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David Rubín no quiere violencia “guay”, quiere violencia que moleste

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Hablamos con el dibujante de cómic David Rubín sobre su nueva (y polémica) obra

Juan Carlos Saloz

02 Diciembre 2016 17:39

David Rubín acaba de publicar, junto al guionista Marcos Prior, Gran Hotel Abismo. Lo llevan preparando desde hace más de cuatro años. Pero, el día de su publicación, su promoción se truncó.

La cuenta de Facebook del dibujante –el medio que más utiliza para dar a conocer sus propias obras– fue bloqueada tres días por la red social. Rubín había subido una imagen sobre Kann, un cómic de Víctor Puchalski en el que el protagonista aparece con el pene al descubierto. Sin embargo, este solo fue el principio de la nueva polémica de Facebook contra el mundo del arte.

“El mismo día que Facebook levantó el veto, me apareció una denuncia de suplantación de identidad y me bloquearon la cuenta por completo. Fue un rollo súper loco. Tuve que mandar mi DNI para demostrar que era yo. Tardaron un día más. Y, cuando volvió a estar activa, me impidieron –esta vez sin un motivo específico– postear durante una semana”, explica Rubín.

El dibujante no sabe si hay una mano negra detrás, pero teniendo en cuenta la temática que trata, podría haber muchos candidatos.

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Un cómic que podría ser un capítulo de 'Black Mirror'.

Gran Hotel Abismo arrasa con el sistema que nos ha llevado a la crisis. Y, aunque llevemos así desde 2008, nace en el momento exacto. No habla de los problemas que nos han hecho estar en una situación económica y social deplorable, sino de una población que lleva años harta de que se rían de ellos.

“Creo que le hemos dado el tono necesario. Queríamos que tuviera un enfoque universal. No queríamos que se centrara en la situación española, ya que consideramos que temas como los recortes, la pobreza, el venirse debajo de la clase media… no solo ocurren en España, sino en todo el mundo. Coño, solo hay que echar un vistazo a la victoria de Trump”, relata el autor.

Esta distopía ambientada en un futuro cercano podría ser, perfectamente, un capítulo de Black Mirror. En el cómic, el protagonista decide que es hora de pasar a la acción. Y, por fin, prende la mecha que acaba quemando todo el sistema.


"Para nosotros, Gran Hotel Abismo es como si Frank Miller hubiera hecho V de Vendetta".

Como en V de Vendetta, se genera un símbolo de revolución a través de un héroe –AKA ciudadano normal– harto de que le toreen.

“Marcos y yo bromeábamos mucho sobre el tema. Para nosotros, Gran Hotel Abismo es como si Frank Miller hubiera hecho V de Vendetta. Así como V de Vendetta es un claro reflejo del Thatcherismo que azotó al Reino Unido, Gran Hotel Abismo es fruto y consecuencia de lo que vivimos tanto en España como a nivel mundial”, describe.

Para Rubín, su novela gráfica tiene más vigencia que nunca:

“Hay que dar la voz de alarma. La crisis no ha acabado para nada. Eso son solo frases promocionales de un gobierno corrupto. La semana pasada murió una anciana en Reus por culpa de ser pobre . Una señora que llevaba toda la vida currando. También, hace unos días un padre de familia se ahorcó en la calle por no poder pagar el piso. Mientras sigan pasando cosas así, es necesario hacer este tipo de obras”.


"Se están riendo día sí y día también en nuestra puta cara, así que ya va siendo hora de decirles ‘hasta aquí hemos llegado. Ya basta'".

Desde el principio, el cómic se vende como una alarma que pretende activar el chip revulsivo que todos tenemos dentro. Está escrito en su cubierta: “Pretendemos despertar al Tyler Durden que albergas bajo esa costra de normalidad autoimpuesta. Así que atiende, aprieta bien el culo y cambia el mundo, tú podrías ser la chispa que lo encienda todo”.

Para los autores, es hora de armar un revuelo que por fin acabe con todo:

“Cada vez nos dejan menos alternativas pacíficas. Cada vez la corrupción está más a la orden del día. La estupidez lo erige todo. Que haya gente que provoque que Rajoy o Trump ganen elecciones, que los legitime, explica lo que han hecho con nosotros”.

El objetivo, por tanto, es generar preguntas en los lectores. “No vale quejarse de lo malo que es el PP en Twitter y luego tumbarse a ver Netflix. Estamos dejando todo en manos de terceros para que nos solucionen la papeleta, pero lo que hay es demasiado gordo para que se solucione tan fácilmente. Igual no queda otra que resetearlo todo y volver a empezar.”, se plantea Rubín.


"Estamos en un punto en el que todo se vuelve ridículo, desde el ocio hasta la política. Todo es pueril, ridículo y estúpido".

La post-truth y el papel de los medios actuales también es una parte relevante de su crítica. “Ves un telediario hoy en día y parece que estés viendo tráilers de blockbusters”, comenta. “Cualquier tipo de noticia se convierte en un espectáculo, por terrorífica que sea. Ponen los filtros necesarios para que puedas seguir comiendo tu plato de lentejas mientras te muestran a un niño descuartizado”.

Por ello, en Gran Hotel Abismo aparece una violencia espectacular. Pero una violencia “que te hace sentir incómodo, con la que no piensas ‘qué guay’”. De hecho, aunque nazcan de la misma tradición, Rubín sabe que las historias de superhéroes son una clara consecuencia de esta banalización de la violencia.

“En el fondo, la mayoría de pelis de superhéroes tienen un sustrato planfetario de justificar actuaciones por encima de la política. Lo importante son los 4 héroes que salen en la foto, con la gente que muere no pasa nada. Estamos en un punto en el que todo se vuelve ridículo, desde el ocio hasta la política. Todo es pueril, ridículo y estúpido. Hay que dar un giro de 180º e irse para otro lado”, argumenta.


"He sido así toda mi puta vida. He hecho las cosas siempre como las pienso. Si eso es ser polémico, bienvenido sea".

Escuchando y leyendo a David Rubín, uno se da cuenta de por qué se ha ganado la fama de autor polémico ( bueno, las palabras que dedicó a los haters de Miller también tuvieron bastante que ver). Pero, para él, todo esto no es más que paja:

“En el fondo, todo es fruto de esta tontería, de la banalización continua que lo invade todo. Estamos con el rollo de lo políticamente correcto, en el que si uno dice lo que piensa, aun argumentándolo como es mi caso, ya te tachan de polémico. En cambio, si dices las cosas a las espaldas, está incluso bien visto. Es algo elegante. Pues mira, no. Yo he sido así toda mi puta vida. He hecho las cosas siempre como las pienso. Si eso es ser polémico, bienvenido sea. A mí qué me importa”.

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