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Irene Harand, la heroína que desmontó todas las mentiras de Hitler en 1935

Esta escritora austríaca publicó 'Su lucha', una respuesta al 'Mein Kampf' que cuestionaba todas sus premisas racistas

Si nos obligaran a escoger el libro más insidioso de la historia, el más peligroso nunca publicado, casi seguro que todos coincidiríamos en señalar una misma obra: Mi lucha, de Adolf Hitler.

Escrito en 1925, mientras el futuro dictador se encontraba preso en una cárcel bávara, en Landsberg, pasó a considerarse el manifiesto fundamental del nacionalsocialismo. En él confluían las tesis antisemitas cada vez más populares en Europa y América —recordemos que cuatro años antes Henry Ford había publicado El judío internacional— y se asentaban las bases del supremacismo ario que vertebraría el imaginario nazi.

El ideario político expresado en Mi lucha se extendió como un virus por Europa. El ecosistema ideológico de principios de siglo, tras la tragedia que supuso la Gran Guerra, era ideal para que proliferaran este tipo de ideas populistas, que permitían polarizar en la figura del judío el odio y la rabia que muchos sentían. Tirando de conspiranoia, y aprovechando el racismo latente, el judío se convirtió en el gran chivo expiatorio, la figura a la que se podía culpar de todos los problemas.

Mi lucha estuvo 70 años prohibido en Alemania hasta que, en 2016, se reeditó en forma de edición crítica. Se trataba de un trabajo de memoria histórica: impedir que el miedo y el asco que nos genera el libro de Hitler acabe por hacernos olvidar las ideas que permitieron asentar el pensamiento nazi.

La publicación, como era de esperar, generó una gran polémica. Se temía que la disponibilidad de este manual antisemita en las librerías facilitara el acceso de grupos neonazis al texto y que, a pesar de la edición crítica, volviera a convertirse en una enfermedad contagiosa que se extendiera sin límites. Las alarmas saltaron cuando, tras llevar un año en librerías, se confirmó que había vendido más de 85.000 ejemplares.

El susto era comprensible: en nuestro imaginario, Mi lucha es un libro que se extendió como una epidemia, y tememos que vuelva a ocurrir semejante tragedia.

Sin embargo, nos equivocaremos si pensamos que el libro nunca encontró resistencia. 

En 1935, la activista y política austríaca Irene Harand publicó un libro llamado Sein Kampf ('Su lucha'), que era una respuesta directa y abierta al Mein Kampf ('Mi lucha'). Conocida por su defensa de los derechos humanos, Harand fue una devota católica que empezó trabajando en la Asociación de Pequeños Ahorradores y Pensionistas de Austria, junto al abogado Moriz Salman, con quien fundaría el Partido Popular Austríaco.

En Su lucha, Harand desmonta sistemáticamente los "argumentos" que Hitler expuso en su manifiesto. En otras palabras, se dedica a demostrar que la jerga biológica y moral que Hitler utilizaba para dotar de autoridad sus insultos y descalificaciones hacia los judíos -"gregarios", "sin espíritu de conservación", "sucios", "porquería", "cobardes"- eran simplemente las oscuras fantasías políticas de un personaje altamente peligroso: denunció las falsedades, las falacias y los mitos que articulaban el manifiesto nazi.

Su "respuesta a Hitler" —tal era el subtítulo del libro de Harand— fue contundente. Con un lenguaje simple, claro y trufado de ejemplos, deconstruía estereotipos y mentiras. Ni los judíos se habían infiltrado en las sociedades, ni era verdad que los judíos se encontraran desprovistos de cultura propia y tradición intelectual. "Estos comentarios de Hitler sobre cobardía, falta de idealismo y autosacrificio en los judíos están totalmente faltados de verdad", concluía Harand en el capítulo ocho.

Cargaba también las tintas contra el mito antisemita contenido en Los protocolos de los sabios de Sión, que no solamente denunciaba como inauténtico, sino que además tildaba de "fantasía criminal".

Pero a pesar del desgaste que supuso para ella el enfrentamiento político con el movimiento nazi, todavía en ciernes, su campaña contra la ideología antisemita terminó por salvarle la vida. Cuando se produjo el Anschluss —la anexión de Austria a la nación alemana en 1938— ella se encontraba en Londres, dado que estaba dando un ciclo de conferencias por toda Europa.

Se tuvo que exiliar a la fuerza, pues pusieron precio a su cabeza: 100.000 marcos alemanes. Fue entonces cuando decidió abandonar el viejo continente para refugiarse en Estados Unidos, desde donde siguió trabajando para conseguir visados para que más de un centenar de judíos austríacos pudieran escapar del país antes de que estallara la guerra.

Aunque en 1968 recibió el Yad Va'Shem —título de 'justa entre las naciones'—, el legado de Harand nunca ha sido debidamente reconocido, ni su libro ocupa el lugar que merece por el tiempo y el descaro con el que combatió la hegemonía nazi. La traducción inglesa del libro, aparecida dos años después de su publicación, en 1937, ahora solo puede encontrarse bajo el título Las mentiras de Hitler, en una edición de la editorial americana Jaico.

Irene Harand murió en Nueva York, el año 1975. Pero más allá de los reconocimientos oficiales que puedan ir llegando —homenajes, centenarios, y memoriales—, la mejor forma de reivindicar su revuelta sería dimensionar con justicia la importancia de un libro que combatió y rebatió las ideas de Mi lucha en un momento histórico delicadísimo.

Porque Su lucha fue un enfrentamiento dialéctico a pecho descubierto con Hitler, un intento lúcido y desesperado de retener el antisemitismo que terminaría por asolar nuestro mundo.

(Vía Haaretz)

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