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En Japón también hay violadores feos, zorras racistas y calles llenas de basura

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La descarnada obra de Shun Umezawa, autor de 'Bajo un cielo como unos pantis', muestra los horrores de Japón que nadie más quiere ver

Luna Miguel

31 Mayo 2017 09:10

De las pocas reseñas que por el momento han aparecido entre en medios españoles de Bajo un cielo como unos pantis (ECC), de Shun Umezawa, casi todas resaltan el atrevimiento de su editorial por traducirlo y publicarlo en España sin haber pasado antes por otros países europeos o Estados Unidos.



A primera vista, Umezawa es un completo desconocido. Un mangaka más o menos joven y más o menos polémico que además llega a nuestras librerías no con una serie atractiva sino con un conjunto de relatos demoledores.

Me atrevería a decir que más allá del riesgo que ha corrido ECC al presentarnos una novedad sin ningún tipo de aval en Europa, el verdadero valor que sus editores han mostrado es el hecho de elegir una obra tan complicada, con unas imágenes y unas metáforas tan brutas y con una representación de la sociedad japonesa tan poco idílica.

De acuerdo que la maldad y, en general, “lo asqueroso” de la humanidad ha sido retratado en el manga en múltiples ocasiones y formatos, sin embargo, resulta curioso encontrar relatos tan realistas, tan fieles a la verdad y tan empeñados en mostrar una cara de la sociedad japonesa difícil de encontrar en otros autores contemporáneos.

En Bajo un cielo como unos pantis no cabe la fantasía. Aquí, si sus personajes son feos no es porque sean monstruos. Si sus personajes son malos no es porque estén poseídos. Si sus personajes sufren no es por algún tormento adolescente sino porque el país nipón es muchas veces profundamente machista, profundamente clasista, profundamente racista, y eso es lo que Umezawa se ocupa de airear.

Manifestaciones violentas contra coreanos; mujeres que intiman con viejos asquerosos para sacarles los cuartos; estudiantes malísimos que quieren suicidarse o estudiantes malísimos que quieren hacer la vida imposible a sus compañeros o estudiantes malísimos que son transexuales todavía en el armario; jóvenes que sólo piensan en pajearse; chonis —sí, en Japón también hay— que si tienen que violar a una mujer la violan, o al menos lo intentan, aunque no tengan ni idea de por qué lo están haciendo.

Y entre todas esas calles llenas de basura. Y entre toda la escoria de un país que en apariencia es pulcro y tolerante, los destellos de poesía de Shun Umezawa terminan por apaciguar al lector, dándole un rayito de esperanza y otro de tierna locura.

Bajo un cielo como unos pantis es sólo la primera entrega de una serie de dos volúmenes que ECC se ha lanzado a publicar junto a otros dos libros de este mangaka al que en alguna ocasión han comparado con Inio Asano pero mucho más bestia.

Personalmente, y por buscar un símil occidental, la prosa de Umezawa me recuerda a un cruce extraño entre Charles Bukowski y sus escenas de adolescencia descarnada, y la concepción de una masculinidad ridícula de David Foster Wallace en Entrevistas breves con hombres repulsivos.

Como ocurre con esta icónica obra de Wallace, uno de los gestos más admirables de Bajo un cielo como unos pantis es el de haber puesto en jaque a la hombría, cuestionando lo que entendemos por masculino y heroico, y entregándonos a un puñado de humanos demasiado terroríficos cuyas taras, sin embargo, nos recordarán mucho a las nuestras.

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