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Unas declaraciones transfóbicas del dibujante Berliac le han valido el odio de medio internet

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... y la no publicación de una de sus obras en Estados Unidos

víctor parkas

08 Junio 2017 06:00

Quiero tener los pechos de Sarah Horrocks y pasar el día mirándome en el espejo

“No tienes autorización para acceder a esta página”. El mensaje, con el que nos topamos al hacer click aquí, sustituye al post en el que, hace apenas una semana, la editorial Drawn & Quarterly anunciaba la publicación, prevista para enero de 2018, de Sadbøi, cómic del dibujante argentino Berliac. Aunque la publicación de la web haya sido eliminada, el tuit en el que la editorial se hacía eco de su nueva adquisición, sigue perfectamente visible.

Porque no: todo esto no había sido un sueño; aunque, ciertamente, parece haberse convertido en una pesadilla dentro de la industria del cómic. Pocos días después de que anunciase la próxima publicación de Sadbøi, D&Q compartían un comunicado titulado Una disculpa, en el aseguraban haber recibido, en las últimas 48 horas, “tuits y e-mails que nos advertían del error que supondría publicar este libro”; a consecuencia de ello, “D&Q ha decidido no publicar Sadbøi”.

El comunicado, hecho a toda prisa, rayaba lo bochornoso, con la editorial de cómics admitiendo “no estar familiarizada” con el trabajo de Berliac al adquirir Sadbøi. Señalaban, asimismo, el verdadero origen de toda esta polémica, “un ensayo previo del autor, en el que comparaba la apropiación cultural con la comunidad transgénero y la consecuente discusión pública que éste generó en 2015”.

Dicho ensayo, así como la “discusión pública” a la que hace mención D&Q, pueden consultarte en este par de capturas que compartió la dibujante trans Sarah Horrocks.

“Cuando vi Gay-Jin”, me dice Sarah, sobre el controvertido ensayo de Berliac, “fue como: ¿pero qué es esta mierda? Hice lo que siempre hago cuando veo algo jodido: escribir un comentario”. Horrocks, mediante una respuesta que puede recuperarse accediendo a este Tumblr, señalaba el carácter transfobo que ella localizaba en la pieza de Berliac. “En ese momento, no tenía ni idea de cómo era Berliac”, reconoce la dibujante; “no sabía si estaba siendo abiertamente transfobo o si simplemente estaba confundido. Así, traté de abordar mi respuesta desde esa perspectiva: sin asumir que él estaba siendo deliberadamente malicioso con el ensayo”.

Aunque el tono de Horrocks era conciliador, Berliac, como puede verse en la captura de arriba, contestó de forma grosera y burlona —y sí, también transfoba— a la crítica que le acababa de hacer la dibujante; quizás, el punto más desagradable llegó cuando escribió que le gustaría tener los pechos de Horrocks. “¿Que si me lo tomé como ataque personal? Pues claro. Me soltó una mierda realmente enfermiza. Creo que a cualquier le habría molestado que le hablasen así. Quien diga lo contrario, o está mintiendo o necesita ejercitar su capacidad empática”.

El desencuentro entre Horrocks y Berliac, pese a haber tenido lugar hace dos años, fue avivado el mismo día en que D&Q anunciaban la publicación de Sadbøi, adquiriendo una visibilidad masiva en la industria. De forma visceral, el mundo del cómic quedó dividido: en un bando, los que apoyaban la visión de Sarah; en el otro, los que decían que ésta coartaba la libertad de expresión que Berliac, como artista, podía utilizar a su antojo.

“D&Q entraron en pánico”, considera el crítico de cómics Álvaro Pons, “y, como ha hecho todo el mundo estos días al tratar este tema, ha actuado de forma irreflexiva”. Pons considera la decisión editorial de no publicar Sadbøi “impresentable”; más todavía, teniendo en cuenta que “D&Q ha publicado obras de autores tan polémicos como Joe Matt y Chester Brown”. Aunque en este caso, el contenido de Sadbøi no ha sido lo que ha condicionado la decisión de cancelar su publicación, lo que señala Pons resulta, cuanto menos, interesante: autores como Matt o Brown, en sus obras de autoficción —es decir: en páginas donde cifran su vida— son capaces de relatar, respectivamente, cómo pegan puñetazos a sus novias o las bondades de la prostitución.

“No intento justificar a Berliac: la manera en la que respondió a Sarah fue estúpida, de mal gusto y, en ese contexto, también transfoba, sí; pero no es normal que si tú generas pasta a una editorial puedas decir lo que te salga de los huevos y, en cambio, si eres un pobre desgraciado que publica por primera vez en Estados Unidos te pase esto. ¿Si Chester Brown hubiera dicho algo así habría pasado lo mismo? Creo que, para D&Q, al tratarse de Berliac, le fue fácil tomar la decisión que tomó”, reflexiona el crítico.

De toda la polémica, señala Álvaro, lo más sorprendente es cómo la gente se posicionó sin tan siquiera saber cuál era el origen de la misma. En un primer momento, los partidarios de Berliac señalaban que el conflicto se había iniciado al ser acusado éste de apropiación cultural. “Todos los que defendían a Berliac hablaban de apropiación, como si yo le hubiese afeado en algún momento que utilizase ese estilo de dibujo”, añade Sarah, “cuando de lo que hablamos aquí es de algo con lo que no se sienten tan cómodos a la hora de opinar: el odio hacia la comunidad trans”.

Berliac, que al iniciarse todo esa polémica se mostró a la defensiva, terminó pidiendo a sus lectores que “no utilizasen un discurso violento contra D&Q, independientemente de sus decisiones editoriales”. Poco después, publicaba un comunicado en el que reconocía la transfobia de Gay-Jin, de sus comentarios, se disculpaba con Sarah, y decía estar luchando por deshacerse de unas actitudes que achacaba a su “educación latinoamericana”.

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Publicado por Berliac Yungqin en sábado, 3 de junio de 2017

“Berliac me envió un e-mail donde decía algo similar a lo que publicó en su Facebook”, corrobora Sarah. “La escusas que da son pobres, pero creo que ha habido un progreso entre donde estaba en 2015 y donde está ahora. En cualquier caso, creo que sigue sin entender todo lo conflictivo de su ensayo, que es lo que ha originado todo esto”.

“No sé si sus disculpas son o no sinceras”, continúa. “Habría sido más fácil aceptarlas en cualquier otro momento de los dos últimos años. Ahora mismo, es muy difícil discernir si realmente es alguien que sabe que se ha equivocado o si, al decirle todo el mundo que lo estaba y recibir una reprimenda por ello, simplemente finge estar arrepentido”, considera Sarah. “Espero que, en cualquier caso y a la larga, Berliac acabe sacando algo positivo de todo esto”.

Sobre la decisión de D&Q, Horrocks dice estar de acuerdo con la cancelación por la que ha apostado la editorial. “Me pareció extraño que una editorial tan aburrida como D&Q, que nunca toman ningún riesgo, de repente no solo lo quisieran tomarlo, sino que quisieran tomarlo con alguien como Berliac”, añade, “pues, tal y como yo lo veo, estamos hablando de un completo gilipollas”.

“Lo que sí me molestó”, matiza, “fue cómo lo comunicaron todo, y que él se tuviera que enterar por un tuit de que habían decidido no publicarle el cómic”.

En medio del fuego cruzado, algunos dibujantes, como el español Puño, intentaban abogar por la resolución del conflicto. “En un mundo global en el que aún estamos sincronizando las diferentes moralidades de cada grupo cultural”, me dice vía mail, “es normal que ocurran este tipo de desencuentros; sería constructivo enfrentarnos a ellos desde la comprensión, y no desde el odio”.

También desde España, la editorial Sapristi, que había anunciado la publicación de Sadbøi para finales de este año, emitían un comunicado en el que, de forma contraria a D&Q, decidían seguir adelante con sus planes de publicar el cómic. “Insistimos en que Berliac no es homófobo ni transfóbico ni racista, aunque a muchos les parezca difícil comprenderlo”, sostienen desde Sapristi.

Berliac, con el que tuve la ocasión de hablar por mail, me dijo que prefería dejar que se acomode todo un poco antes de dar entrevistas. Del mismo modo, el dibujante decía tener que reflexionar sobre los significados e implicaciones de lo que pasó antes de ponerse analizar la polémica en la que se ha visto inmerso.

En espera de poder hablar con Berliac para tener su visión de todo lo ocurrido, parece sensato terminar este artículo tal y como terminó Puño el mail que me mandó: “Ojalá todos hayamos aprendido algo; ojalá Sarah Horrocks haya encontrado paz; ojalá Berliac pueda publicar su cómic en el futuro”.

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