartas de Nora son muy buenas. Me sorprendió como una buena reportera. Y en muchos aspectos son mejores que las de él”.

64 es el número de cartas que Joyce escribió a Nora y 64 es el número de documentos que el nieto de Joyce, albacea de su obra, se preocupó por mantener sin publicar (las conservaba la Cornell University en EE. UU. y el Museo Británico). En cierto modo, es lógico. Tiene que ser traumático saber que tu abuelo le ha dicho a tu abuela: “¡Querría ser azotado por ti, Nora, amor!”.

Nora, como aseguran algunos exégetas de Joyce, fue para el escritor irlandés fuente de inspiración en la creación de todos los personajes femeninos de su obra. Y, a pesar de que ha sido tildada de analfabeta y sus facetas domésticas —en serio— han sido criticadas por algún que otro estudioso de Joyce, Nora fue trascendental, ya no sólo para su día a día, sino también para su obra.

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